La comunidad internacional nunca había enfrentado tantos desafíos como los que enfrenta hoy en día. Nos encontramos en un momento en el que los estados autoritarios están cada vez más confiados en tomar ventaja de las debilidades de la comunidad internacional. Los estados autoritarios han desafiado abiertamente normas fundamentales que están consagradas en la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Además, han utilizado estas normas para esquivar la prohibición de las amenazas y del uso de la fuerza. Al mismo tiempo, la humanidad enfrenta desafíos cada vez mayores.
Un tema que continúa siendo central es la lucha por la democracia, la libertad y la autodeterminación. Como el mundo libre sabe muy bien, la libertad no es regalada. Hay que luchar por ella, no solo a nivel doméstico, sino también en las organizaciones multilaterales que permiten el diálogo, como la ONU. El Indo-Pacifico es de las regiones han sentido tanto la vulnerabilidad causada por la violación de normas, la amenaza constante y la coerción económica. China opera frecuentemente en estas áreas grises del derecho internacional para imponerse sobre las fronteras, la representación y las voces de sus vecinos.
Taiwán, un país en la primera línea de defensa en el Indo-Pacífico, ha sido silenciado injustamente mediante a una interpretación de la Resolución 2758 de la ONU. La Resolución 2758 no menciona a Taiwán ni subordina la posición taiwanesa a China. Sin embargo, esta resolución ha sido utilizada para excluir a Taiwán de organizaciones internacionales y también como justificación de acciones coercitivas contra Taiwán.
A pesar de su exclusión, Taiwán ha potenciado su conocimiento y liderazgo en varios sectores, demostrando que no solo es un socio confiable, sino también un socio competente. Adicionalmente, su crecimiento en sectores clave para el futuro, como los circuitos integrados, los semiconductores y la inteligencia artificial, significa que podrá continuar añadiendo valor a proyectos de desarrollo médico, digital, agrícola, robótico y más.
Taiwán ha demostrado que está dispuesto a utilizar estas herramientas para el bien. Un ejemplo de ello son los Proyectos de Prosperidad de los Aliados Diplomáticos. En estos proyectos, Taiwán ha trabajado junto con sus aliados democráticos para fortalecer las capacidades locales, compartiendo su experiencia y sus avances tecnológicos. La demanda por tecnología taiwanesa ha contribuido a niveles impresionantes de crecimiento económico, llegando a un incremento del PIB del 14,55 % en el primer cuatrimestre de 2026. Taiwán es capaz de contribuir a programas de la ONU como el PNUD, enfocadas en ayudando a países que están desarrollando.
En el ámbito humanitario, Taiwán tampoco se ha quedado en las sombras. Como país afectado por desastres naturales, ha tenido una gran influencia al ayudar a países en momentos de necesidad. Recientemente, una ONG taiwanesa, Tzu Chi, acudió en ayuda de las víctimas de las inundaciones mortales en Nepal con un equipo de médicos y ayuda humanitaria.
Reconstruir la confianza en el sistema internacional no será posible si la ONU no se adhiere a sus propios principios fundacionales. La preservación de la seguridad en el Indo-Pacífico es una meta común y un deseo expresado por la comunidad internacional. Sin embargo, no se podrá alcanzar ni comprender plenamente sin incluir la voz de un integrante clave del mundo que ha sido injustamente excluido.
La participación de Taiwán en la ONU significa tender la mano a un miembro dedicado, libre y con experiencia, dispuesto a contribuir al máximo. Es deber de la ONU reconocer la importancia de contar con un miembro competente en la lucha contra los asuntos globales que todos estamos enfrentando. Asegurar la participación significativa de Taiwán en la ONU será clave para re imaginar un sistema basado en la inclusión, la seguridad y la prosperidad. Taiwán quiere aportar y puede aportar.