jueves 20  de  agosto 2026
EN LA ISLA

Pese a la militarización del país, aumentan robos, consumo de drogas y violencia en Cuba

Un papelillo impregnado con la nociva sustancia conocida como el 'químico' cuesta apenas 250 pesos, equivalente a 37 centavos de dólar al cambio actual en el mercado informal

Diario las Américas | IVÁN GARCÍA
Por IVÁN GARCÍA

Comienza a caer una fina llovizna nocturna en la barriada habanera de La Víbora. Decenas de personas se guarecen en los destrozados portales de la Calzada de Diez de Octubre, avenida que conecta el centro de La Habana con la periferia sur de la ciudad.La oscuridad es absoluta debido a los cotidianos apagones de 20 a 30 horas diarias que afectan a la capital.

En una esquina, dos jóvenes bajo los efectos del 'químico', droga de moda en la Isla, sufren convulsiones a la entrada de una pequeña galería de arte. Nadie les presta ayuda. Pero un grupo de curiosos graban con sus celulares para cuando en algún momento haya cobertura a internet de datos, subirlo a las redes sociales. Según el custodio de la galería, “ya es normal ver a un montón de volaos como una cafetera arrastrándose por las calles. No llamo a la ambulancia ni a la policía, pues nadie coge el teléfono”.

Una caravana con tres furgones de boinas negras, tropa élite de las fuerzas armadas, acompañados por dos autos policiales, se desplaza en silencio por la calzada. Una señora saca la mano y la patrulla se detiene. El militar, sin dar las buenas noches, le pregunta qué pasa. “Oficial, esos dos muchachos llevan casi una hora tirados en la esquina y están con espasmos. Me preocupa que les suceda algo”, le dice la señora.

Dos fornidos boinas negras les dan varios bastonazos por las costillas con sus tonfas. Los jóvenes murmuran una retahíla de incoherencias y siguen tirados en el piso junto a un charco de vómito y orina. “Están drogados, cuando amanezca seguro se les pasa el efecto. Vamos a avisar al puesto del mando, a ver si alguien los lleva a un hospital. Nosotros tenemos otras funciones”, responde el jefe de la caravana. Y se marchan.

“Ellos (los boinas negras) solo están para reprimir las protestas. No les importa el pueblo. Y después se llenan la boca diciendo que en caso de una guerra con los yumas (americanos) los cubanos van defender a esta crápula. Conmigo que no cuenten”, dice molesto un señor.

Esa misma noche, un tipo pasado de tragos golpeó a su pareja en plena calle. Dos ladrones se robaron una lámpara Led solar que colgaba en el primer piso de un edificio. Y una joven intentó buscar auxilio después que le arrebataran su celular en la Calzada de Diez de Octubre. “Estaba con los audífonos puestos y un tipo pasó, me amenazó con una navaja, y además del teléfono se llevó el dinero. Cuando vas a la policía, no hacen nada”, se quejó la muchacha. Por las noches las calles de Cuba se transforman en zonas peligrosas.

“Si tomamos como referencia el año 2018, los delitos como hurto al carterismo, arrebato de prendas o asaltos en la vía pública se ha multiplicado por ocho en 2026. Los perpetradores aprovechan los apagones y la disminución de la presencia policial en las calles. Faltan instructores para atender esos delitos y debido al déficit de combustible, la técnica operativa de criminalística funciona solo para casos importantes. Muchas veces ni siquiera tenemos productos que recopilan huellas en el lugar de los hechos”, revela a DLA un oficial de la policía.

Y explica que “se priorizan los recursos cuando se producen protestas callejeras y casos de asesinatos. La Habana contaba con una red de cámaras de vigilancia y alarmas que ahora con los apagones, y por no contar con baterías no funcionan cuando no hay electricidad o ya se han roto. Eso lo saben los delincuentes. Por eso actúan con tanta impunidad”.

Un preso común, llamémosle Arturo, que cumple sanción en una penitenciaría en la provincia Mayabeque, al sur de La Habana, cuenta que “trabaja en una granja donde se crían vacas y toros que pertenecen al Consejo de Estado. Por falta de guardias, los oficiales del penal les piden a los presos que hagan rondas nocturnas para que no se roben los animales. En los últimos dos meses se han llevado un par de toros y una vaca".

