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CUBA

De la Primavera Negra en 2003 a la represión total de los cubanos

Se cumplen 23 años de una de las oleadas que sacudió a la oposición interna cubana con arrestos en todo el país y condenas de 25 años de prisión

Por IVÁN GARCÍA

La Habana. - El martes 18 de marzo de 2003 mi cabeza estaba en otra parte. No tenía un centavo y debía comprar una fórmula láctea vitaminada que costaba 4 dólares a mi hija Melany, con apenas un mes y medio de nacida.

Entonces, era periodista independiente de la agencia Cuba Press dirigida por el poeta y periodista Raúl Rivero. Escribía para un sitio digital de la Sociedad Interamericana de Prensa y enviaba crónicas y reportajes a Encuentro en la Red, creada en el 2000 en Madrid y dirigida por Pablo Díaz Espí.

Marzo llegaba caliente. Desde el mes de noviembre de 2002, el dictador Fidel Castro amenazaba en la televisión, con nombres y apellidos, a decenas de opositores y periodistas independientes. Los pretextos para intimidar a la disidencia eran diversos: desde asistir a una recepción en la residencia del encargado de negocios de Estados Unidos James Cason, hasta publicar un artículo en CubaNet o en la revista Encuentro de la Cultura Cubana, fundada en 1996 por el escritor y cineasta Jesús Díaz.

La mirada siniestra

Recuerdo la noche que Castro leyó por televisión el nombre de mi madre Tania Quintero, junto al de otros disidentes. Con su mirada siniestra, fija en la cámara, dijo: “No vamos a matar esas cucarachas a cañonazos, pero las vamos a aplastar”. En febrero de 1999, el régimen había aprobado la Ley 88, llamada ley mordaza, que sancionaba con 20 años o más de prisión, cadena perpetua o pena de muerte a funcionarios, opositores y periodistas. La oleada represiva de la Primavera Negra de 2003 fue una jugada cantada.

Volvamos al martes 18 de marzo. Ese día me quedé en la casa donde vivían mi esposa y mi hija hasta cerca de las 12 de la noche, ayudando a la madre, extenuada entre atender a la niña, darle el pecho y lavar pañales. No olvido la imagen de mi madre, desde el balcón me hacía señas incomprensibles. Al llegar me comunicó lo que estaba ocurriendo.

Tania me contó que se estaban produciendo detenciones masivas en La Habana y otras provincias. El miércoles 19 supimos que a unos 80 disidentes los habían detenido y registrado sus domicilios. El jueves 20 de marzo, Blanca, la esposa de Raúl Rivero, llamó por teléfono y nos dijo que a Raúl "se lo llevaron detenido con un aparataje policial de película”.

Mi madre y yo esperábamos en cualquier momento nuestra detención. Andábamos con un cepillo de dientes y una cuchara a cuestas, ella con su estuche de los lentes de contacto y yo con mi spray del asma. Hablé con mi esposa y le dije que en cualquier momento podrían venir por mí. En las viviendas de amistades escondí libros y revistas considerados subversivos. También oculté una vieja máquina de escribir y un fax comprado legalmente en una tienda dolarizada estatal.

Como un pésame

Un vecino que pertenecía a la asociación de combatientes me avisó “que iban a detener todos los opositores existentes en el país, se rumora que los meterán presos en una cárcel construida en un antiguo refugio antiaéreo apodado 'Se me perdió la llave', y que estaban preparando actos de repudio masivos”. Me puso una mano en el hombro, como quien da el pésame a un familiar, y me dijo: “Cuídate, mi hermano”.

A menudo, operativos de la Seguridad del Estado intentaban impedir que mi madre y yo saliéramos de la casa. Siempre les decía lo mismo: “Mi apartamento no es una celda. Tengo cosas que hacer”. El agente replicaba que “tu vieja siempre se las arregla para escaparse por las noches. La orden es tenerlos bajo control”. A cualquier lugar que iba en el barrio me seguían un par de ‘segurosos’.

