WASHINGTON.- DPA
Alan Gross cumple cinco años preso en Cuba
WASHINGTON.- Este miércoles se cumplen cinco años desde que Gross fuera arrestado en La Habana, acusado de intentar fomentar actividades encubiertas para apoyar a la proscrita oposición
En medio de las crecientes expectativas por un deshielo en las relaciones entre Cuba y Estados Unidos, el caso del cooperante norteamericano Alan Gross, preso desde hace un lustro en la isla, podría jugar un papel clave para un posible acercamiento.
Este miércoles se cumplen cinco años desde que Gross fuera arrestado en La Habana. El norteamericano, un subcontratista de la agencia de ayuda al desarrollo estadounidense, USAID, había realizado entonces ya varios viajes a Cuba para llevar ayuda humanitaria, según su defensa, aunque las autoridades de la isla lo acusan de intentar fomentar un cambio de régimen con actividades encubiertas para apoyar a la proscrita oposición.
Gross, actualmente de 65 años, fue condenado después, en 2011, a 15 años de cárcel por delitos contra "la integridad del Estado". El gobierno de Raúl Castro lo acusó de introducir al país sofisticados aparatos de telecomunicaciones prohibidos por la legislación cubana, aunque Gross, de origen judío, asegura que los equipos estaban destinados a dar acceso a Internet a la pequeña comunidad judía en la isla.
El caso de Gross se ha convertido en una de las últimas piezas del complicado rompecabezas que impide desde hace más de medio siglo relaciones diplomáticas normales entre Washington y La Habana. Y en uno de los principales escollos para un posible acercamiento.
Mientras el gobierno cubano ofrece desde hace años un intercambio por varios espías encarcelados de la isla en Estados Unidos, la Casa Blanca se niega a vincular ambos casos.
"Siempre hemos dicho que no hay una equivalencia entre los casos de Alan Gross y los tres de Cuba. Son casos muy diferentes", reiteraron este lunes fuentes del Departamento de Estado, dos días antes del quinto aniversario de la detención del cooperante.
Los tres agentes cubanos presos son parte del llamado grupo de los "Cinco", pertenecientes a un entramado clandestino del espionaje cubano en suelo estadounidense descubierto en 1998. Dos de los "Cinco" están ya en Cuba, aunque los tres restantes purgan aún en parte largas condenas en cárceles norteamericanas.
Las voces a favor del intercambio de prisioneros han aumentado en los últimos meses, sobre todo después de que la administración de Barack Obama canjeara en mayo con los talibanes a un soldado estadounidense secuestrado en Afganistán por cinco prisioneros de Guantánamo.
A ello se ha sumado un creciente debate en la opinión pública estadounidense con varias voces a favor de que Washington cambie su política de mano dura hacia Cuba.
El diario The New York Times ha abogado con varios editoriales en las últimas semanas por que la Casa Blanca levante el embargo que impone desde hace más de 50 años a la isla, y ha puesto también directamente sobre la mesa el posible canje de Gross.
La campaña del influyente diario neoyorquino coincide con un creciente apoyo para una política más flexible con La Habana en la comunidad del exilio cubano en Florida, tradicionalmente anticastrista.
Washington mantiene hasta ahora su posición de no negociar por Gross. La postura la secundan congresistas como Ileana Ros-Lehtinen y Mario Díaz-Balart, así como el senador Marco Rubio, contrarios a cualquier concesión a La Habana. Los tres son republicanos de origen cubano.
Ros-Lehtinen exigió el lunes "la liberación incondicional" de Alan Gross tras cinco años de "prisión injusta" en Cuba e instó a la Casa Blanca a aumentar las sanciones a la isla como medida de presión. Ros-Lehtinen defiende desde hace años la política de mano dura para forzar un cambio democrático en la isla socialista.
La desesperación del encarcelado Gross, en tanto, ha ido en aumento. El contratista amenazó indirectamente con suicidarse en junio de este año, poco después de que su madre muriera de cáncer.
El gobierno cubano le había negado previamente un permiso de viaje por motivos humanitarios para que pueda ver a su progenitora. Días antes, Gross había intentado forzar también su salida de prisión con una huelga de hambre de varios días.
"Me preocupa extremadamente que Alan esté cada día más desesperado", señaló uno de los abogados de Gross en un comunicado difundido en junio. "Ambos gobiernos (de Cuba y Estados Unidos) deben saber que Alan planea poner fin a su vida como una forma de terminar esta agonía", aseguró.
Según su familia, la salud de Gross se ha deteriorado considerablemente en los últimos cinco años debido a las circunstancias de su confinamiento y a los efectos de una depresión.
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