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Análisis

¿Cuba estará diseñada a imagen y semejanza del desaparecido caudillo?

La República de Cuba nació después de ser una colonia española y se fundó bajo tutela norteamericana, condiciones que generaron contradicciones, desarrollo económico e inestabilidad política
Por Juan José López Díaz

He oído mucho decir que la mayoría de los cubanos fueron fidelistas. El dictador Fidel Castro construyó una imagen internacional diferente de quien fue dentro de la patria, lo cual es un tema controversial, pero cabe preguntarse: ¿Es la sociedad cubana vulnerable a tiranos y caudillos? ¿Qué dirán los sociólogos en el futuro?

La República de Cuba nació después de ser una colonia española y se fundó bajo tutela norteamericana, condiciones que generaron contradicciones, desarrollo económico e inestabilidad política. Después de 1959, cuando el revolucionario Fidel Castro, de cuestionada independencia, llega al poder y se convierte en caudillo, la rueda de la historia comienza a dar marcha atrás. ¿Fue Castro un elemento aislado o una expresión más de nuestra cultura?

Si bien el General Fulgencio Batista rompió el orden de 1940, que protegía la propiedad privada y la respetó, sin embargo, Fidel Castro pisoteó el mismo orden y convirtió la propiedad en meras formas y papeles. Destruyó la industria, el comercio y producción de bienes y servicios, además confiscó derechos naturales del ser humano, económicos y políticos que estaban plasmados en la misma Carta Magna. Para muchos cubanos y no cubanos: el primero, Batista, murió con una imagen de dictador y al segundo, Castro, todavía algunos le llaman revolucionario.

Los caudillos actúan como ungidos por Dios, crean en él o no. Se erigen como padres de familia e intentan educar a toda la sociedad como si se tratase de una inevitable tutela sobre todos, engendrándoles sus valores positivos o negativos según su naturaleza y propósitos, por eso la macabra ideación del “hombre nuevo” en la sociedad cubana. Un fracaso, por un lado, pero un éxito para el caudillo, por el otro. Castro murió en su cama y el régimen continúa hasta hoy.

En Cuba, a principios de la revolución ocurrió una contradicción de clases, los revolucionarios les quitaron a sus dueños lo que les pertenecía, fueran cubanos o extranjeros. Fusilamiento, cárcel, nacionalización e indemnización indebida y destierro fueron los métodos empleados. La diáspora radicada en Florida y New Jersey básicamente se fortaleció y ha intentado recuperar “lo perdido”, incluida su patria. El Congreso norteamericano refleja esa realidad en leyes aprobadas por piezas de los dos partidos clave.

Dentro de Cuba, aun cuando existe un fuerte sentimiento anti-castrista, persiste una sociedad fidelista. Duele decirlo, pero debemos encarar esta decadente realidad. Una manifestación post mortis del caudillo es la vulgar expresión que nombra al puesto a dedos, "Díaz-Canel, singao". Un epíteto, nacido del enojo de mucha gente ante la terrible crisis y a la par de la grosería convertida en lenguaje popular, que debió gritársele también a Fidel Castro, sin embargo, eso no ocurrió en la misma medida en las calles cubanas.

Han transcurrido más de 60 años. Las generaciones oponentes a la primera etapa de la Revolución formaron la Brigada 2506 y entraron por Bahía de Cochinos y otros lados de la isla. También hubo reacción campesina en las montañas de Cuba, básicamente en el Escambray. Ambas fueron sofocadas, pero la primera tuvo su continuidad externa y logró éxitos y leyes en Estados Unidos de América que todavía gravitan sobre la Isla.

Las llamadas nacionalizaciones o confiscaciones de la propiedad en Cuba son un factor que diferencia las etapas de la lucha interna. En el contexto de las guerras de independencia ocurrieron como represalias a los hacendados que se rebelaron contra la Metrópolis española, pero la tozudez de esta estancaba el desarrollo e impedía el libre comercio en la isla. En la etapa revolucionaria las expropiaciones fueron claves para la reacción posterior.

Una sociedad que genera riquezas crea sus propias causas para avanzar y desarrollarse, como para luchar por cambios en lo político como en lo económico. El hambre ha provocado reacciones, pero no lo suficientemente intensas y sostenidas para derrocar el régimen. Esta afirmación está avalada por varias décadas de nuestra historia, conclusión que hay que extenderla para analizar si la economía genera cambios en favor de libertades civiles o políticas. En China se abre un escenario para este debate, pero Cuba es nacida en occidente y aunque dentro de ella hay chinos, son una pequeñísima minoría. Cuba no es China. Cuba es otra cosa.

El movimiento que exige derechos humanos dentro del país, iniciado por generaciones que muchos compartieron historia o simpatizaron con el caudillo. Es un movimiento civilista, sufre penetraciones policiales y calumnias oficiales, pero es auténtico. Las nuevas generaciones mantienen este legado, pero se inclinan a manifestarse espontáneamente más que a organizarse, sin discriminar esfuerzos como los de San Isidro. Más significativo fue el levantamiento multitudinario y espontáneo del 11 de Julio.

La lucha por cambiar a Cuba, su rumbo político y económico, es cuestión de continuidad. Igual nos lo dice muy claramente la tiranía. "Somos continuidad", acota Diaz-Canel, para que no queden dudas de que él representa el nuevo rostro, la cara en el escenario del castrismo. No hay que satanizar nada que concierne a nuestro lado oponente, la diferencia entre sus causas de surgimiento no tiene que ver con los elevados objetivos que todo período de lucha persigue.

Un fruto de la anterior contradicción y el esfuerzo por recuperar lo perdido en Cuba es la Ley para la Solidaridad y Apoyo a la Democracia en Cuba. Que ha resultado muy difícil ejecutarla en su integridad y aplicar sus excepciones. La correcta interpretación y aplicación de la Ley Helms Burton no debe ser motivo de pelea entre demócratas cubanos.

Es importante entender que los cubanos no somos diferentes a otras nacionalidades. Ucrania aguantó a los soviéticos y ahora pelea contra los rusos. La libertad es intrínseca en los seres humanos y aunque todos sufrimos períodos oscuros, no quita que queramos ser iluminados por la luz de la libertad. Ojalá pronto ilumine a los cubanos, que la necesitan de igual manera. Nos urge hace muchísimo tiempo.

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