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CUBA-EEUU

Entrevista de nieto de Raúl Castro a USA Today, un termómetro de La Habana hacia Washington

Raúl Guillermo Rodríguez Castro defiende el legado castrista y se presenta como interlocutor con EEUU en medio de la crisis humanitaria que enfrentan los cubanos

Por CARLOS ARMANDO CABRERA

MIAMI. – Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto mayor de Raúl Castro, que hasta fecha reciente solo mostraba el título de escolta de su abuelo, acaba de conceder una entrevista exclusiva a un medio de comunicación estadounidense. Durante dos días, quien es conocido por el sobrenombre “El Cangrejo” habló de su infancia junto a su familia, de las conversaciones que presenció entre Fidel y Raúl Castro, de la influencia que ejerce dentro del aparato político y económico de la isla, de los privilegios que han acompañado su vida y de su disposición a convertirse en un puente de comunicación entre La Habana y Washington.

“Nunca he sentido una vocación por la política. Pero si algún día la Revolución necesita que dé un paso al frente, lo haré”, afirmó durante la entrevista concedida a USA TODAY, en la que también anunció disposición de dialogar directamente con el presidente Donald Trump, “si las circunstancias lo permiten”.

Su irrupción pública se produce en uno de los momentos más delicados para Cuba. La isla enfrenta una prolongada crisis multisistémica con intensos apagones diarios, escasez de alimentos, medicamentos y combustible, mientras la administración estadounidense mantiene la presión sobre el régimen mediante nuevas sanciones dirigidas contra empresas estatales y altos funcionarios.

Aunque no ocupa un cargo dentro del Consejo de Estado, el Buró Político ni el Partido Comunista, personas consultadas por el diario estadounidense coinciden en que su influencia supera la de numerosos dirigentes con responsabilidades formales. Su relación familiar con el general de ejército, a quien todos identifican como la persona que ciertamente controla los hilos del poder en Cuba, el acceso permanente a los principales espacios de decisión y su relación con GAESA, el conglomerado empresarial administrado por las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), lo han convertido en un actor con peso en asuntos políticos, económicos y de seguridad.

El nieto que creció junto al poder

Raúl Guillermo Rodríguez Castro nació en el seno del núcleo familiar que controla los destinos de Cuba hace casi siete décadas.

Raúl Guillermo es hijo del fallecido general Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, quien dirigió durante años GAESA, y de Déborah Castro Espín, hija de Raúl Castro y de Vilma Espín.

Su infancia transcurrió rodeada de generales, escoltas, oficiales de inteligencia y dirigentes que integraban el círculo más cercano del poder. Al cumplir 18 años se trasladó a vivir con sus abuelos y comenzó a compartir la cotidianidad del hombre que encabezó durante casi medio siglo las FAR antes de que su hermano Fidel le cediera el poder.

Aquella convivencia trascendió el ámbito familiar.

Según relató, su abuelo quiso que desde muy joven asistiera a reuniones donde se debatían los principales asuntos del Estado. Durante horas escuchó conversaciones entre Fidel y Raúl sobre economía, defensa, política exterior y seguridad nacional, una experiencia que, según explicó, moldeó su visión del país y fortaleció la confianza que su abuelo depositó en él.

Con el tiempo, dentro del ámbito más próximo de ese entorno comenzó a ser conocido como “Raulito”, un sobrenombre que reflejaba la estrecha relación que ambos mantenían.

El origen de “El Cangrejo”

Sin embargo, el apodo por el que hoy es reconocido dentro y fuera de la Mayor de las Antillas nació mucho antes.

Raúl Castro empezó a llamarlo “El Cangrejo” porque llegó al mundo con seis dedos en la mano derecha. Tres intervenciones quirúrgicas practicadas durante la infancia corrigieron parcialmente la malformación congénita, aunque todavía conserva una deformidad visible en uno de sus pulgares.

Ese sobrenombre terminó acompañándolo durante toda su vida y hoy es la forma en que muchos lo identifican dentro de los círculos políticos y militares de la isla.

Cursó estudios en Los Camilitos, una escuela militar destinada a formar futuros oficiales, y posteriormente se graduó de Contabilidad y Finanzas en la Universidad de La Habana (UH). Más adelante alcanzó el grado de coronel dentro del Ministerio del Interior, sin tener méritos para ese ascenso.

