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REPORTAJE

Cubanos sufren enormes carencias mientras el régimen castrista se aferra a las consignas

La frustración de los cubanos es mayúscula. Están cansados de que el régimen hable en nombre de ellos

Por IVÁN GARCÍA

En un viejo campo de tiro, ubicado en el reparto Camilo Cienfuegos, al este de La Habana, alrededor de veinte personas esperan la llegada de funcionarios del partido comunista municipal y oficiales de las fuerzas armadas para comenzar una nueva jornada de preparación militar.

Una densa niebla cubre el terreno, debido a la quema de basureros. En los edificios aledaños, curiosos observan con guasa cómo varios soldados disponen en una mesa componentes desmontados de un AKM ruso. En una esquina del polígono se despliega una pizarra portátil donde se instruye el uso de minas terrestres y granadas de mano. Al fondo, un anacrónico armamento antiaéreo de la II Guerra Mundial apunta al océano Atlántico, próximo al campo de tiro.

Pasadas las nueve de la mañana, llegan los jefes. Todos gordos, todos vestidos de verde olivo. Cuando bajan con dificultad de los van Mercedes-Benz, se les nota que están fuera de forma.

“Lo único que falta son las rositas de maíz para acompañar este circo. Hay que ser muy carnero para ir un fin de semana a esas preparaciones militares mientras en tu casa no hay luz, no tienes gas, no tienes dinero porque el salario es una miseria y el refrigerador está vacío. Los cubanos tenemos lo que nos merecemos”, dice Yulia, vecina del reparto.

Otros graban con sus celulares y después suben el video a las redes sociales. Antes de comenzar las clases de tiro, un funcionario improvisa un discurso seudopatriótico con frases trilladas. Después, un oficial con grado de mayor lee su alocución y resalta que “mientras exista el imperialismo yanqui, la revolución nunca bajará la guardia. Estamos preparados para derrotar al enemigo que se atreva a invadir a Cuba”.

La arenga es un 'copia y pega' de frases del dictador Fidel Castro, a veces también de José Martí o Antonio Maceo. El funcionario y el militar terminan su perorata con la habitual consigna de patria o muerte, venceremos. Luego de tímidos aplausos comienza la clase.

“Se ve que no han desayunado y no les dan merienda. Al menos debieran traer agua con azúcar prieta, por si alguien se desmaya”, comenta un vecino que observa los ejercicios militares a través de un prismático. “Se ve que no han desayunado y no les dan merienda. Al menos debieran traer agua con azúcar prieta, por si alguien se desmaya”, comenta un vecino que observa los ejercicios militares a través de un prismático.

“Es un abuso. Los jefazos viajan en camionetas con aire acondicionado, bien jamados (alimentados) y seguro viven a todo trapo. Los subordinados, cuando lleguen a la casa, tendrán que inventarla en el aire a ver qué comen”, indica un residente del reparto Camilo Cienfuegos.

Desde las cinco de la mañana no hay electricidad en la zona. “Hace una semana que no entra el agua. En el acueducto dijeron que había una rotura, como siempre. Los problemas pican y se extienden”, se queja Yuliet, ama de casa. "Veinte días después de que el sin casa (Díaz-Canel) dijo que el país se preparaba para la opción cero, desapareció el transporte público y por el desabastecimiento de combustible, un viaje en un taxi particular desde el reparto hasta el Parque de la Fraternidad te cobran 500 pesos. Si es de noche, más de mil pesos. No hay bolsillo que aguante esa locura”.

Raymond, dueño de una cafetería, cuenta sobre las enormes colas para comprar el gas licuado o intentar extraer dinero en efectivo en el banco.“Nada más entró gas para un buchito de núcleos familiares. El resto, a esperar hasta nuevo aviso. Y sacar dinero en el banco es más difícil que viajar a la Luna. Después de hacer la cola un montón de horas, si acaso, te dan dos mil pesos. Esa cantidad no te alcanza pa’ná”.

Y explica cómo las nuevas medidas que comenzará a aplicar el régimen a partir del 1 de marzo, de cobrar las importaciones en divisas, “provocará una subida bestial de precios en todos los negocios, producciones y ventas minoristas. Ya se está vendiendo combustible importado por MIPYMES, del gobierno, por supuesto, donde se venderá el litro entre 2.50 y 3.50 dólares”.

“Un galón costará entre 10 y 14 dólares. En Miami ahora cuesta dos y pico y si suben a cuatro dólares el galón, la gente quiere hacer huelga. Imagínate en Cuba. que el gobierno paga en pesos y el salario promedio no llega a 20 dólares. Con esta opción cero y la escasez de gasolina, subirá el precio del dólar en el mercado informal y también el precio de los alimentos. Esa decisión del gobierno arreciará la crisis".

