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OPINIÓN

De Colombia a Brasil: cómo la IA está transformando las elecciones latinoamericanas

La inteligencia artificial redefine las elecciones latinoamericanas, enfrentando riesgos como la desinformación y la discriminación algorítmica.

Por Latinoamérica21

Desde Colombia a Perú, Brasil, EEUU o España, las dinámicas políticas y electorales están siendo redefinidas por el impacto de la inteligencia artificial. Una diversidad de herramientas de IA es utilizada en todas las etapas del ciclo electoral y por todos los actores involucrados; no sólo en las comunicaciones y estrategias de campaña, sino en la forma en que las personas se informan y participan de la política, cómo deciden por quién votar, cómo se relacionan con actores políticos y las instituciones del Estado. Un poco más rezagados, partidos, candidaturas y organismos del Estado buscan transformar sus propias prácticas y oferta de cara a la nueva realidad.

Hace apenas dos años, gran parte de la conversación global sobre inteligencia artificial y elecciones estuvo marcada por pronósticos catastrofistas. Se hablaba de una avalancha de uso malicioso de la IA para alterar resultados, manipular el debate público y volver irrelevantes a las instituciones del Estado responsables de organizar elecciones. Pero la experiencia global que dejó el superciclo electoral de 2024 y 2025, y las elecciones más recientes en 2026, nos obliga a tener una mirada un poco más matizada. Menos alarmista, pero inexorablemente, mucho más proactiva de cara al futuro.

Un informe del Fondo Alemán Marshall, coincidente con otras investigaciones, detectó campañas significativas con deepfakes en el 39% de las elecciones monitoreadas desde fines de 2023 en 30 países.

Las elecciones latinoamericanas del 2026 no han sido una excepción en esta tendencia. Por el contrario, han mostrado que las narrativas de fraude se han visto impulsadas por desinformación masiva que está siendo facilitada por la IA. Así, los riesgos no han desaparecido, siguen creciendo y mutando a medida que los vamos enfrentando.

Lo que hoy observamos no es una fotografía, sino una película en cámara rápida. Una creciente diversificación del uso de nuevas tecnologías. La inteligencia artificial está siendo utilizada por todos, pero también por actores maliciosos que buscan, subvertir deliberadamente la voluntad popular.

En este nuevo escenario, ya conocemos muchos de los nuevos riesgos: la discriminación algorítmica, la desinformación, los contenidos sintéticos, la vulneración de la privacidad de los datos, la inundación de financiamiento ilícito de la política, o la manipulación del debate público. La IA también está amplificando desigualdades estructurales preexistentes como la violencia política en contra de las mujeres.

Ante esta nueva realidad las instituciones democráticas no son meras espectadoras. Un estudio de IDEA Internacional, Inteligencia artificial y gestión electoral: Un mapa de América Latina y el Caribe, confirma que las instituciones electorales en América Latina están transitando desde una etapa de exploración hacia una de adopción de nuevas herramientas tecnológicas y de gobernanza digital. Instituciones electorales ya utilizan o evalúan aplicaciones basadas en IA para automatizar tareas administrativas, asistir la atención a la ciudadanía, apoyar la comunicación institucional, fortalecer la ciberseguridad y mejorar procesos de fiscalización del gasto electoral y otros internos de análisis y planificación. Sin embargo, el informe también advierte importantes brechas de capacidades, y en la mayoría de los países, ausencia de marcos regulatorios específicos y la necesidad de desarrollar principios de transparencia, supervisión humana, protección de datos y rendición de cuentas que permitan una incorporación responsable de estas tecnologías.

Por eso la pregunta ya no es si estos riesgos se materializarán o no. Las preguntas relevantes no son cuándo ocurrirán, sino con qué escala y velocidad evolucionarán sus usos, qué nuevos riesgos aparecerán y si nuestras instituciones tendrán capacidad para anticiparlos y responder.

No hacer nada, para adaptar y proteger las elecciones o simplemente esperar a que ocurra una crisis para actuar, no es una alternativa posible o responsable. Las elecciones son, ni más ni menos, el pilar que protege la reproducción y sobrevivencia de los regímenes democráticos.

Durante décadas pensamos que la confianza electoral dependía principalmente de la capacidad técnica de organizar elecciones transparentes y eficientes. Esa dimensión sigue siendo indispensable, pero hoy ya no es suficiente. La confianza en las elecciones depende también de la calidad del entorno informativo, y a la capacidad de responder a las narrativas cada vez más extendidas de “negacionismo electoral”.

No hay duda de que no conocemos todas las formas en que la IA puede impactar en las democracias. Pero si algo queda claro es que ninguna institución o país de manera aislada, puede por sí sola afrontar estos nuevos y cambiantes desafíos. Construir una gobernanza democrática de estas tecnologías exige un verdadero ecosistema democrático, donde instituciones públicas, empresas tecnológicas, academia, centros de investigación, sociedad civil y organismos internacionales compartan conocimiento, desarrollen estándares y asuman responsabilidades comunes. Se requiere, además, de una alianza transnacional para hacer frente al poder monopólico de las grandes empresas tecnológicas.

El futuro de la democracia está en juego y la historia de la IA no está predeterminada. Depende de la agencia humana. De ahí la necesidad de seguir trabajando con urgencia, de cara al futuro, en la protección de la integridad de las elecciones como pilar que sustenta y resguarda la sustentabilidad de nuestras democracias.

Por: Marcela Ríos Tobar/Latinoamérica21

Este texto está escrito en el marco del lanzamiento del informe “Inteligencia artificial y gestión electoral: Un mapa de América Latina y el Caribe ”, lanzado por IDEA Internacional.

Marcela Ríos Tobar es directora para América Latina y el Caribe del Instituto Internacional para la Democracia y Asistencia Electoral - IDEA Internacional. Es socióloga, magister en ciencias sociales y doctora en Ciencia Política. Ha sido ministra de Justicia y Derechos Humanos en Chile.

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