Su jornada comienza antes del amanecer. Cada mañana revisa informes clasificados elaborados por los ministerios del Interior, Relaciones Exteriores y las FAR. Los transporta en un portafolio Salvatore Ferragamo y, horas después, analiza esa información junto a su abuelo durante encuentros privados.

En público continúa refiriéndose a su abuelo como “ministro”, en referencia al cargo que desempeñó durante décadas al frente del organismo militar. En privado, admite que esa relación cambia cuando la conversación deja de ser política.

“Entonces deja de ser el ministro y vuelve a ser simplemente mi abuelo”, relató en la entrevista.

Una lealtad sin matices

El nieto de Raúl Castro rechaza cualquier distanciamiento del legado de su tío abuelo Fidel Castro, tampoco de su abuelo Raúl.

Recordó que tenía apenas 12 años cuando leyó por primera vez publicaciones críticas sobre ambos dirigentes. Asegura que nunca les dio crédito porque asegura que conocía personalmente a quienes protagonizaron la Revolución.

“Conocía a esas personas. Eran buenas personas. Los hombres que hicieron esta Revolución eran justos, pero no eran tontos”, según consideró en la entrevista.

En sus declaraciones demostró que la admiración también alcanza a su abuela, Vilma Espín, a quien atribuye un papel decisivo en la incorporación de la mujer a la vida política y social del país.

Mientras hablaba de su familia, sacó de debajo de la camiseta una cadena de oro con un medallón grabado con las iniciales FCR y RCR, correspondientes a los hermanos Castro Ruz.

“Si hay algo en lo que creo, es en esos dos hombres”, afirmó.

Privilegios y una Cuba en crisis

Si la primera imagen que proyecta Rodríguez Castro es la de un hombre formado desde joven para moverse en el círculo más estrecho del poder, la siguiente rompe con otra de las narrativas que durante décadas acompañó al liderazgo cubano: intentaron aparentar una élite austera, distante de los lujos y cercana a las dificultades cotidianas de la población.

El entrevistado reconoce que ha disfrutado de oportunidades que la inmensa mayoría de los cubanos nunca ha tenido.

Viajes frecuentes al extranjero, vuelos en aviones privados, desplazamientos en yates, acceso a marcas de lujo y una libertad de movimiento difícil de imaginar para buena parte de los ciudadanos de la isla forman parte de una realidad que contrasta con un país marcado por las penurias y el deterioro de la calidad de vida.

Su propia imagen refleja esa diferencia.

Durante la conversación apareció vestido con jeans ajustados, una camiseta de la marca Hugo Boss y zapatillas Hermes. En otros encuentros utilizó prendas Dolce & Gabbana, un reloj Rolex de acero inoxidable y el reconocido portafolio Salvatore Ferragamo donde transporta diariamente los informes reservados que luego comenta con su abuelo.

La escena poco recuerda a sus antecesores, quienes durante décadas hicieron del uniforme verde olivo uno de los símbolos más reconocibles de la mal llamada Revolución cubana.

Un mundo que la mayoría de los cubanos nunca ha visto

Como integrante de la comitiva de Raúl Castro, el coronel recorrió numerosos países y conoció ciudades que hoy menciona con naturalidad.

De Nueva York destaca su ritmo permanente y recuerda con entusiasmo las ocasiones en que asistió a partidos de los Yankees desde localidades próximas al terreno de juego. Su admiración por Derek Jeter, una de las grandes figuras de la franquicia, aparece varias veces durante la conversación.

De París elogia la arquitectura, la gastronomía y el ambiente de la ciudad. Incluso imagina una Cuba donde productos como el foie gras puedan encontrarse algún día con normalidad en los mercados.

También habla de Moscú, cuya arquitectura monumental y nivel de desarrollo considera un referente de modernidad.

Mientras describe esos viajes, el contraste con la realidad cubana resulta inevitable.

Los viajes que despiertan preguntas

Uno de los episodios que más atención ha generado alrededor de su figura fue sus frecuentes desplazamientos a Panamá.