“Intentan topar los precios de venta de los alimentos y las carreras de los taxistas, obviando que no hay combustible. Un dólar supera ya los 500 pesos y el euro se paga a 565 pesos. Es imposible vender a los antiguos precios, tendrías pérdidas considerables. Intuyo que se trata de una estrategia cuyo objetivo es sacar del juego a los negocios privados y tener el monopolio de la venta de alimentos en sus tiendas en dólares y bodegones manejados por parientes, exmilitares y enchufados”, afirma Raymond.

La actual crisis energética pone en peligro la supervivencia de la mayoría de los negocios privados. Un informe de la consultora AUGE, señala que el 96,4 por ciento de las MIPYMES enfrentan un impacto de severo a catastrófico debido a la escasez de combustible.

Dennise, propietaria de un pequeño centro de elaboración de helados y yogurt, afirma que “de mantenerse un mes más el actual desabastecimiento de combustible, entre el 70 y el 80 por ciento de los particulares se verán obligados a cerrar por un tiempo o definitivamente. Negocios como el mío, que utilizan combustible, por el alto consumo eléctrico de los equipos de frío y electrodomésticos, por la escasez de gasolina, es imposible mantenerlos abiertos. En el mercado informal, el litro ronda los 5 mil y 6 mil pesos. La cuenta no les da tampoco a las MIPYMES autorizadas a importar combustible, que lo venden entre 2.50 y 3.50 dólares el litro de gasolina".

“A ese precio, un litro de diésel, al cambio, costaría entre 1.262 y 1.767 pesos. Esos sobreprecios tendrían que añadirse al bolsillo del consumidor. Si ya un litro de yogurt en 1.500 pesos está al límite, si sube a más de 2.500 pesos, muy pocos podrán pagarlo. Y lo peor, en este nuevo escenario inflacionario, el dólar, que también escasea y es lo que el gobierno propone para pagar las importaciones de mercancías y combustible, subirá como la espuma. No me asombraría si para el verano, de mantenerse las actuales condiciones, un dólar se venda en 800 pesos”, concluye Dennise.

Héctor, jubilado de 77 años, lleva cuatro horas en una desierta parada de ómnibus. “Alguien me aseguró que sobre las cinco de la tarde iba a salir una guagua. El ministro de transporte dijo que por la mañana y por la tarde, determinadas rutas iban a dar una vuelta. Pero al parecer es mentira, como todo lo que dicen. Soy custodio de un negocio privado que me paga 20 mil pesos al mes. La chequera mía es de 2.800 pesos, no me alcanza ni para comer. El trabajo queda a quince kilómetros de mi casa. Tengo que caminar veinte o treinta kilómetros cada vez que tengo guardia. No puedo pagar un taxi o una moto eléctrica en 400 o 500 pesos. Y si pierdo el trabajo, me muero de hambre”.

Raisa, dependienta gastronómica, padece de diabetes e hipertensión arterial. “Desde hace siete años, debido a la escasez de medicamentos, han aumentado los problemas de salud. Para controlar la diabetes y la presión necesito casi 5 mil pesos al mes en medicinas y yo gano 3.600 pesos. Con este nuevo Período Especial, seguirán subiendo los precios de la comida, el transporte y los medicamentos. Y el gobierno solo culpa a Trump y al bloqueo. Si tengo que morirme en cámara lenta, por culpa de los inútiles que gobiernan este país, prefiero aguantar tres o cuatro meses a ver si las presiones de Estados Unidos provocan que se acaben de largar o de cuadrar la caja con los yumas”.

La frustración de los cubanos es mayúscula. Están cansados de que el régimen hable en nombre de ellos. “Son 67 tacos con la misma muela de justicia social y que no dejarán a nadie abandonado. Pero en la concreta cada vez somos más pobres. Algo tiene que pasar. No sé si una protesta masiva que los obligue a marcharse o que Trump les meta al pie hasta el fondo y negocien. La situación es insoportable”, dice Eder, mientras observa desde su balcón, en un edificio al este de La Habana, a un grupo de mujeres arrastrándose por la yerba y apuntando a la diana con sus AKM.

Mayra, una vecina, espera que llegue la luz para empezar a cocinar arroz y frijoles negros. “Si el gobierno está seguro de que la mayoría de la población lo apoya, que hagan un referéndum y que los cubanos elijan el modelo de país que queremos. No lo van a hacer porque ellos saben que nadie los quiere”. A lo lejos se escuchan disparos de los viejos fusiles.

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