WASHINGTON.-SONIA SCHOTT
@schottv
Una revolución americana
Bernie Sanders continúa acercándose peligrosamente a su rival, Hillary Clinton
¿Qué tiene Bernie Sanders que lo hace un potencial presidente de Estados Unidos? Si le hacemos caso a los números, es claro que no es fácil superar a Hillary Clinton por la nominación demócrata, quien además es la favorita de su partido. Sin embargo, las grandes cantidades de dinero fresco que continúan llegando de los bolsillos de entusiastas seguidores, animados por sus últimos triunfos, dicen otra cosa sobre él.
Sus simpatizantes reaccionan ante él, como lo hicieron en su momento por Barack Obama, aunque a todas luces no pareciera una comparación justa. Obama era un joven senador, una estrella ascendente con don de elocuencia, actitud encantadora, seguridad a toda prueba y que, además, enarbolaba el poderoso argumento del “cambio político” que hacía volar la imaginación, más allá de las esperanzas y sueños de cualquiera.
Bernie Sanders por el contrario, es un senador de 74 años, de larga data y para nada sensacional. No es guapo ni fresco como el Obama de 2008 y encaja más dentro del estereotipo de un estadounidense común. Es solo un político con un sueño, no en la misma escala de un Martin Luther King o incluso un Barack Obama. No obstante, ese mensaje con el que cautiva a sus admiradores, parece proporcionar un sentimiento de renovada esperanza en el marco de una nación, que ha sufrido reveses por el auge de estados rivales, principalmente China y Rusia, y que ha pasado por una de las peores crisis en su historia: la amenaza del cierre del Gobierno, que comprometió de manera determinante la credibilidad de ambos lados del Congreso y sembró dudas, allende fronteras, sobre la estabilidad política de Estados Unidos.
En todo caso, Bernie Sanders continúa acercándose peligrosamente a su rival, con paso seguro aunque su estilo pareciera más el de un ratón de iglesia, comparado con los feroces pronunciamientos de Donald Trump o los tonos ásperos de Ted Cruz.
Tampoco tiene la sonrisa radiante de Hillary Clinton o un cónyuge que haya servido como presidente durante ocho años en La Casa Blanca, pero ahí está, de semana en semana, empujando su agenda con sus promesas socialistas de educación superior gratuita y atención sanitaria para todos. Sus ideas, asombrosamente, no encuentran tanto eco y receptividad entre sus contemporáneos, como entre la generación de los llamados “millennials”, que alcanzaron la mayoría de edad en el año 2000. Esa es la mejor bandera de su éxito.
Muchos jóvenes estadounidenses están desilusionados con el estilo de política de Washington, que utiliza convenientemente la retórica hueca y sucumbe ante elites y dinastías, mientras pareciera haberse olvidado de ellos.
Esta generación quiere un rostro fresco, incluso si tiene el pelo blanco y no se preocupa por los trajes de marca Y es que la marca de Sanders está precisamente en esos jóvenes que lo siguen donde quiera que vaya.
Cuando lo vi recientemente en el parque Lafayette, frente a la Casa Blanca, luego de terminar su reunión con Obama, no iba rodeado por guardaespaldas estilo presidencial, solo charlaba tranquilo con un presentador de televisión, antes de continuar su camino hacia la calle 16, en compañía de su esposa.
Sanders es un fenómeno político sin ser fenomenal, con su estilo tranquilo y común, sus jóvenes seguidores y una promesa política de revolución americana, que de salir premiado con la nominación, lo compromete con una deuda legítima por cobrar.
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