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Cuba

Colapso del turismo: 73% de hoteles cerrados, pérdidas millonarias y despidos

El principal rubro de ingresos que contribuía a sostener la maltrecha economía está en declive y en consecuencia quienes se empleaban en esas ocupaciones están cesantes

Por IVÁN GARCÍA

ESPECIAL
@DesdeLaHabana

LA HABANA.- Cuando se le acabaron sus ahorros, primero vendió el equipo de música en 250 dólares, luego un smart TV con pantalla de 60 pulgadas en 180 dólares y ahora busca comprador para un cachorro de Doberman después del parto de su perra en Cuba.

Llamémosle Yaima, una mulata de sonrisa fácil, madre de dos hijas y empleada de turismo por más de veinte años que reside al oeste de La Habana. Después de servir tres tazas de café, “es del bueno, La Llave, me lo mandó una amiga de Miami”, se sienta junto a su esposo en el sofá de la sala y comienza a explicar a DIARIO LAS AMÉRICAS el drama que está viviendo en los últimos ocho meses.

Hagamos un paréntesis. Diez días antes, Josué (nombre ficticio), esposo de Yaima, me envió un par de audios por WhatsApp en los cuales decía que quería denunciar “al mundo -los cubanos solemos ser grandilocuentes- el abandono de muchas instalaciones turísticas y las dificultades que estamos pasando los empleados después de meses sin trabajo”. Contacté con Josué en una cafetería privada.

Me habló de la corrupción de los directivos, "la mayoría miembros del partido comunista, que se roban hasta los tomacorrientes de las instalaciones turísticas. Soy custodio de un hotel. Y te puedo asegurar que, en hoteles como el Habana Libre, Riviera o Victoria, por falta de mantenimiento constructivo, la humedad ha destruido el falso techo, las instalaciones sanitarias y las paredes. En el Habana Libre hay varios pisos donde se pudiera filmar una película de terror”.

“Se han robado trozos de mármol, cablerío eléctrico, alfombras, cristalería, grifos y hasta inodoros. Esas habitaciones, que están cerradas, son nidos de ratas y cucarachas. El dinero destinado a la reparación ha ido a parar al bolsillo de jefes y funcionarios de turismo. En el Habana Libre mantienen un grupo de habitaciones funcionando para tapar el robo y la corrupción. El resto de las habitaciones las han saqueado”.

“El deterioro se nota en el lobby del hotel y en la galería comercial, donde hay tantas goteras, que ponen cubos en el piso. Del mal servicio ni te hablo, ya es habitual en todo el sector turístico. La mala calidad en la elaboración de alimentos provoca que los pocos turistas que vienen a Cuba prefieran comer en restaurantes privados”.

Después de Josué contarme cómo hoteles icónicos como el Habana Riviera y el Habana Hilton, entre otros, se caen a pedazos, quedamos en vernos en su casa para que su esposa Yaima me diga cómo la están pasando los trabajadores de turismo ahora desempleados.

Josué explica que quedó interrupto -sin empleo- hace diez meses. "Cuando la pandemia, los hoteles cerraron y estuve sin trabajar desde junio de 2020 a marzo de 2022. El hotel donde trabajaba cerró para supuestamente reparar la piscina y remozar algunas áreas. Ya han pasado dos años y sigue cerrado”.

Yaima asiente con la cabeza mientras su esposo habla. “Mi historia es parecida. Llevo más de veinte años trabajando en turismo. Soy cocinera. He laborado en Cayo Coco, Varadero y varios hoteles de La Habana. Nadie trabaja en turismo por el salario. Con tantos millones que recaudaba el gobierno con la industria del ocio, mi salario mensual era de 5.800 pesos al mes, equivalente a nueve dólares. Y era de los más altos”.

“Pero nadie se quejaba. Al contrario. La gente estaba loca por trabajar en turismo e incluso algunos pagaban cuatro o cinco mil dólares para conseguir un empleo. La razón es sencilla: la búsqueda con la propina, el facho (robo) y la posibilidad de reunir dinero o ligar un yuma (extranjero) y después emigrar. Es lo que hace privilegiado trabajar en turismo en Cuba. En la década de 1990 y hasta mediados de los 2000, con seis meses de pincha (trabajo), si estabas en la cocina, eras cajero o almacenero, te comprabas una moto o un carro”.

