En Estados Unidos, las encuestas muestran que el Mundial de futbol impulsará el deporte masculino, pero se necesitará más agua y estrellas para que el negocio sea redondo.
Más allá del tiempo en pantalla y del impacto de las celebridades, subestimar a Estados Unidos en cualquier deporte puede ser un error
En Estados Unidos, las encuestas muestran que el Mundial de futbol impulsará el deporte masculino, pero se necesitará más agua y estrellas para que el negocio sea redondo.
Las pausas de hidratación le dieron a la televisión el espacio publicitario que los cortes de cualquier otro deporte estadounidense le otorgan. Aunque escasos en tiempo, tres minutos cada uno bastaron para que Fox embolsara al menos 250 millones de dólares solo con esas ventanas.
Sin estas pausas o sin la creatividad para crear otros espacios, no le resultará fácil al soccer competir con otros deportes. La transmisión televisiva del fútbol americano dura, en promedio, unas tres horas y doce minutos, con un tiempo total de juego de 60 minutos. La NBA reparte sus 48 minutos en cancha para una transmisión total de cerca de dos horas y media. Esos tiempos se extienden porque siempre hay que definir al ganador, cuando en el soccer basta con un empate para terminar el juego a los 90 minutos.
Más allá del agua, en la era de la saturación de la atención y del magnetismo, otro fenómeno lo representaron las celebridades. Terminaron por validar y aumentar una audiencia masiva en los estadios y en la televisión.
¿Por qué las celebridades convierten todo en oro? Jack Fuller lo explica desde la neurociencia en "What Is Happening to News". Las celebridades regalan una ilusión de intimidad y, con solo aparecer y por contagio, certifican lo que tocan.
Ese contagio, como el de Beyoncé, Kylie Jenner, Timothée Chalamet, Brad Pitt y Javier Bardem, entre otras estrellas, otorga a un evento, en especial a nuevos espectadores, una certificación que ninguna publicidad puede comprar.
Los futbolistas también atraen por su magnetismo de estrellas (Mbappé, Haaland, Bellingham, Kane, Ronaldo o Messi), como si fueran luminarias de Hollywood.
Hasta hace poco, la conjunción deportista-estrella en Estados Unidos era exclusiva de personajes como LeBron James y Tom Brady. Pero el fútbol cambió de escala cuando Messi llegó al Inter Miami en 2023 y LeBron y Serena Williams, entre muchos otros, asistieron a su debut. Decenas de figuras del mundo deportivo y hollywoodense lo visitan cuando juega como visitante, en estadios repletos y reservados para deportes mayores, como si el Inter Miami jugara de local.
Ahora, la MLS, como antes lo hizo con Pelé en Nueva York o con Beckham en Los Ángeles, también sigue atrayendo a grandes estrellas que, aunque ya no son tan fulgurantes, todavía tienen tiempo para atraer multitudes, como los últimos fichajes de Griezmann en Orlando y de Lewandowski en Chicago.
La mayor atracción de estas estrellas también se juega en las vallas publicitarias. En este Mundial, lleno de exfutbolistas y exmundialistas, solo Beckham facturó 25 millones por promocionar 13 empresas.
Más allá del tiempo en pantalla y del impacto de las celebridades, subestimar a Estados Unidos en cualquier deporte puede ser un error.
La prueba está en que tiene la selección de soccer femenino más laureada del mundo, con cuatro Copas del Mundo (1991, 1999, 2015 y 2019), cinco medallas de oro olímpicas (1996, 2004, 2008, 2012 y 2024) y trece años en el top del ranking de la FIFA para mujeres desde que se inauguró en 2003.
Esto no se consiguió ni con agua ni con estrellas. Después del Mundial de 1994, el fútbol se instaló entre los niños mediante programas en todo el país y floreció aún más entre las niñas.
El desarrollo del fútbol masculino avanza despacio, pero no deja de ser auspicioso. Una encuesta de Ipsos revela que el 57% de los estadounidenses cree que este Mundial aumentará el interés general por el fútbol. Otra, de YouGov, publicada la víspera de la final, ya lo ubica como el tercer deporte favorito del país, detrás de la NFL y la NBA.
Por ahora, a Estados Unidos le basta con haber convertido el Mundial en el negocio más rentable de su historia deportiva. Habrá que ver si basta con el agua y las estrellas o si asume los valores del fútbol femenino para seguir recorriendo el camino.
