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INSPIRACIÓN

El valor de criar con conciencia: el camino que eligieron Gerardo Parra y Tania Victoria Marín

Cada reto, desde los inicios, se convirtió en una oportunidad de aprender, corregir y volver a intentarlo

Por REDACCIÓN/Diario Las Américas

El trabajo en el campo rara vez es sencillo. Así lo describen Gerardo Parra y Tania Victoria Marín, quienes llevan ya casi una década dedicados a la crianza de ganado en lo que llaman Yolo Ranch. Su experiencia ha estado marcada por la necesidad de adaptarse al clima, de aprender a cuidar la tierra y, sobre todo, de garantizar el bienestar de los animales.

El camino, reconocen, ha sido exigente, pero también profundamente enriquecedor. Cada reto, desde los inicios, se convirtió en una oportunidad de aprender, corregir y volver a intentarlo. Con el paso del tiempo entendieron que cada desafío los hacía más fuertes y más conscientes de lo esencial: producir carne de calidad respetando tanto al entorno como a los animales.

Ese recorrido silencioso de años desembocó en un momento significativo. El 6 de octubre presentaron oficialmente Yolo Meats, una marca que, más que un proyecto comercial, representa un paso natural después de casi una década de trabajo en el rancho. Para ellos, la decisión de lanzar esta propuesta no fue un giro repentino, sino una forma de dar voz a lo que habían construido en silencio.

“Es pasar de solo criar ganado a compartir nuestra esencia con las familias, a través de un nombre que refleja nuestros valores: honestidad, dedicación y respeto”, explican. “Es pasar de solo criar ganado a compartir nuestra esencia con las familias, a través de un nombre que refleja nuestros valores: honestidad, dedicación y respeto”, explican.

Más allá de los nombres y de la formalidad de un lanzamiento, lo que buscan transmitir es confianza. Su intención es que las familias sientan la tranquilidad de saber que lo que llega a sus mesas proviene de un proceso transparente y consciente. Hablan de cortes que cuentan historias: la del trabajo cotidiano, la del cuidado de la tierra y la búsqueda de una calidad auténtica.

“Lo que te vas a llevar a tu paladar estará cien por ciento lleno de salud y además delicioso”, señalan. “Lo que te vas a llevar a tu paladar estará cien por ciento lleno de salud y además delicioso”, señalan.

En su visión, el producto final es solo la punta del iceberg; detrás hay años de aprendizaje y una filosofía que privilegia el respeto por el ciclo natural de la crianza.

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El papel de Gerardo Parra aporta un matiz particular. Tras una larga trayectoria en el béisbol profesional, que incluyó dos Guantes de Oro y una Serie Mundial en las Grandes Ligas, el venezolano trasladó al campo la misma disciplina que aplicó en el deporte.

Su historia junto a Tania Victoria Marín, quien ha estado presente en cada paso del proceso, da a este proyecto una dimensión personal que trasciende lo empresarial.

No es casual que hablen de familia, de tradición y de raíces, porque para ellos la carne no es solo un producto, sino un vínculo que conecta generaciones, que reúne a las personas en torno a la mesa y que honra a quienes dedicaron su vida a la ganadería antes que ellos.

Durante la conversación hacen énfasis en que lo que se abrió recientemente no es únicamente una marca, sino la posibilidad de compartir un modo de trabajo con quienes valoran la procedencia de lo que consumen. En palabras de Parra, “family and tradition are at the heart of everything we do”.

Esa frase, breve pero clara, resume la esencia de su filosofía. En su propuesta confluyen raíces, ética y un profundo sentido de pertenencia, coherente con su historia y con la de tantos ganaderos que han forjado su oficio con esfuerzo y respeto.

Esa visión también tiene un componente de futuro. Parra y Marín hablan de apoyar a ganaderos locales, de fortalecer a nuevas generaciones de rancheros y de preservar valores que no deben perderse.

“More than just meat, it’s a way to honor our roots and share with others the same quality we serve at home”, afirman en inglés.

Su mensaje apunta a la continuidad de un legado, a la idea de que lo que hacen hoy solo cobra sentido si inspira y respalda a quienes vendrán después.

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Cuando miran hacia atrás, calculan que llevan alrededor de nueve años, quizá un poco más, desde que comenzaron en el rancho. Al recordar esos primeros pasos, reconocen que cada error fue una lección y que cada acierto los animó a seguir adelante. Hoy, tras haber dado este paso público, lo que comparten no es un simple lanzamiento, sino la consolidación de una forma de trabajar que se fue puliendo con paciencia. La apertura de Yolo Meats es, en todo caso, la consecuencia natural de un proceso largo, lleno de esfuerzo y sentido.

Lo que distingue esta etapa no es la presencia de una marca, sino la coherencia de quienes la impulsan. No hablan de protagonismos ni de estrategias, sino de un modo de vida que ahora deciden compartir. En sus palabras se percibe la convicción de que la carne puede ser más que un alimento: un puente entre la tierra, la tradición y las familias. Después de casi una década de trabajo en silencio, la historia de Gerardo Parra y Tania Victoria Marín comenzó a escribirse de cara al público, y lo hace con la misma naturalidad con la que nació: entre la tierra, los animales y la certeza de que el respeto es el único camino posible.

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