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REPORTAJE

Cuba: El régimen "perdió el control de las divisas y ahora solo les queda emplear la fuerza"

El régimen ha montado en Miami, la ciudad del anticastrismo, cientos de agencias de viajes y envíos de remesas y paqueterías a Cuba

Por IVÁN GARCÍA

El teniente coronel Yisnel Rivero Crespo, jefe del departamento de delitos económicos del departamento técnico de investigaciones (DTI), compareció ante los medios estatales vestido de verde olivo y con una ristra de medallas colgadas en su uniforme. Antes de salir en cámara, una maquillista le quitó el brillo del sudor en su cara y lo peinó con cepillo. El escenario fue una oficina del Ministerio del Interior —institución que ha convertido la represión en una maquinaria eficaz—, revestida de madera barnizada con un logo de gran tamaño y las siglas DTI al fondo.

Con sus manos entrelazadas encima de un buró, Rivero Crespo, en tono acusatorio, dijo que “el país recibe menos del 10 por ciento de las divisas que antes entraban debido a la política de persecución financiera del gobierno estadounidense y a nuevas modalidades delictivas que retienen el dinero fuera de frontera”. Y en dos minutos puntualizó el modus operandi del supuesto tráfico ilegal de divisas, recurso al cual se ven obligados a utilizar emprendedores privados, debido a la ausencia de un mercado cambiario legal.

Después, el teniente coronel recalcó que la investigación sigue abierta y tendrá nuevos capítulos en la medida en que se identifiquen otros operadores y conexiones internacionales. En la dictadura castrista el recurso del miedo es un arma formidable para intimidar a la población. El nuevo mensaje de ida y vuelta del régimen es preciso: cada dólar que entre a Cuba es nuestro.

De eso se trata cuando usted analiza la estrategia oficial para “corregir distorsiones” o la economía de guerra implementada por la más longeva autocracia en el hemisferio occidental, que intenta controlar como antaño el mercado de divisas. Hasta 2018, la dictadura contaba con una estructura diseñada para captar moneda dura. Se llama GAESA, un monopolio militar con más de cien empresas y negocios que administra 40 mil habitaciones de hoteles, una zona franca con su puerto, agencias de envíos de remesas a la Isla, bancos, gasolineras y mercados que venden en dólares.

Según una investigación de El Nuevo Herald, GAESA es un holding que cuenta con reservas bancarias de hasta 18.000 mil millones de dólares mientras el país se cae pedazo, el 89 por ciento de la población vive en la extrema pobreza, un 70 por ciento de cubanos come una vez al día y un virus sin nombre ha contagiado a millones de compatriotas provocando cientos de muertes.

A los más de 70 mil afectados por el huracán Melissa en la región oriental que perdieron sus casas, GAESA no les ha entregado donaciones. Al emporio militar no lo fiscaliza la Contraloría General de la República ni tampoco rinde cuentas a la ciudadanía de cómo utiliza las divisas. Todo es un misterio. Lo único que se sabe es que ha gastado más de 20 mil millones de dólares en la construcción de hoteles y condominios exclusivos destinados a extranjeros.

GAESA solo rinde cuentas a Raúl Castro y su familia. Algunos especialistas en temas cubanos, creen que hay dos gobiernos: el de Díaz-Canel y su camarilla, que administra las donaciones foráneas, la recogida de basura y la cantidad de arroz a repartir por la libreta de racionamiento, y el de GAESA, dueño de los negocios rentables y de las divisas que entran al país. Error. Hay una sola dictadura. La de Raúl Castro y su monopolio empresarial. Díaz-Canel es un pararrayo designado para enfrentar el amplio descontento ciudadano. Reprime y obedece al mandato de su jefe.

Y la orden es recuperar el control del dólar. En su mejor momento, los mecanismos diseñados por GAESA recaudaban entre 2.500 y 3 mil millones de dólares anuales de remesas enviadas por cubanos radicados en Estados Unidos. El exilio era una vaca lechera productiva. En cada ordeño suministraba miles de millones de dólares que se reinvertían en adquirir alimentos y pacotillas chinas baratas, compradas por bultos en la zona franca de Colón, Panamá.

Luego esos artículos los revendían en sus cadenas de tiendas con ganancias del 300 por ciento. Negocio redondo. El dinero de los 'gusanos' sufragaba a la revolución fidelista. Con las ganancias millonarias, la casta verde olivo vivía como auténticos potentados capitalistas. Nada que envidiar a los Fanjul, Bacardí o Jorge Más Santos.

El régimen ha montado en Miami, la ciudad del anticastrismo, cientos de agencias de viajes y envíos de remesas y paqueterías a Cuba. El 'bisne' marchaba viento en popa. Pero arreció la crisis sistémica en Cuba, llegó la pandemia del Covid y con el cierre de Western Union en la Isla, encargada de girar las remesas, pequeñas agencias privadas, no controladas por GAESA, comenzaron a enviar dólares, entregados en efectivo a sus destinatarios.

El absurdo modelo económico cubano entró en fase terminal. Las autoridades, desesperadas, implementaban un disparate tras otro, como Tarea Ordenamiento, entre otras medidas, planes y leyes. Pero nada funcionó. El flujo de la caja de GAESA, y por tanto, de Raúl Castro y su familia, comenzó a menguar. Fue entonces que el ex coronel Manuel Marrero, primer ministro, habló hace más un año de un grupo de medidas que recuperarían “los más de dos mil millones de dólares que el gobierno ha dejado de captar”. Como si el dinero les perteneciera por decreto.

