MIAMI.- La Habana, verano de 1968. Una pelea campal se produjo en medio de un barrio residencial, luego de un choque entre un auto marca Volga y un Skoda.
A 25 años de su caída
MIAMI.- La Habana, verano de 1968. Una pelea campal se produjo en medio de un barrio residencial, luego de un choque entre un auto marca Volga y un Skoda.
Sus conductores: uno soviético, el otro checoslovaco. Se liaron a golpes por el destrozo. Enseguida se sumaron a la reyerta más compatriotas de cada bando ante la impotencia policial de poner orden.
Aquel barullo internacional fue mi primer referente de la invasión de cinco mil tanques, 700 aviones y 200 mil soldados del Pacto de Varsovia a Checoslovaquia para zanjar reformas políticas del presidente Alexander Dubcek.
Ocho años antes se produjo otra intervención, a menor escala, contra los alzamientos populares en Hungría que erigieron a Imre Nagy como presidente, quien prometía elecciones libres de los designios del Kremlin.
Ese mismo año, el ejército de Polonia, con unos 400 tanques, había ahogado protestas civiles en la ciudad de Postnam.
Así las cosas, se blindaba aún más el “Telón de Acero” en torno a los ocho estados socialistas de Europa Oriental, so pretexto de evitar toda influencia “diversionista” allende sus fronteras.
Por ende, ee instauró una autarquía económica regional, empleando sólo recursos y patrones propios, pero muy impares con los estándares internacionales.
Al surgir Cuba como nuevo aliado a partir de 1959, el campo socialista se topó con tecnología de punta, dada la amplia relación comercial pretérita con Estados Unidos.
Se cuenta que durante la visita a Cuba del primer ministro soviético, Anastas Mikoyán, en febrero de 1960, expertos de la comitiva participaron en el desarme de un buldózer Caterpillar “made in USA”. Fotografiaron cada pieza y embalaron ¡hasta el último tornillo!
El Socialismo en el este europeo siempre presentó contrastes extremos.
Mientras las proezas de sus atletas asombraban al mundo a partir de los Juegos Olímpicos de Londres/48, el déficit habitacional en varios países no se resolvería hasta bien entrada la década de los 70.
A principios de los 50 la propia URSS logró fabricar la bomba atómica. Pero su industria ligera era incapaz de producir artículos de uso y consumo con mejor presentación y acabado.
Los soviéticos surcaron primero el cosmos con aquel Sputnik I en 1957. Luego, en 1961, fueron los pioneros en poner a un hombre en órbita espacial. Sin embargo, la calidad de la atención sanitaria a la ciudadanía siempre dejó mucho que desear.
De hecho, cualquier técnico de la URSS apenas arribaba a Cuba, acudía a estomatólogos para que le repararan sus deterioradas dentaduras. Durante 30 años ellos gozaron de las bondades de la odontología nacional, que heredó teoría y práctica de la escuela americana.
El retraso de la tecnología socialista llegó a ser de un cuarto de siglo con respecto a Occidente. De ahí el precario rendimiento en el consumo de combustible de tractores, autos y aviones, incluyendo los famosos Migs y aquel TU-144, rival del Concorde franco- británico.
Durante años, la política era producir a toda costa y costo. Satisfacer necesidades sin importar el confort. Con todo, se creó en esas sociedades un conformismo con ribetes de ignorancia o gusto bastante chato, incompatibles con el nivel de instrucción personal.
Según uno de los primeros becarios cubanos en Ucrania, uno de sus profesores del Instituto Politécnico del Lvov, solía sacar pedazos de pescado seco del bolsillo interior del traje, engullírselos, limpiarse luego con las mangas y enseguida impartir una conferencia magistral.
Dos décadas después, un catedrático de la Universidad de Humbold asombró con su queja en un restorán habanero, porque le sirvieron una “bazofia” de papa amarillenta y dulce. Simplemente, aquel ciudadano de la República Democrática Alemana Nunca había probado un boniato.
Fueron disímiles las causas para el fin de una era hace 25 años. Factores que incidieron durante lustros en uno y miles y millones de individuos cautivos en esos Estados-Partidos por una ideología única, y aplicada a sus antojos por cada mandatario.
Si en un principio casi se abolieron las relaciones monetarias mercantiles; con el tiempo varios gobiernos apostaron por pagar jugosos salarios con tal de culminar urgentes tareas económicas, como la construcción del ferrocarril transiberiano Baikal-Amur.
