jueves 5  de  marzo 2026
CUBA

Entre noticias falsas y carencias cotidianas los cubanos están atrapados en una realidad paralela

El jubilado Javier solía informarse por la radio. “Ya dejé de escuchar los noticieros locales. Nunca dicen la verdad"

Diario las Américas | IVÁN GARCÍA
Por IVÁN GARCÍA

La última vez que Javier, 76 años, jubilado, comió carne, fue hace dos meses cuando en víspera del nuevo año asó un cuarto de pollo y se lo comió con malanga hervida. Después puso un programa de boleros cubanos en el radio y antes de la medianoche se fue a la cama.

Se siente muy solo. No tiene hijos, su esposa murió durante la pandemia y a pesar de sus achaques, se ve obligado a trabajar de custodio en un negocio privado porque la pensión que le paga el Estado no le alcanza siquiera para comprar un cartón de huevos.

“Estoy al límite. Salir a la calle cada día a conseguir comida es muy agotador. Demasiados problemas. Comprar pan es una odisea. Los apagones son estresantes. Cuando no falta el agua, falta el gas de balita -licuado-, y cualquier medicamento cuesta un ojo de la cara. Lo que sufrimos los cubanos es un castigo divino”, dice Javier en un parque al sur de La Habana.

Cuenta que nunca había caminado tanto. “Por la mañana anduve cerca de cuatro kilómetros en busca de viandas baratas. Por el déficit de combustible todo ha subido de precio. Hace dos semanas, una libra de boniato costaba 70 pesos, ahora cuesta 150. Hacer una comida caliente al día es un lujo. Los precios son inalcanzables para los pensionados. Por sus bajos salarios, los que le trabajan al Estado se ven obligados a robar cualquier cosa y luego venderla en la calle”.

Tres veces a la semana, pasada las seis de la tarde, Javier camina casi ocho kilómetros hasta un bodegón privado donde hace guardias nocturnas. “Me pagan 15 mil pesos al mes y el dueño me da una merienda fuerte. Allí puedo ver el televisor, el de mi casa está roto, y tomar agua fría. Como tengo el congelador vacío, para ahorrar electricidad, desconecto el refrigerador. Voy y vengo caminando. No puedo gastar mil o 1,200 pesos en ir y regresar en taxi”.

Cuando usted le pregunta lo que espera del futuro, encoge los hombros, mueve la cabeza de un lado a otro y dice: “Llevamos 67 años esperando que pase algo. Y no pasa nada. Después de la captura de Maduro y la muerte del Ayatolá en Irán, pensamos que Cuba es la siguiente en la lista. Ojalá así sea. Tengo mis dudas. Parece que el plan es reciclar a los mismos bandoleros, pero sin uniformes verde olivo. No creo que esos sinvergüenzas (los del régimen) tengan intenciones de cambiar. Van a jugarle cabeza a los americanos y ganar tiempo. El poder les ha permitido robar miles de millones de dólares”.

Javier se siente estafado por “estos tramposos, me han engañado. Participé en el proceso, fui miliciano y estuve en todas las locuras de Fidel, en cortes de caña y movilizaciones militares. Después de cuarenta años de trabajo recibí una pensión miserable. Casi todos en Cuba están mal, pero los viejos estamos peor. Y luego en el noticiero te cuentan de un país que no existe. La propaganda del gobierno es asquerosa, las mentiras son a granel. Para que no me suba la presión, no veo ni escucho ni leo noticias de la prensa oficial”.

Una periodista estatal, revela a DLA, que “las manipulaciones y fake news son habituales en los medios nacionales. Antes tenías algo a lo que agarrarte: los logros en educación, salud pública o la construcción de obras sociales. Ahora ni siquiera eso. Todos los servicios básicos han colapsados. No te imaginas lo difícil que es pararte delante de una cámara o sentarte frente a la computadora y contar milongas, medias verdades o burdas mentiras. Rusia Today tiene donde adiestran a los reporteros a disfrazar la realidad. Con falsedades se relata la guerra de Ucrania".

"Hay que hacer malabares si redactas noticias sobre Venezuela. Virar la tortilla, contar que la proeza fue de los cubanos muertos en combate con los Delta. Está prohibido criticar a Delcy Rodríguez y al actual gobierno venezolano, sabiendo que pactaron con Estados Unidos y nos dejaron tirados. En privado. la mayoría de los periodistas oficiales criticamos al gobierno y nos burlamos de la mediocridad de los dirigentes. Sufrimos los apagones y la miseria igual que la población. Excepto enchufados como Humberto López, Leticia Martínez, Arleen Rodríguez, Randy Alonso y Jorge Legañoa, que viajan al extranjero, se codean con la élite gobernante y reciben migajas, el resto de los periodistas somos comparsa”.

Y pone ejemplos de la grosera manipulación informativa. “Del motín en la prisión de Canaleta, Ciego de Ávila, se prohibió escribir. Solo se publicó una nota del MININT. No se habló de los presos muertos ni la causa de la revuelta. De la lancha capturada con supuestos terroristas, han armado un show con innumerables lagunas. De la guerra de Israel y Estados Unidos en Irán, cuando reportan las noticias, parece que los iraníes van ganando la batalla. En la redacción se esperó ocho horas para publicar la muerte del Ayatolá. Tuvimos que esperar a que el gobierno de Irán lo informara. Exageran, manipulan, se inventan noticias sobre los hipotéticos éxitos militares de Irán como los misiles lanzados por la guardia revolucionaria que habrían alcanzado a un portaviones yanqui. Eso no es periodismo. Por eso la prensa oficial está tan desprestigiada entre la población”.

DLA le preguntó a 14 personas, en edades comprendidas entre 21 y 76 años, sobre cuáles eran sus canales de información habitual. Yesenia, universitaria: “No leo Granma ni Juventud Rebelde, tampoco veo el noticiero de televisión, no reflejan la realidad. Y cuando hablan de la situación, siempre culpan al bloqueo. Solo compre periódicos viejos, para envolver la basura o como sustituto del papel sanitario y es más barato”.

Nayara, también estudiante, se informa por las redes sociales. “O por canales extranjeros alquilados por la izquierda. Suelo pasar de las noticias. Prefiero ver Netflix, Prime Video u otros canales de streaming. No estoy para perder mi tiempo con las mentiras del Granma y la Mesa Redonda. El peor de todos es el programa de Humberto López”.

Dian, profesor, aclara que en temas cubanos se informa por sitios como “Diario de Cuba, CubaNet, Diario Las Américas o El Nuevo Herald. Y de otros países por la BBC, Infobae, New York Times en español y El País de España. Son tan torpes (los gobernantes) que olvidan que estamos en el siglo XXI y cualquiera con un rápido repaso en medios internacionales se da cuenta que mienten a la cara”.

El jubilado Javier solía informarse por la radio. “Ya dejé de escuchar los noticieros locales. Nunca dicen la verdad. A veces, cuando la interferencia lo permite, sintonizo Radio Martí”. Hace tiempo espera escuchar buenas noticias sobre Cuba. Pero no llegan.

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