Una investigación periodística documentó al menos 23 viajes en aviones privados entre 2024 y finales de 2025, recorridos durante los cuales fue relacionado con compras de artículos de lujo y reuniones con empresarios.

El nieto de Raúl Castro no negó esos desplazamientos. Por el contrario, sostuvo que respondían a la búsqueda de inversionistas y oportunidades de negocios que pudieran contribuir a aliviar la crisis económica que atraviesa la isla.

Durante parte de esas visitas estuvo acompañado por la general de brigada Ania Guillermina Lastres Morera, quien asumió responsabilidades dentro de GAESA tras la muerte de su progenitor Luis Alberto Rodríguez López-Calleja y que recientemente fue sancionada por Estados Unidos debido a sus vínculos con el conglomerado militar.

“Me duele que muchos no puedan vivir como yo”

Una de las preguntas del encuentro giró precisamente en torno a ese contraste entre su estilo de vida y las dificultades que enfrentan la mayoría de los cubanos.

Lejos de intentar ocultarlo, reconoció que vive en condiciones muy distintas.

“Me duele que mucha gente no pueda vivir como yo. Me pesa cómo la gente lo pasa. Y trabajo todos los días para cambiar esa situación.”

También negó haber construido una fortuna personal. Aseguró que la ropa de diseñador, varios de los vehículos que utiliza y parte de sus viajes al extranjero han sido financiados por amigos y personas cercanas con elevados recursos económicos, una explicación que, según recoge el reportaje, ha sido recibida con escepticismo por numerosos críticos del régimen.

Un dirigente atípico

El Cangrejo también rompe con el perfil tradicional de los dirigentes históricos de la Revolución.

Practica levantamiento de pesas al menos seis veces por semana y asegura que el entrenamiento forma parte de su rutina diaria.

Le gusta cantar, bailar y compartir con amigos.

En 2017 protagonizó una de las imágenes que más circularon en redes sociales cuando apareció sobre el escenario junto al dúo Gente de Zona durante una presentación en Varadero.

Vestía una camiseta de los Yankees de Nueva York y bailaba mientras en la espalda de la prenda podía leerse un nombre que desde hace años lo acompaña.

Una escena que resume el contraste

Varios días después de la entrevista, volvió a reunirse con los periodistas en el restaurante El Antojo, en La Habana Vieja.

Llegó por una entrada privada acompañado por guardaespaldas. Vestía otra camiseta de diseñador, pidió un Aperol Spritz, luego una copa de vino tinto californiano y conversó durante más de cinco horas mientras compartía chicharrones con limón, lujos que no pueden compartir los cubanos de a pie como lo reconoce la publicación.

Fuera del lugar, gran parte de La Habana permanecía parcialmente a oscuras debido a la crisis energética. Decenas de personas buscaban señal de internet alrededor de hoteles o intentaban escapar del calor provocado por los apagones.

Dentro del local, paradójicamente, Raúl Guillermo hablaba de prosperidad, inversiones y de una Cuba que, según asegura, puede encontrar su propio camino siguiendo algunas experiencias económicas desarrolladas por China y Vietnam.

“Pronto los cubanos encontrarán en su propio país muchas de las cosas que hoy buscan en el extranjero”, afirmó.

Del círculo de poder al diálogo con Washington

Más allá de la imagen pública que proyecta y de los privilegios que rodean su vida, la atención a la figura de Rodríguez Castro radica en el papel que, según distintas fuentes consultadas por el rotativo americano, desempeña dentro de la estructura de poder cubana.

Aunque no figura entre las principales autoridades del Estado ni ocupa un cargo de dirección dentro del Partido Comunista, el entrevistado asegura que mantiene en comunicación permanente con el núcleo donde se toman las decisiones más importantes del país.

Su nombre ha comenzado a cobrar fuerza precisamente porque se presenta como un interlocutor dispuesto a explorar una nueva etapa en las relaciones que el régimen de La Habana intenta establecer con Washington.

“Puedo negociar con cualquier persona designada por Estados Unidos. Si se da la oportunidad, claro que con Trump”, afirmó.

Sin embargo, dejó claro que cualquier acercamiento tendría como límite los principios que, según él, dieron origen a la Revolución Cubana.

