En esta noche santa, la Iglesia guarda silencio. La oscuridad inicial no es ausencia, es espera. Como diría San Agustín: "Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti."
Vigilia Pascual: La Victoria de la Luz
Y esta noche, ese descanso comienza a vislumbrarse en la llama humilde del cirio pascual, que rompe la noche sin violencia, pero con autoridad Divina
Y esta noche, ese descanso comienza a vislumbrarse en la llama humilde del cirio pascual, que rompe la noche sin violencia, pero con autoridad Divina.
San Juan Pablo II, testigo del dolor humano y de la esperanza invencible, nos dejó palabras que hoy resuenan con fuerza: "No tengan miedo. Abrid las puertas a Cristo. Porque el Resucitado no viene a invadir, sino a habitar. No viene a condenar, sino a redimir."
El sepulcro está vacío. El silencio de Dios se convierte en Palabra viva.
Cristo ha bajado hasta nuestras propias tumbas: las del desánimo, las de la injusticia, las del exilio interior y exterior, las de un mundo herido y desde allí ha hecho brotar la vida.
Esta es la noche donde nuestra historia se reescribe con tinta de eternidad.
¡Cristo ha resucitado!
NULL
