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@DesdeLaHabana
Díaz-Canel y sus acólitos se saben excluidos de conversaciones
El suceso de la lancha de Florida ultimada por un guardacostas cubano, le ha venido al régimen como anillo al dedo para desviar interés de otras tensiones internas
LA HABANA. - Cuando la dictadura castrista se siente amenazada, repite el mismo guion: lanza cortinas de humo con medidas punitivas y con premura aplica tímidas reformas económicas. Hagamos un poco de historia.
En la década de 1980, después de la estampida de más de 125 mil cubanos por el puerto del Mariel, los operadores políticos del régimen diseñaron un plan de tibias aperturas económicas y sociales, en un intento por frenar o disfrazar la pobreza extrema y hacer como que mejoraba la calidad de vida del pueblo.
Óscar, arquitecto jubilado, recuerda que una mañana fue citado al Palacio de la Revolución para participar "en una reunión con Fidel Castro donde estaban presentes varios ministros y altos oficiales del MININT (Ministerio del Interior). Entonces, el periódico Granma y los noticieros de televisión demonizaban a la emigración llamándola escoria. Y el gobierno encargó a un grupo multidisciplinario la presentación de un proyecto que posibilitara la erradicación de bolsones de pobreza en el país, una de las causas que provocó ese éxodo, argumentaba Fidel”.
Bolsones de pobreza
“El ya fallecido arquitecto Mario Coyula estaba al frente de nuestro equipo de trabajo: diseñar la construcción de comunidades modernas y funcionales en barrios como Atarés, Cayo Hueso y Pogolotti, entre otros, que erradicaran la pobreza y la falta de oportunidades de un sector poblacional mayoritariamente negro o mestizo. Después de un estudio exhaustivo del MININT, el gobierno implementó un paquete de medidas aperturistas en una sociedad muy cerrada”, rememora el arquitecto.
Se autorizó la apertura de tiendas y mercados campesinos a precios de oferta y demanda. Se permitió la venta de ropa y zapatos artesanales. Y se sustituyeron los 'estímulos morales' por mayores pagos a los trabajadores vinculados a la producción de bienes y servicios. El economista Humberto Pérez fue el cerebro de esa apertura.
El cambio de rumbo
Un ex oficial de la Inteligencia, señala que “a la par se redobló el trabajo policial para combatir la corrupción entre los directivos de empresas estatales y el enfrentamiento de la Seguridad del Estado a los incipientes movimientos pro derechos humanos liderados por Ricardo Bofill. La apertura duró hasta que comenzaron a llegar señales que la URSS y el resto del campo socialista cambiaba de rumbo. Fidel se atrincheró y forzó a los cubanos al Período Especial, una especie de revolución cultural china en el Caribe. Las indicaciones de los servicios de inteligencia y el presidente español Felipe González, que envió a La Habana a su asesor Carlos Solchaga, eran la de implementar cambios económicos”.
“Como siempre, Fidel solo autorizó unas pocas medidas: la despenalización del dólar, permitir tiendas en divisas y aprobar el trabajo por cuenta propia bajo un control arancelario asfixiante. Fidel y Raúl nunca aceptaron cambios de corte político. Al contrario. Se redobló el enfrentamiento contra la disidencia y la prensa independiente”.
“La llegada de Hugo Chávez al poder en Venezuela cambió por completo el escenario, pues Fidel hubiera apostado por amurallarse. En la doctrina de los Castro no existe el diálogo con la ciudadanía y muchos menos con la oposición. Solo con el gobierno de Estados Unidos y aceptando sus excesivas pretensiones”, concluye el ex oficial.
La huida
Ese escenario se ha repetido una y otra vez. Cuando el régimen se ha sentido amenazado, la reacción siempre ha sido la misma: huir hacia adelante. Una de las tácticas favoritas del castrismo es crear un contexto de supuestas provocaciones del exilio de Miami o la disidencia interna.
