MIAMI.- A Manuel Alberto Alvarado, neurólogo venezolano, le puede costar muy cara la imprudencia que cometió la mañana del miércoles en el Aeropuerto Internacional de Miami. El médico comentó -al parecer en tono de broma- que tenía una bomba en su maleta. Lo que pasó a continuación, acaparó la atención mediática cuando se activó el protocolo de seguridad en el aeropuerto y se desencadenó la consecuente situación de pánico entre los viajeros que allí se encontraban.
Una broma pesada
MIAMI.- A Manuel Alberto Alvarado, neurólogo venezolano, le puede costar muy cara la imprudencia que cometió la mañana del miércoles en el Aeropuerto Internacional de Miami. El médico comentó -al parecer en tono de broma- que tenía una bomba en su maleta. Lo que pasó a continuación, acaparó la atención mediática cuando se activó el protocolo de seguridad en el aeropuerto y se desencadenó la consecuente situación de pánico entre los viajeros que allí se encontraban.
No corren tiempos propicios para hacer bromas relacionadas con el terrorismo y las bombas. Menos todavía en un lugar público en el que circulan diariamente miles de personas. Alvarado cometió un error del que seguro se arrepentirá toda su vida. Tanto el médico como su familia están viviendo una situación desesperada. Se encuentra en prisión y la justicia le está pidiendo una fianza de 50.000 dólares para ordenar su libertad. Los cargos de amenaza de bomba y conducta criminal no son ninguna broma y lo que era un viaje de trabajo de unos días -para conocer detalles técnicos de un equipo de esterilización de insumos médicos- puede tornarse en unos años de cárcel.
Aunque tanto la familia de Alvarado como personas que conocen su trayectoria personal y profesional destacan su humanidad, la justicia tiene que investigar los hechos fríamente. Si finalmente se confirma que todo se reduce a una frase desafortunada y jocosa, sería deseable que pudiera retomar su vida. En cualquier caso el desagradable incidente debería quedar como una lección, tanto para el protagonista como para tanta gente que no se toma en serio las medidas de seguridad y los sistemas de control de los aeropuertos.
Está en juego la integridad de todos y debemos colaborar con las autoridades en la lucha contra el terrorismo, dejando los chistes y las ironías para otros momentos y lugares más propicios.
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