El papel de GAESA

Una parte de esa influencia está vinculada a GAESA, el conglomerado empresarial administrado por el oficialismo que controla sectores estratégicos de la economía cubana, entre ellos hoteles, puertos, constructoras, comercios en divisas, inmobiliarias y empresas financieras.

Y reconoce que mantiene una estrecha relación con esa estructura, aunque rechaza desempeñar funciones ejecutivas. Prefiere definir su participación con una sola palabra: “apoyar”.

Explica que colabora en proyectos de inversión y sirve de enlace entre el conglomerado y su abuelo. También discrepa de quienes sostienen que GAESA controla la mayor parte de la economía nacional.

Según su versión, el grupo representa alrededor del 15 % de la actividad económica del país y buena parte de sus ingresos se destina a financiar alimentos, combustible y medicamentos, afirmaciones que USA TODAY señala no haber podido verificar de manera independiente.

Reformas, presos políticos y EEUU

Durante la cita defendió el paquete de más de 170 medidas económicas anunciado recientemente por las autoridades cubanas con el argumento de flexibilizar distintos sectores productivos y atraer inversión extranjera.

Entre esas iniciativas mencionó mecanismos para compensar a propietarios cuyas propiedades fueron nacionalizadas, así como nuevas disposiciones orientadas a ampliar el espacio para la actividad privada.

Insistió en que esas transformaciones no implican abandonar el modelo político cubano, sino adaptarlo a las circunstancias actuales.

También rechazó que la isla continúe siendo considerada una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos o permanezca en la lista de países patrocinadores del terrorismo.

En relación con los presos políticos, sostuvo que el Gobierno estaría dispuesto a liberar a personas consideradas como tales bajo determinadas condiciones, aunque evitó precisar cuáles serían esos requisitos.

La carta que nunca llegó a la Casa Blanca

Uno de los episodios más llamativos revelados por el diario estadounidense gira en torno a una carta enviada en abril con propuestas para abrir un canal de comunicación entre ambos gobiernos.

El documento incluía iniciativas de cooperación económica, posibilidades de inversión y un eventual alivio de las sanciones estadounidenses. Al mismo tiempo, advertía que Cuba respondería si era objeto de una acción militar.

Según USA TODAY, la comunicación fue interceptada por agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza en el Aeropuerto Internacional de Miami cuando era transportada por el empresario cubano Roberto Carlos Chamizo.

Tanto Raúl Guillermo como el presunto empresario negaron que el documento estuviera dirigido al presidente Donald Trump.

No obstante, el episodio evidencia que ha habido intentos para establecer contactos discretos entre ambos países en medio del deterioro de las relaciones bilaterales.

Una figura que divide opiniones

La aparición pública de El Cangrejo también provocó reacciones entre analistas políticos y conocedores de la realidad cubana consultados por DIARIO LAS AMÉRICAS, quienes consideran que el momento elegido para conceder la entrevista merece una lectura que va más allá de la irrupción de un nuevo vocero del castrismo.

El comandante retirado de Inteligencia Naval José Adán Gutiérrez sostiene que el aspecto más significativo no radica únicamente en quién habló, sino en las circunstancias en que decidió hacerlo.

“Lo más importante no es solamente quién habló, sino por qué habló ahora”, afirmó.

Para el exoficial, el hecho de que una figura tan cercana a Raúl Castro mencione públicamente la posibilidad de negociar con el presidente Donald Trump e incluso haga referencia a una eventual liberación de presos políticos constituye una señal cuidadosamente calculada.

“El régimen está enviando mensajes. Está probando el terreno. Está midiendo la reacción de Washington.”

No obstante, advirtió que esos gestos no deben interpretarse como una apertura democrática.

“Esto no es una señal de democratización. Es una señal de autopreservación. El objetivo parece ser ganar tiempo, reducir la presión internacional, conseguir concesiones y preservar el núcleo del poder.”

En consecuencia, considera que cualquier acercamiento debería estar condicionado a resultados concretos.

“Negociar puede ser necesario, pero cualquier negociación debe estar anclada en hechos verificables: liberación de presos políticos, respeto a los derechos humanos, apertura política real y garantías para el pueblo cubano.”

