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MEMORIAS

Celia Caridad

La recuerdo muy elegante, con un vestido ajustado, el pelo recogido y grandes aretes. Alegre, sencilla y cariñosa

Por TANIA QUINTERO

Hace 23 años que se nos fue Celia Caridad Cruz Alfonso.

Pero yo la sigo recordando como la primera vez que la vi, a principios de los 50. Tendría siete u ocho años cuando mi padre me llevó a la emisora Mil Diez, en la calle Reina. Celia estaba hablando con algunas personas, tal vez preparándose para cantar en vivo.

La recuerdo muy elegante, con un vestido ajustado, el pelo recogido y grandes aretes. Alegre, sencilla y cariñosa. "Celia es una mujer fina y decente", decían los habaneros. Cualidades necesarias en una maestra y en una artista, sus dos profesiones. La Mil Diez (de 1010 kilociclos) había sido comprada en 1943 por el Partido Socialista Popular (PSP) con dinero producto de colectas populares (le llamaban "la emisora del pueblo"). A Noticias de Hoy, el periódico del PSP, los comunistas sumaron esa estación de radio que en su década de vida resultó más importante por los valores artísticos promovidos que por las arengas políticas. En aquella época no había artistas ni orquestas valiosos que no fueran difundidos por la Mil Diez. Como director fue nombrado Ibrahim Urbino, reconocido locutor y esposo de Olga Guillot.

Además de Celia y Olga, por sus estudios pasaron Benny Moré, Bebo Valdés, Elena Burke, Omara Portuondo, César Portillo de la Luz, José Antonio Méndez, Frank Emilio y Miguelito Valdés, entre otros. El 16 de julio de 2003 había sido citada a las ocho de la mañana para exhumar en el Cementerio de Colón los restos de mi madre, fallecida dos años antes. Unas horas más tarde, ya en la casa, por Radio Martí me enteré de la muerte de Celia Cruz. De haberlo sabido mientras estaba en el cementerio, hubiera averiguado con Julio López, sepulturero nieto de sepulturero, el lugar donde los padres de Celia estaban enterrados. Y le hubiera puesto unas flores.

Después quise llegarme al domicilio de sus familiares, en Lawton. Pero como en junio había presentado ante la Embajada de Suiza mi solicitud de asilo, y el diplomático a cargo de la tramitación me había dicho que en lo adelante debía evitar cualquier incidente que provocara mi detención, decidí no ir.

Gracias a una persona que residía cerca de la familia de Celia y conocía a una de sus hermanas, estuve al tanto de las visitas y reacciones de parientes y amigos, pude participar en uno de los programas especiales que por aquellos días trasmitió Radio Martí. En 2004, ya en Lucerna, para Encuentro en la Red, escribí: ¿Quién dijo que Celia Cruz está en el cementerio de Woodland? No creo en lutos ni ropa negra. Tampoco en misas ni velas. Las flores sí: embellecen la despedida final. A los muertos me gusta recordarlos a mi manera.

A Celia decidí recordarla como la vi en mi infancia. Y no como la mayoría hoy la recuerda, con pelucas coloridas, gritando A-zú-car! Teniéndola presente en mi blog y escuchando sus canciones. De los cientos de números interpretados por Celia, estos cinco se encuentran entre mis preferidos: Egoísmo, de Osvaldo Farrés; Pinar del Río, de Néstor Pinelo; Caramelo, de Roberto Puente; El yerberito, de Néstor Mill; y Guantanamera, letra de Julián Orbón, música de Joseíto Fernández y versos sencillos de José Martí.

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