Fueron días terribles. Amigos como Raúl Rivero, Pablo Pacheco, Jorge Olivera y Ricardo González Alfonso por decreto estatal dormían en celdas tapiadas. Por la radio de onda corta, Tania y yo escuchábamos las denuncias en el mundo por la feroz represión. Fidel Castro, en su calculada estrategia, creía que, con la guerra de Irak, que había comenzado el 19 de marzo, desviaría la atención sobre lo que estaba ocurriendo en la Isla.

Luego de las detenciones se desató una poderosa campaña difamatoria, orquestada por la prensa estatal contra la oposición. Comenzó el circo. Juicios sin garantías jurídicas y agentes infiltrados en la disidencia y el periodismo libre salieron a la luz. Había siete peticiones fiscales de penas de muerte.

El delito, disentir

El delito del que se les acusaba era por disentir y escribir artículos considerados 'contrarrevolucionarios'. La fiscalía presentaba como “pruebas contundentes”, libros, laptops y pequeños radio de onda corta. No se ocuparon armas de fuego ni material explosivo.

El Proyecto Varela del Movimiento Cristiano Liberación encabezado por Oswaldo Payá Sardiñas, la Asamblea para Promover la Sociedad Civil, creada por Martha Beatriz Roque Cabello, el auge de la prensa independiente y el surgimiento de grupos de resistencia pacífica como Alianza Democrática Oriental, liderada por los hermanos Néstor y Rolando Rodríguez Lobaina, entre otros, enloquecieron a Castro.

Ningún opositor o periodista estuvo seguro de su situación en los meses posteriores. Mi madre, mi hermana y mi sobrina se vieron forzadas a partir al exilio en Suiza. Yo decidí quedarme. Me sentí con todo el derecho del mundo de estar al lado de mi hija y verla crecer en el país de sus padres y sus abuelos. Eso no me lo iba impedir nadie, aunque corriera el riesgo de ir a la cárcel.

A 23 años de la Primavera Negra pocas cosas han cambiado en la Isla en materia de libertades políticas. Al contrario. Si hace casi un cuarto de siglo la represión fue selectiva hacia opositores cuyo delito era pensar diferente, ahora los acosos y prohibiciones van dirigidos a todos los cubanos de a pie.

Revolución ciudadana

Ya la oposición no lidera la resistencia contra la dictadura. En Cuba está teniendo lugar una auténtica revolución ciudadana que comenzó el 11 de julio de julio de 2021 cuando más cien mil personas se lanzaron a las calles reclamando libertad. No son grupos organizados ni tienen una hoja de ruta determinada.

Todavía su conciencia cívica y política está en ciernes. Sus protestas son espontáneas, ocasionadas por la debacle estructural del régimen y el colapso de los servicios básicos.

Según el Observatorio Cubano de Conflictos, en enero de 2026 se produjeron 953 protestas y 1.195 en febrero. En las últimas semanas, se han reportado cientos de pintadas antigubernamentales en lugares públicos. De los más de 1,200 presos políticos en Cuba, el 90 por ciento no pertenece a ningún grupo opositor.

La maquinaria disidente contra el castrismo no se detiene. Ni la represión ni la cárcel contra agrupaciones contestatarias, como el Movimiento San Isidro o Archipiélago, han frenado a las nuevas voces del cambio.

Más de dos millones de cubanos, entre ellos cientos de opositores y periodistas independientes, han emigrado debido al manicomio ideológico y económico que prevalece en el país. Pero la resistencia ciudadana ha aumentado. Jóvenes de Holguín que fundaron el C4tico o la youtuber Anna Sofía Benítez, a pesar de las amenazas y posibles sanciones penales, no se callan.

La autocracia verde olivo vive su etapa final. Lo único que funciona en la Isla es la represión y el miedo. Cada vez más cubanos desafían en las calles a la tiranía más longeva del planeta, después de la de Corea del Norte.

Especial

@DesdeLaHabana

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