MIAMI.- SYLVIA CÉSAR
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Ramón Canela fundó la constructora de embarcaciones Promarine en Venezuela hace 24 años y encontró un nuevo hogar en Fort Lauderdale
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Tras 24 años de éxitos en Venezuela, Ramón Canela reafirma su condición de diseñador industrial por profesión y amante del mar por pasión para revivir revive la marca de embarcaciones Promarine en Fort Lauderdale.
“La diferencia entre un hombre y un niño es el precio de sus juguetes,” citó el exitoso empresario luego recordar que se le presentó la oportunidad de expandir su mercado a los Estados Unidos, empezando por el sur de la Florida, donde guarda la esperanza de sobrepasar estas fronteras hacia el mercado internacional.
La marca Promarine es caracterizada por su lema, "Pasión por el Detalle".
En Fort Lauderdale Canela ha creado los nuevos modelos e inclusive ha patentado un producto totalmente innovador. Las embarcaciones nacidas en EEUU son parte de Promarine 400 Sport Fishing Series, de la cual los clientes pueden escoger la versión más apta para la pesca, y otra versión que satisface la satisfacción del paseo, ambas de 40 pies de largo.
Además, Canela trabaja en el desarrollo de otro modelo de 40 pies que llamará 400 Sport Cabin Cruiser, algo así como una lancha tipo crucero, donde pueden pernoctar hasta seis pasajeros.
El modelo de 40 pies más nuevo, producido en Ft. Lauderdale.
La patente la ha sacado para el producto Propad, una plataforma inflable que se puede sujetar a la parte posterior de la lancha. Esta servirá como área de descanso, tipo terraza, así como una medida de seguridad que sustituye la balsa de emergencia y previene accidentes con las propelas.
Aunque Ramón Canela afirma que en la Florida ha recibido una reacción muy positiva por parte de los clientes y los distribuidores, es evidente que no iguala a la popularidad que obtuvo en Venezuela. Su red de contactos y familiares en su país natal, junto al lema que definía todos sus productos, “Pasión por el detalle,” le ganaron una clientela sumamente fuerte. No obstante, Canela no llegó a la cima de la industria tan rápido.
Ramón Canela junto a ediciones de El Nacional, donde su historia fue publicada desde 1992.
En una de las entrevistas con medios venezolanos que más le enorgullecen, la de la revista Mundo Náutico, Canela afirma que al principio solamente se propuso construirse una lancha para él, no para comercializar el diseño. Empezó reconstruyendo una embarcación de segunda mano que adquirió en muy mal estado.
“La metí en el garaje de la casa de mis padres y yo mismo la fui lijando y pintando”, recordó.
Luego mencionó como haciendo favores para familiares y amigos, aprendió sobre la pintura de las lanchas, los mejores y más duraderos materiales, además de la construcción de las embarcaciones. Después de unas malas inversiones que lo dejaron sin capital ni lanchas, se propuso construir su propia embarcación para evitar otro percance en una lancha fallida.
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La durabilidad, los detalles y la estética de sus lanchas se vieron encarnadas en el primer modelo, Aquatime, de 21 pies de largo, que fue presentada en 1992. Estas características propias de todas las embarcaciones de Promarine le forjaron el camino del éxito a Canela y su empresa.
Dentro del legado que dejó Promarine en Venezuela quedaron las 1.350 lanchas vendidas y los innumerables empleos que generó la empresa. Canela se siente sumamente orgulloso de haberle dado a la gente de pocos recursos un oficio y una fuente de trabajo para ser económicamente independientes. “Era como una universidad,” cuenta de la empresa.
Ahora el exitoso empresario Canela no solo se divierte paseando su nueva lancha producida en EEUU, sino, también, ejerciendo su otra gran pasión, la fotografía subacuática. Un pasatiempo que comparte con su hijo Alejandro y llevado a varias exposiciones de arte.
Una colección de fotografías marinas que guarda Ramón Canela en su despacho.
Cuando le preguntan por qué escogió el oficio de las lanchas, cuenta que a los 6 o 7 años su padre le puso una máscara con la que pudo ver por primera vez el fondo del mar. Con los ojos humedecidos, afirmó que él quiso trabajar en algo que siempre lo llevara de vuelta al mar. Entre fotografías, maquetas, y sus grandes “juguetes”, Canela parece haber logrado su deseo.
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