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Último adiós a Santiago Feliú, el quijote de la nueva trova cubana

El cantautor de temas como Para Bárbara falleció en La Habana a los 51 años

La muerte es un animal que nos devora, unas veces esperándole, y otras con esa absurda vehemencia que jamás podremos entender. Nunca estaremos preparados, por más que lo intentemos, para escuchar de frente el grito de la muerte. Un súbito ataque al corazón hizo que La Habana amaneciera más triste que de costumbre. Se fue Santiago Feliú, un juglar cuyas canciones tienen esa especie de magia que, amén de sus complejos juegos armónicos y su poesía de culto, por momentos podía cautivar no solo a los más fervorosos amantes de la Trova, sino también a los soneros del barrio, jóvenes y ancianos, a la izquierda y la derecha. n
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Nacido el 29 de marzo de 1962, miembro del desaparecido movimiento de La Nueva Trova, fue una de las principales voces de lo que Silvio Rodríguez llamó Novísima Trova, o el musicólogo Joaquín Borges-Triana bautizara como la Generación de los Topos, junto a Donato Poveda, Gerardo Alfonso, Frank Delgado, Carlos Varela, Xiomara Laugart, Alberto Tosca. n
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Cuando la Nueva Trova emergió, como otros movimientos artísticos de la época, todos creían en la Revolución. Se sentían parte de un proyecto hermoso y necesario para su país donde producirían arte verdaderamente revolucionario más allá de lo ideológico. Con el pasar de los años, muchos adormecieron sus ilusiones, otros se plegaron al régimen o convirtieron el oportunismo en modo de vida. Pero Santiago siempre fue un eterno soñador. Fue el quijote de la Trova Cubana, luchando contra los molinos de viento que el sistema que le ponía delante, lanzándole verdades, ilusiones, rabias y metáforas, fantaseando y a la vez quemándose por dentro, entre el amor y las drogas, lo posible y lo imposible, imaginando que la quimera de la Revolución alguna día sería real, y no una eterna trampa para espíritus como el suyo. n
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Desde sus primeras canciones la guitarra ya no solo acompañaba al trovador, era también protagonista de la obra musical. El valor que le otorgó a su instrumento, creándose armonías mucho más elaboradas que las habituales, fue un elemento innovador que desarrolló el movimiento. n n n nNoel Nicola decía: u201cSantiago toca a la zurda por partida doble u201d.

Siendo zurdo colocaba la guitarra a su izquierda sin cambiar el orden de las cuerdas, tal como la usaría un derecho, quedando los bajos abajo y los agudos arriba, lo cual generaba sonidos peculiares que tal vez solo salían de sus virtuosas manos. Se sentía atraído por las llamadas ideas de izquierda, pese a que no pocas se desmoronarán ante sus ojos y canciones. n n n nDaniel Viglietti, su hermano Vicente, Juan Carlos Balglietto, Fito Páez, Pablo Milanés y muchos otros han cantado sus creaciones. Silvio Rodríguez, en un concurso Adolfo Guzmán, defendió su clásico Para Bárbara, compuesta cuando Santy (como le decían sus amigos y su público cubano) tenía solo 16 años.

Además de cantar como nadie sus canciones, fue un extraordinario intérprete de temas de Serrat, Luis Eduardo Aute, Sabina. Hace unos años en Naciones Unidas hizo una muy personal versión de Diario, del compositor exiliado en USA Mike Porcel. u201cRompió u201cel bloqueo u201d, por así decirlo, que mantenían en Cuba sobre mi proscrita obra. Fue un valiente gesto. Le estaré eternamente agradecido u201d. n
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El realizador de TV Juan Pin Vilar lo describió como Un hippie en el comunismo en el libro homónimo que le dedicó. Fanático de Cat Stevens y Bob Dylan, bebió de la trova tradicional, el tango, el jazz, el rock and roll, el folk. Fue un empedernido adicto a la nostalgia, la melancolía, el desamor, quizás porque no podía apartarles de su vida. n
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Borges-Triana comentó: u201cNo recuerdo bien en qué texto escribí que hubo una escuela de druidas experta en guardar los sonidos más queridos en caracolas de mar, para curar las nostalgias de los argonautas que partían al largo viaje. De haber sido yo uno de ellos, no habría prescindido de la voz de Santiago u201d. n
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u201cNos conocimos el 18 de octubre de 1978 en una evaluación que el Movimiento de la Nueva Trova hizo para aceptar nuevos miembros u201d, relató Donato Poveda. u201cÉl tenía 15 y yo 18. Ese mismo día nos hicimos amigos y a la semana, sin ningún trámite profesional, estábamos actuando juntos en el dúo Santiago y Donato. De todos los músicos de la Trova, fue el más creativo y arriesgado, con gran valentía a la hora componer. Tenía un inmenso sentido el humor, siempre hacia chistes que daban mucho más risa porque era tartamudo. Siento que los amigos de la infancia y la juventud son los que quedan, más allá de cualquier cosa, y eso nos ha salvado a los cubanos u201d. n
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Para el crítico musical Humberto Manduley sus canciones u201cnos han hablado de lo que somos, pero también de lo que no queremos ser, del sitio al que pertenecemos y del que huimos, de los momentos que son y de los que ya no, del amor latente o desamorado, de los sueños inconclusos, de rabias, besos, fantasmas, angustias y abrazos, de cierta sana toxicidad que se nos escabulle en la memoria, del pedazo breve de eternidad que todos u2013sin distinción u2013 llevamos dentro u201d.
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Dejó un hijo, Adriano, y su viuda espera su segundo hijo. Grabó 12 discos con clásicos como Para Barbara, La ilusión, Mi mujer está muy sensible, En este barrio, y Mickey y Mallory (homenaje al filme Asesinos Natos, de Oliver Stone). En todos ellos la palabra vida estaba presente. El primero fue Vida (1986) y el último Ay, la Vida (2009).

La canción que le da título reza: u201cLa vida es el milagro sinceramente amado, la culpa de morirse, las mentiras, las verdades que nos quedan de este lado. La vida de imprevista, sencilla y complicada, absurda y egoísta, amorosa e inteligente, extraordinaria y desalmada. La vida es suficiente, si entonces no se acaba cuando se halló el final donde se encuentra el pasado con la nada u201d.
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