Esos dólares, justifica la dictadura, permiten financiar la salud pública, educación, agricultura y programas sociales. Para reconquistarlos se trazó una campaña difamatoria contra el medio digital El Toque, que desde hace cuatro años diariamente publica una tasa del valor de las divisas en el mercado informal y que se ha convertido en una referencia entre la población.

Según un periodista oficial con más de veinte años de experiencia, “se demoniza a El Toque no solo por esa tasa de referencia, también por ser una web antigubernamental”. Y explica cómo es que se activa la maquinaria propagandística. “En la última semana de octubre llegó un directiva del DOR (departamento de orientación revolucionaria, que administra la propaganda en el partido comunista), de publicar diversos artículos sobre la forma que El Toque manipula el mercado cambiario. Ordenanzas que deben cumplir los tres medios nacionales (Granma, Juventud Rebelde y Trabajadores), los quince provinciales y las cientos de estaciones de radio, televisión y sitios como Cubadebate, el acorazado de la desinformación en el país".

"Las informaciones vienen del Palacio de la Revolución. Los periodistas no tenemos derecho a investigar ni a replicar. Somos simples amanuenses. Esas campañas informativas a veces duran semanas. La del Toque, sospecho, va extenderse hasta enero, cuando el gobierno apruebe el nuevo programa económico que será muy impopular, pues traerá nuevas subidas de precios de productos y servicios”, aclara el reportero estatal.

La cruzada de descrédito intenta confundir a los cubanos, al acusar a El Toque, de manipular la tasa cambiaria de divisas en el mercado informal. Y culpar a las agencias de remesas fuera del control estatal, de tráfico de divisas y de generar déficit de pesos en los bancos locales.

Gustavo, economista, opina que "una mentira repetida mil veces llega a creerse, como dijo Goebbels. Un sector de los emprendedores privados, sofocados por los elevados impuestos y el alza constante del dólar, les interesa que el dólar fluctué entre 300 y 340 pesos, pues cada vez que suben los precios de su mercancía pierden clientes. Se está llegando a un punto crítico, inducido por el gobierno por sus recortes del presupuesto fiscal, bajos salarios y jubilaciones, donde ya no es asumible por el cliente pagar precios tan elevados".

"Solo quienes reciben más de 300 dólares mensuales pueden comprar los bienes que necesitan. Una familia de cuatro personas, para poder hacer dos comidas diarias de cierta calidad y tener un nivel de vida decente, necesita 100 mil pesos mensuales, más o menos el equivalente de 300 dólares. El Toque no es culpable de la inflación, ni de la devaluación del peso. Es el gobierno con sus erráticas medidas económicas y su temor a desatar las fuerzas productivas”, afirma Gustavo.

Un emprendedor privado, dueño de un mercado al sur de La Habana, considera que “el gobierno quiere matar dos pájaros de un tiro. La campaña contra El Toque persigue allanar el camino para cuando abran su mercado cambiario. No quieren que les pase lo mismo que en 2022, cuando valoraron el dólar igual que El Toque, 120 pesos, y se disparó a más de 200 pesos. Esta vez podrían utilizar incluso sanciones penales para frenar al mercado informal. Es un viejo truco del gobierno. Aprueban al sector privado -más por necesidad económica que por deseos- con muchísimas limitaciones e impuestos irracionales porque el Estado ha fracaso. Pero al no existir un marco jurídico coherente, los emprendedores nos vemos obligados a utilizar diversas formas para comprar dólares y aprovisionarnos, porque el sistema bancario cubano no vende divisas”.

“Con la importación de alimentos pasa lo mismo, al proveedor extranjero hay que pagarle con antelación. Por los canales oficiales es casi imposible. Por su lentitud, debido al embargo que impide utilizar bancos estadounidenses y porque el Estado en cualquier momento puede decretar un corralito financiero, como sucedió con empresas de otros paises radicadas en Cuba. Entonces el sector privado opta por los canales informales. No tienes otra opción”.

“La primera declaración de guerra del gobierno a las MIPYMES fue en enero de 2024, cuando impusieron un tope de 80 mil pesos diarios de venta y 120 pesos al mes. Cualquier negocio más o menos exitoso, en un día vende 200 o 300 mil pesos. Le siguió la bancarización y ahora el alza de impuestos a los productos terminados y a los ingresos de los trabajadores que contratamos. Son muy astutos. Te atacan con el arma arancelaria para ahogar los negocios y generar pérdidas. Antes, un trabajador pagaba el 5 por ciento de impuesto de su salario. Ahora debe pagar un 20 por ciento. Si ganas 30 mil pesos, el ministerio de finanzas te quita 6 mil pesos”.

“Y a la mayoría de pequeños negocios que importamos bienes que no son de interés del gobierno nos suben los gravámenes un 50 por ciento. Es increíble. Atacan a la gestión privada que ha creado un millón 600 mil puestos de trabajo con impuestos del 35 por ciento sobre las ganancias, otro impuesto del d10 por ciento sobre las ventas y servicios prestados, un arancel del 5 por ciento por el uso de la fuerza de trabajo, pagar el uno por ciento para apoyar a los gobiernos locales y contribuciones a la seguridad social que equivalen al 14 por ciento del salario de los trabajadores. Además. los dueños de MIPYMES tienen que pagar hasta un 20 por ciento de impuestos sobre los dividendos. Todos esos pagos son para impedir que ganes mucho dinero. El gobierno cubano está desesperado, perdieron el control de las divisas y ahora solo les queda emplear la fuerza”, concluye el emprendedor habanero.

Cuando se trata de dinero y negocios particulares, la dictadura castrista siempre aplica la misma estrategia. Prohibe que los cubanos puedan acumular capital. El único beneficiario solo puede ser el régimen, que pronto cumplirá 67 años en el poder.

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