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Perspectiva

Cuba: Vergüenza ante la servidumbre

Comprender los mecanismos psicológicos, sociales y políticos que perpetúan el apoyo al régimen en contextos de opresión resulta esencial para evaluar la estabilidad interna de Cuba y las perspectivas de cambio

Por PEDRO CORZO

Este análisis expone la contradicción moral y social de sectores de la población cubana que, pese a vivir bajo condiciones de privación extrema, continúan mostrando respaldo al régimen castrista. El autor examina las dinámicas de manipulación, miedo, adoctrinamiento y distorsión de la realidad que sostienen este fenómeno, al tiempo que reivindica la tradición histórica de resistencia dentro del pueblo cubano frente al totalitarismo.

Por qué esto importa

Comprender los mecanismos psicológicos, sociales y políticos que perpetúan el apoyo al régimen en contextos de opresión resulta esencial para evaluar la estabilidad interna de Cuba y las perspectivas de cambio. Este fenómeno no solo impacta la dinámica doméstica, sino que también tiene implicaciones estratégicas para la región y para los actores internacionales que interactúan con el régimen cubano.

Sé que a algunos no les gustará este comentario, que no faltarán quienes se molesten y hasta me increpen, pero como admirador de José Martí sigo su postulado de que "Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado” y pretendo, intento, ser un hombre honrado, así que lo que opino no lo callaré, aunque mis compatriotas se sientan agraviados.

Avergüenza ver a muchos nacidos en Cuba seguir apoyando el totalitarismo castrista a pesar de no disfrutar el más mínimo derecho ciudadano y sobrevivir en la miseria extrema. La mayoría de los cubanos está consciente de que vive en condiciones peores que las de los esclavos de los ingenios azucareros del siglo XVIII; sin embargo, un segmento nada despreciable participa en espectáculos que benefician al sistema que los oprime.

Estoy convencido de que hay quienes creen que el castrismo les dio una vida mejor; no especulo: los conozco, personas que no se percatan de que viven como animales de corral y que las condiciones de vida de todos tienden a mejorar cuando hay libertad y se pueden disfrutar libremente los derechos.

Estas personas no entienden que se han convertido en una masa manipulada por una clase que detenta el poder para su exclusivo beneficio, que están sometidas a una instrucción doctrinal que les hace creer que la alternativa es la muerte o una miseria mayor. Estos sujetos se niegan a aceptar que la realidad que viven forma parte de un entramado gigantesco que funciona dentro de las murallas construidas por los Castro y en el que Miguel Díaz-Canel es el mayoral.

Recientemente vi un número notable de cubanos vitoreando al inepto déspota de Díaz-Canel, mostrando, incomprensiblemente, respaldo a quien le oprime, aún más, mientras la capital permanencia en casi absoluta oscuridad, otro o el mismo populacho, se detenía frente al iluminado hotel donde se reunían los integrantes de un convoy de idiotas útiles convencidos de que quienes los aclamaban eran víctimas de confabulaciones imperiales y no de un sistema que ha conducido a la nación al despeñadero.

Estoy convencido de que algunos participan en estos actos por miedo, un sentimiento del que muy pocos se escabullen, y que los cubanos han vivido durante demasiadas décadas. Otros asisten porque permanecen seducidos por una mentira que ha sido derruida por la realidad; están convencidos, como las ratas de Hamelín, de que seguir la tonada hasta la hecatombe es lo mejor; sin faltar unos terceros, al menos por dos motivaciones que, al final de las cuentas, se confunden: la frivolidad y el respaldo a quien te oprime, una especie de síndrome de Estocolmo masivo.

El castrismo ha dispuesto de un notable talento para manipular a la población cubana. Con ese propósito creó un número importante de organizaciones que reparten mucho garrote y poca zanahoria, generando una inseguridad mezclada con miedo difícil de superar, pero por encima de esa inducción criminal, tengo la certeza de que no faltan cubanos que, como robots, tienen inscrito en su consciente que cualquier otra propuesta política o ideológica es peor que la que padecen.

Al totalitarismo castrista nunca le han faltado aliados, porque todos los que rechazan lo que representa Estados Unidos están dispuestos a asistirle; por eso, la escogencia de Castro de Washington como su archienemigo siempre le ha sido favorable.

No obstante, me siento muy orgulloso de que nunca haya faltado cubanos que rechacen el castrismo. Desde el primero de enero, a pesar del poder casi omnímodo de los opresores, hombres y mujeres de diferentes procedencias sociales y de todas las edades y razas, enfrentaron la dictadura en tiempos en que la comida no faltaba y el fluido eléctrico satisfacía la demanda, gracias a que los bienes acumulados de la República que Fidel y Raúl Castro destruyeron los había originado.

Cierto que en aquellos días la libertad de prensa estaba siendo corroída. El viajar libremente sufría limitaciones, quienes practicaban una religión eran discriminados, la educación mutaba a adoctrinamiento y hasta ponerse cuello y corbata era subversivo, abusos que condujeron al fusilamiento de Porfirio Ramírez, Alberto Tapia Ruano y de miles más, que Pedro Luis Boitel y Orlando Zapata Tamayo junto a otros dignos compatriotas fallecieran en huelga de hambre y que Ángel de Fana, Ernesto Días Rodríguez y Amado Alfonso con otros centenares de miles, fueran a prisión por defender los derechos de todos.

Tres puntos clave

Publicado originalmente en el Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, un grupo de expertos no partidista que se especializa en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. Más información del Miami Strategic Intelligence Institute en www.miastrategicintel.com

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