Luego se determinó que varias empresas claves se descentralizaran de la tutela y fondos estatales en aras de conseguir competitividad y penetrar en el mercado occidental. En Hungría fue donde esta modalidad tuvo mayor fortuna.
Con en el tiempo, se aflojaron ciertos rigores creyendo en el poderío que se presumía, más la sombrilla nuclear tendida por Moscú. Pero ocurría también que el sigilo general en observancia del credo político so pretexto de la Guerra Fría, devino cansancio masivo.
Sea como fuere, el hombre común había perdido el acicate para impulsar las propias fuerzas productivas en su entorno. La praxis comprobaba lo inoperante que resultaba la totalitaria propiedad social en todas las esferas de vida, porque “cuando todo es de todos, nada es de nadie”.
Otros muchos trocaron el desencanto en rebeldía. De la dictadura del proletariado sólo veían a un puñado de burócratas marxistas-leninistas, quienes daban la cara sólo en Congresos o desfiles marciales, y abandonaban sus cargos con la muerte.
De ahí los sucesos en el astillero polaco de Gdansk a inicios de los 70, del que emergió el sindicato Solidaridad. O aquella fuga masiva de germanos a la otra Alemania a partir del verano de 1989. Incluso, la chispa desatada en la ciudad rumana de Timişoara en diciembre de ese mismo año, que cremó finalmente al régimen de Nicolae Ceauşescu.
Todos estos eventos estremecieron las bases económicas de Cuba y contradijeron abiertamente el discurso político de su gobierno ¿Cómo era eso de un Socialismo Democrático?, tal como apelaban los alemanes orientales ¿Acaso el sistema no lo era de origen?
Así se disolvía definitivamente la relación de tres decenios “entre hermanos”, aunque no siempre todo fue miel sobre hojuelas.
En 1962, Nikita Kruschev prescindió de Fidel Castro para darle solución a la Crisis de los Cohetes con Estados Unidos. Dos décadas después, Leonid Brezhnev confesó que la URSS no estaba en condiciones de apoyar a Cuba en caso de una confrontación militar con Washington.
Fue un secreto sólo compartido por los hermanos Castro, tal como lo confesara luego el propio Fidel. La determinación fue camuflada ante la inteligencia internacional con un incremento de los suministros de Moscú, que elevó la gigantesca deuda cubana escrita en el hielo.
La Perestroika o de revisión histórica promulgada por el presidente Mijail Gorbachov, así como la Glasnost o libertad de expresión que condujo a la democratización interna del partido y a otras enmiendas, fue un mazazo a los pilares ideológicos afincados en el archipiélago.
En un discurso pronunciado en julio de 1985 en la provincia de Camagüey, Castro ya anunciaba su convicción de continuar por la ruta del Comunismo, aun cuando la Unión Soviética desapareciera del mapa.
Gorbachov había visitado con anterioridad varios países aliados. Y aseguró a sus gobiernos que retiraría paulatinamente las tropas del Ejército Rojo destacadas en cada territorio, dando a entender que los tiempos de las intervenciones eran Historia Antigua.
El líder soviético viajó finalmente a Cuba en marzo de 1988. Las tensiones eran notorias. En el país se prohibió la circulación de publicaciones socialistas como “Novedades de Moscú”, dado a lo contradictorio de ciertos contenidos con los dictámenes oficiales.
Fue aquella condena a la “exportación de revoluciones" que declarara el propio titular ante una sesión extraordinaria del parlamento cubano, lo que develó oficialmente el desengrane entre las partes.
Desde entonces se enfriaron las relaciones diplomáticas y menguó tanto el comercio, que en tres años Cuba entraba en una supervivencia mínima llamada Periodo Especial. Paulatinamente, se retiró la colaboración militar, concluida finalmente por Vladimir Putin.
A partir de 1989 Europa vivió un tiempo de radicales transformaciones, provocado más allá de la elección del primer Papa eslavo en dos milenios o contubernios de líderes mundiales.
Entre las causas de las transformaciones deben también incluirse la derrota militar de la URSS en Afganistán a mediados de los 80, y el desgaste ante armamentismo impuesto por Ronald Reagan con su política de intercepción cósmica de misiles o “Guerra de las Galaxias”.
Pero desde hacía mucho existían condiciones para el cambio. La inoperancia de controles gubernamentales, la antipatía de los dirigentes y un ansia de cada quien por hacer valer sus libertades individuales, hicieron hace 25 años ya, que se herrumbrara la Cortina.
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