"La vaca la deshuesan y luego dejan tirada la osamenta en el monte. Fíjate si las cosas están malas en este país que pretenden usar a los presos para enfrentar a los delincuentes que se dedican al hurto y sacrificio del ganado. Es el colmo del disparate”, afirma el recluso.

Ni las sanciones de diez años de cárcel han frenado ese tipo de delitos. En la provincia Villa Clara, a unos 280 kilómetros al este de La Habana, solo en 2023, 12.237 cabezas de ganado fueron robadas o descuartizadas. Un repunte de un 200 por ciento en comparación con 2021. Esa cifra no incluye a las más de 22.000 vacas que murieron en 2024 en la misma provincia por falta de agua, comida y medicamentos. Ya las autoridades ni se molestan en actualizar esos datos.

Un ex recluso, quien cumplió una sanción de siete años por hurto y sacrificio de ganado, asegura que “el bisne de la carne de res es un negocio a varias bandas. A veces los robos se cuadran con los campesinos de vaquerías estatales. Otros se pactan con la policía que te deja robar el ganado cuando le pagas dinero. Mientras haya demanda de carne de res en determinados sectores de la sociedad, va a continuar la matanza de vacas, caballos, carneros y cualquier otro animal de cuatro patas que no sea un perro, pues es un negocio muy lucrativo”.

Rufino, dueño de una finca en Artemisa, considera que “para muchos campesinos tener ganado vacuno les trae más perjuicios que beneficios. El Estado te valora una vaca a precio de saldo. Cuando te roban una, casi siempre eres el principal sospechoso. Y todas las madrugadas debes velar para que no te las roben. En ocasiones poniendo en peligro tu vida. No vale la pena tanto esfuerzo”.

Hasta el 12 de agosto, el Observatorio de Alas Tensas (OGAT) había contabilizado entre enero y julio de 2026, 46 feminicidios en Cuba. El último registrado ocurrió el 29 de julio. La víctima se llamaba Adis Glennis Rodríguez y tenía 34 años. Fue asesinada por su pareja en el hospital de Bayamo, en la provincia Granma.

Medios independientes han reportado que en la madrugada del domingo 16 de agosto, el opositor Diosbel Veliz Marín fue asesinado con dos puñaladas en el reparto Altahabana, municipio Boyeros. Veliz Marín era miembro del Movimiento Opositores por una Nueva República (MONR) y se ganaba la vida como bicitaxista. Las circunstancias exactas del crimen y su móvil aún no habían sido esclarecidos.

El monitoreo de Cubalex, bufete jurídico independiente dirigido por la abogada Laritza Diversent y cuya sede radica en Estados Unidos, ha documentado 2.932 eventos de violencia e inseguridad en Cuba entre 2023 y los primeros seis meses de 2026, de ese total, 736 corresponden a homicidios.

El oficial de la policía consultado por DLA considera que los “casos de robos, hurtos y asaltos, donde las víctimas no pierden la vida, pueden ser cuatro o cinco veces mayor, porque no siempre las personas lo notifican a la policía”. El auge de la violencia llega precedido por el aumento de pandillas juveniles. Casi todas surgen en barrios pobres y sus integrantes tienen entre 15 y 25 años.

De acuerdo al oficial, su rango delictivo es amplio. “Comienzan con pequeñas fechorías que después van aumentando. Desde el robo de paneles solares hasta saqueos a propiedades de dueños de MIPYMES donde suelen sustraer grandes cantidades de dinero. También, asaltos en la vía pública bajo los efectos del alcohol o las drogas por el simple placer de intimidar a la gente”. Igual te quitan una moto eléctrica, un celular, que una camiseta rosada del Inter Miami de Leo Messi.

Germán, psicólogo al frente de un proyecto comunitario que atiende a alcohólicos y drogadictos, subraya que “el crecimiento en el consumo de drogas ha sido brutal. No disponemos de estadísticas de las instituciones del gobierno para confirmarlo. Pero es evidente la cantidad de personas en las calles bajo los efectos de las drogas. Las causas son diversas y van desde la profunda crisis económica, hombres y mujeres que no encuentran futuro o un proyecto de vida en su país, hasta familias desestructuradas”.

Un papelillo impregnado con la nociva sustancia conocida como el 'químico' cuesta apenas 250 pesos, equivalente a 37 centavos de dólar al cambio actual en el mercado informal. Vale menos que comprar un refresco. Y cuatro veces más barato que un plato de comida en una fonda privada.

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