En la primavera de 2003 encarceló a 75 opositores y periodistas independientes con el pretexto de que eran mercenarios pagados por Washington. Y suelen utilizar a los presos políticos como monedas de cambio para mejorar su posición negociadora o de trueques por favores económicos.
Es durante las negociaciones cuando los servicios especiales diseñan tramas que justifiquen la represión. Y como por arte de magia, aparecen "terroristas" procedentes de Miami con la misión de derrocar a la dictadura y efectuar acciones subversivas. Ahora no podía ser de otra forma. Debido a la crisis sistémica y aumento del descontento popular, el castrismo sabe que solo tiene dos opciones: renunciar al poder o sentarse a negociar un trato con Estados Unidos en condiciones desfavorables.
El fin a la vuelta
Un funcionario de rango medio del partido en un municipio de La Habana comenta que en las alcantarillas del poder “el chorro de mierda llega al techo. Ellos saben que la novela se está acabando y no van a renunciar a cualquier medida activa para revertirlo. El suceso del enfrentamiento con la lancha que venía de la Florida tiene más intrigas que una película de misterio. Es evidente que en ese grupo había infiltrados del régimen y los embarcaron en una trampa mortal. La operación fue una chapuza de cabo a rabo. Pero le sirve al gobierno para intentar generar ‘conciencia patriótica en las masas’ y desviar la atención a la cruda realidad: no hay dinero, no hay combustible y no hay futuro”.
De acuerdo con el funcionario, desde el mes de enero el país no recibe combustible. Pero aclara que “se ha trasegado un poco de petróleo por la izquierda y ahora Trump aprobó la venta de pequeñas cantidades en el sector privado. El 90 por ciento de ese combustible irá a parar a personeros del gobierno que se camuflan de MIPYMES”.
Díaz-Canel, descolocado
Fuentes basadas en medios estadounidenses, aseguran que las supuestas negociaciones de la Casa Blanca con el nieto de Raúl Castro, ha descolocado al gobierno que preside Díaz-Canel. “Se sienten relegados, traicionados. Piensan que los están utilizando como carnada para hacer un trato que solo beneficiará a la familia Castro. No están negociando en nombre del gobierno. Negocian mantener sus privilegios. Y muchos dentro del aparato estatal y militar no se la van a poner fácil. Raúl Castro es la única voz que obedecen. Y él no ha dicho ni pio. Por lo tanto, se sospecha, con toda lógica, o que está fuera del juego, ya sea por enfermedad, o aprueba la movida del nieto”, opina el funcionario.
“Si no existe una negociación con Estados Unidos donde se garantice inmunidad al gobierno actual y sus mandos militares, habrá resistencia. Díaz-Canel y sus ministros no son tan tontos para que los utilicen como fichas a sacrificar. Han acumulado poder. La mayor parte del estamento militar no tiene miles de millones en los bancos ni administran grandes negocios. Han sido la guardia pretoriana de los intereses castristas, pero no la ven pasar. Viven con apagones como el resto del pueblo y sobreviven con lo que puedan ganar gracias a la corrupción. Con preocupación ven esas señales contradictorias: la familia de Raúl Castro negociando, mientras la actual clase dirigente es la diana del descontento popular por la mala gestión económica”, concluye el funcionario.
La dictadura verde olivo busca ganar tiempo con los 'sábados de la defensa', unas movilizaciones para una guerra que nunca va a llegar. Creando tramas de supuestas amenazas, como el caso de diez personas en una lancha desde la Florida (asesinaron a cuatro y seis resultaron heridos). Por si no bastara, a diez panameños el régimen los acusa de propaganda 'contra el orden constitucional'. Según el periodista de Miami, Juan Manuel Cao, los panameños estaban en la isla entregando ayuda humanitaria a la población.
O se largan. O negocian. O aplican con urgencia reformas económicas, como el decreto recientemente aprobado, que permite la asociación entre empresas estatales y negocios privados, una medida que llega tarde. El tiempo se agota. El cambio en Cuba es inexorable.
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