“En turismo todo el mundo mete la mano. El reparto de dinero es piramidal. Los jefazos de GAESA, el ministro de turismo y gente importante ganan cientos de miles de dólares. Los jefes intermedios, en los buenos tiempos, se buscaban siete u ocho mil dólares mensuales. Un trabajador en la cocina, almacén o cajero en un mes se podía embolsillar cuatro mil dólares robando con prudencia”.

“Con ese dinero podías reparar o comprar una casa, adquirir un carro y comer en la calle con frecuencia. En la etapa que se pagaba en efectivo, a veces me pasaba tres o cuatro meses sin ir a cobrar. O donaba mi salario a la salud pública, las MTT (milicias de tropas territoriales) y cualquier mierda de esa para no marcarme. Pero llegó Díaz-Canel, un tipo que está 'cargado' (negativo), y lo que ha padecido el pueblo cubano es de apaga y vámonos. Primero la pandemia y luego la caída del turismo. Tenía ahorrado diez mil dólares para celebrar los 15 de mis hijas y hemos tenido que gastarlos. De 2020 a la fecha he estado cuatro años parada”.

“En la empresa solo te pagan el primer mes al cien por ciento. Después, dos meses al 6 por ciento. Al cuarto mes te proponen trabajar fumigando o en el campo. Le alquilé el carro a una persona de confianza que cada fin de semana me entrega 30 mil pesos. Al mes son 120 mil pesos, 180 dólares al cambio en el mercado informal. Con lo dura que está la situación en Cuba ese dinero apenas alcanzar para comer y pagar el gas y la luz".

“Con el alto precio del combustible, el carro ya no deja mucho dinero. Decidimos empeñarlo y comprar un triciclo eléctrico. Mi esposo lo usa como taxi. Y aunque trabaja doce o trece horas diarias, la cuenta tampoco da. Entonces decidimos vender el equipo de música y el smart TV de la sala, pues debido a los apagones apenas lo usamos. Y ahora voy a vender el cachorrito que parió mi perra: me ofrecen 200 dólares”, confiesa Yaima.

Y ellos, confiesan Josué y Yaima, no son los que peor están. “Tengo compañeros que comen una vez al día y viven prácticamente en la indigencia, porque eran contratados y llevaban poco tiempo de trabajo”.

El vicepresidente Manuel Marrero reconoció que la actual crisis sistémica ha impactado fuertemente en el sector del turismo. El 73% de los hoteles en Cuba están cerrados, se han marchado siete cadenas hoteleras y más de 25.000 trabajadores han quedado desempleados. Y no se perciben buenas noticias a corto plazo. Cada año la cifra de visitantes disminuye. En 2026 sería un milagro si llegan al millón de turistas.

Un exdirectivo de turismo señala que “los planes previstos para el quinquenio 2025-2030 eran que superaríamos los cinco millones de turistas anuales. Y si se lograba negociar un buen trato con Estados Unidos, el cálculo era que ocho o diez millones de turistas, principalmente norteamericanos, visitarían el país cada año. Con ese objetivo se invirtió más de veinte mil millones de dólares en los últimos 16 años, en detrimentos de sectores como educación, agricultura y salud pública que cualitativamente han retrocedido a niveles de cualquier nación pobre de África”.

El exdirectivo considera que “si bien el colapso del turismo, con una pérdida anual de más de tres mil millones de dólares en ingresos, afecta terriblemente a la economía cubana, no impacta de igual forma en el bolsillo de GAESA que son los dueños del 80 por ciento de las instalaciones hoteleras. El holding militar ha visto como caen sus ingresos, pero al ser los propietarios, en una subasta de venta pueden obtener enormes ganancias. Los hoteles más caros, como la Torre K o el Packard costaron entre 230 y 300 millones de dólares, ya que pagan por los terrenos donde construyeron y los bajísimos salarios reducen los costos de inversión y les permitiría realizar ventas muy lucrativas”.

El exfuncionario no cree que “cubanos acaudalados radicados en Estados Unidos inviertan un centavo en la administración de hoteles en Cuba. Las reglas de negocios que implementa el gobierno no alientan a que ninguna compañía seria arriesgue su capital. Siempre habrá tres o cuatro empresarios aventureros que se decidan a invertir. Pero las grandes compañías hoteleras norteamericanas y los cubanoamericanos multimillonarios están a la espera de nuevos acontecimientos”, concluye el exfuncionario.

La dictadura castrista tiene poco margen de maniobra: o inicia profundas reformas democráticas o negocia con el gobierno de Trump un trato similar al de Venezuela. Por lo pronto, el turismo en la Isla ha recibido un tiro de gracia.

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