Si Gutiérrez interpreta la entrevista como una maniobra política del régimen para medir la reacción de Washington y ganar margen de acción en medio de la crisis, el analista político Frank Rodríguez dirige su atención hacia la figura escogida para transmitir ese mensaje. A su juicio, la aparición pública de Raúl Guillermo Rodríguez Castro forma parte de un intento por proyectar una imagen renovada del castrismo sin modificar las estructuras que han gobernado la isla durante más de seis décadas.

“El último ruido viene de una entrevista en USA TODAY, el nuevo intento de venderle un Castro al público americano”, afirmó.

Para Rodríguez, esa estrategia recuerda otros momentos de la historia en los que se intentó construir una imagen favorable de la dirigencia cubana ante la opinión pública internacional.

“Hoy el sobrino nieto de Fidel Castro, que viste como miamense de South Beach luego de salir de LA Fitness, pero que sigue siendo miembro junior de la pandilla, se muestra con la imagen de un joven adulto que ama a su familia”, señaló.

Sin embargo, entiende que esa imagen contrasta con la trayectoria desarrollada por el entrevistado dentro del aparato de seguridad del Estado.

“No se llega a coronel del Ministerio del Interior así como así, pues además de nepotismo hay que demostrar falta de escrúpulos”, manifestó.

También cuestionó que sus viajes al extranjero, el acceso a privilegios y la cercanía con la cúpula gobernante sean presentados como credenciales para liderar una eventual transformación del país.

“Se nos vende que por hacer ‘viajes de negocios’ a Panamá, haber visitado París, romántica según él, y Moscú, opulenta según él, este señor está calificado para gobernarnos con la tutela de un presidente rubio”, sostuvo.

En su opinión, el debate de fondo no gira alrededor de la personalidad del entrevistado, sino del riesgo de presentar al mismo núcleo de poder como una alternativa de cambio.

“Lo importante no es que haya hablado; lo importante es que algunos ya comienzan a presentarlo como el hombre del futuro para Cuba”, advirtió.

Para Rodríguez, una eventual transición democrática no puede estar encabezada por quienes forman parte de la estructura política y de seguridad construida por la propia familia Castro.

“No puede hablarse de renovación cuando pertenece al mismo núcleo de poder que ha gobernado Cuba durante más de seis décadas”, afirmó.

Asimismo, descartó cualquier escenario basado en pactos que, a su juicio, perpetúen el modelo vigente.

“No queremos una Venezuela 2.0, no queremos componendas”, expresó.

Y concluyó con una reflexión sobre el perfil de liderazgo que, a su juicio, necesita el país.

“Hace falta un hombre o una mujer que sea cubano de a pie, no de yates ni de privilegios; alguien que haya sufrido por la causa de una Cuba libre, independiente y democrática.”

Aunque llegan a sus conclusiones desde perspectivas diferentes, ambos analistas coinciden en un punto esencial: la irrupción pública de Raúl Guillermo Rodríguez Castro reabrió el debate sobre el futuro del castrismo. Mientras Gutiérrez interpreta la entrevista como una estrategia del régimen para aliviar la presión política y diplomática sin alterar sus bases de poder, Rodríguez advierte sobre el riesgo de presentar como renovación a una figura formada dentro del mismo sistema. Para ambos, cualquier cambio en Cuba deberá juzgarse por hechos concretos y no por los mensajes que emanen del poder.

Un futuro aún incierto

La primera entrevista concedida por el hombre conocido para muchos como “el sucesor del poder castrista” a un medio de EEUU no solo permitió conocer facetas inéditas de su vida. También abrió un nuevo debate sobre el relevo generacional dentro del castrismo y sobre el papel que podría desempeñar en un eventual proceso de negociación con Washington.

Por ahora, su irrupción pública deja más preguntas que respuestas. Mientras se presenta como un puente entre dos gobiernos enfrentados durante más de seis décadas, sus críticos sostienen que ningún cambio será creíble mientras permanezca intacta la estructura política que ha dirigido Cuba desde 1959. Ese contraste, más que cualquier declaración, resume hoy la incertidumbre que rodea el futuro de la isla.

ccabrera@diariolasamericas.com
@carlosarmandotv

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