MIAMI. – Irán reconfigura su estrategia sobre el estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más sensibles del mundo, al plantear nuevas condiciones para el tránsito de buques en un contexto de creciente confrontación con Estados Unidos e Israel.
La señal fue emitida desde el Parlamento iraní. Ebrahim Azizi, presidente de la Comisión de Seguridad Nacional y Política Exterior (CSNPE), advirtió que el paso por la vía dejará de operar bajo los términos habituales tras décadas de apertura. “47 años de hospitalidad han llegado a su fin”, afirmó, en lo que marca un giro en la postura de Teherán sobre esta ruta clave.
El cambio va más allá del discurso. Legisladores aprobaron una normativa que introduce un sistema de pagos obligatorios para las embarcaciones que crucen el estrecho, una medida que, según autoridades iraníes, está lista para su aplicación inmediata.
Alaeddin Boroujerdi, integrante de la misma comisión parlamentaria, defendió la iniciativa al sostener que el país ejerce control pleno sobre el paso marítimo y que los nuevos cargos buscan financiar labores de seguridad y servicios en la zona. En la práctica, el tránsito deja de ser automático y pasa a depender de la autorización directa del gobierno iraní.
El endurecimiento también tiene un componente político. Representantes de Irán ante la Organización Marítima Internacional (OMI) trasladaron en Londres que embarcaciones vinculadas a países considerados adversarios no podrán acogerse al principio de “paso inocente”, una figura clave del derecho marítimo internacional.
En consecuencia, el acceso se perfila como selectivo. Buques asociados a naciones con vínculos estrechos con Teherán, como China, Rusia o India, mantendrían acceso, mientras que otros quedarían sujetos a restricciones o vetos.
El anuncio coincide con un aumento de la presión desde Washington. El presidente Donald Trump instó a países europeos a asumir un papel más activo en la protección de la ruta, al tiempo que sugirió que su administración podría reducir el involucramiento directo en el suministro energético global.
En otro mensaje, condicionó cualquier escenario de distensión a que el estrecho permanezca abierto y operativo, y advirtió sobre posibles acciones militares de gran escala si esa condición no se cumple.
Desde la perspectiva de EEUU, el planteamiento iraní puede ser interpretado como un intento de ejercer control político sobre una vía considerada esencial para el comercio internacional y la seguridad energética global.
En Washington, cualquier restricción al libre tránsito por el estrecho de Ormuz se analiza bajo el prisma de la seguridad marítima y la estabilidad de los mercados, dos elementos que históricamente han justificado la presencia y respuesta estadounidense en la región.
La posibilidad de que Irán condicione el acceso al corredor no solo tensiona el escenario militar, sino que también plantea un desafío directo a las normas internacionales que garantizan la libre navegación en aguas estratégicas.
En ese contexto, el margen de maniobra se reduce. Medidas como las anunciadas por los gobernantes iraníes podrían ser vistas por EEUU no solo como presión económica, sino como una línea roja en términos de seguridad global, lo que aumenta el riesgo de una respuesta más contundente.
El estrecho de Ormuz canaliza cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo, lo que lo convierte en un punto neurálgico para la estabilidad energética global. Cualquier alteración en su operatividad, incluso parcial, tiene efectos inmediatos en los mercados internacionales y, en consecuencia, en la población, que desde el inicio del conflicto bélico enfrenta el impacto de precios elevados del combustible.
No es necesario un cierre total para generar impacto. La sola amenaza de restricciones o la aplicación de medidas selectivas basta para tensionar la cadena de suministro, encarecer los fletes marítimos y presionar al alza los precios del crudo.
La reacción ya se refleja en EEUU, donde el precio del galón de gasolina supera los cuatro dólares, impulsado por la incertidumbre en torno a la seguridad de las rutas energéticas.
Más allá del pulso militar, el control del estrecho vuelve a posicionarse como una herramienta de influencia estratégica, capaz de trasladar el conflicto del terreno político al económico con efectos de alcance global.
Queda por definirse cómo y cuándo se implementarán en la práctica las disposiciones anunciadas, así como los criterios que regirán la autorización de tránsito en una de las rutas más estratégicas del planeta.
Por ahora, no existe una fecha clara para su entrada en vigor. El esquema aún debe completar su proceso institucional antes de poder aplicarse formalmente.
En ese escenario, la incertidumbre no solo gira en torno a las restricciones, sino al momento exacto en que podrían comenzar a ejecutarse y bajo qué alcance, en medio de una creciente presión internacional y el riesgo de escalada.