A la Memoria del Apóstol Nacional José Martí en su 128 aniversario de Caída en Combate por la Independencia de Cuba.
En Cuba no hay voluntad política al cambio
El día 19 de mayo de 1895, murió en el campo de batalla uno de los personajes más influyentes de la Nación Cubana: José Julián Martí Pérez. Hoy la mayoría de los cubanos en la Isla y los del exilio rememoramos con dolor la caída en combate de nuestro Apóstol José Martí, imagen insigne de la independencia y la libertad de la Nación Cubana.
Esta guerra no será cuna de tiranía ni de desorden, ajeno a la probada moderación del espíritu cubano. Quienes la impulsaron, y que aún pueden alzar la voz y hablar, afirman en su nombre, ante la patria, su libertad de todo odio, su fraterna indulgencia hacia los cubanos tímidos o equivocados, su radical respeto a la dignidad del hombre, que es el catalizador del combate y el cemento de la república, y su certeza de que esta guerra puede llevarse a cabo de manera que contenga la redención que la inspira, y las relaciones permanentes en las que un pueblo debe vivir entre otros, junto a la realidad de lo que es la guerra. Deben expresar, además, su determinación categórica de respetar y hacer respetar a todos, durante y después de la guerra, al español neutral y honorable, y de ser misericordiosos con los arrepentidos, e inflexibles sólo con el vicio, el crimen y la inhumanidad.
Una nación libre, donde el trabajo esté abierto a todos, situada en la boca misma del universo rico e industrial, sustituirá sin obstáculo y con alguna ventaja, después de una guerra inspirada en el más puro sacrificio y llevada a cabo conforme a ella, la vergonzosa nación donde el bienestar sólo se obtiene a cambio de una complicidad expresa o tácita con la tiranía de los codiciosos extranjeros que la desangran y la corrompen. No tenemos dudas de Cuba ni de su capacidad para obtener y gobernar su independencia, los que, en el heroísmo de la muerte y la fundación silenciosa de la patria, vemos brillar continuamente entre los grandes y humildes sus dones de armonía y sabiduría, que sólo son imperceptibles para quienes, viviendo fuera del alma real de su país, la juzgan, en su propio concepto arrogante de sí mismos. Montecristi (República Dominicana), 25 de marzo de 1895. Suscribimos juntos esta declaración: José Martí y Máximo Gómez.
Con toda intención y a modo de reflexión por motivo de la fecha de hoy coloque al principio de este artículo dos párrafos del Manifiesto de Montecristi en los que el Apóstol y Máximo Gómez expresan profundamente el deseo de alcanzar una Patria liberada del yugo opresor del dominio Español de la época.
Aún hoy, estamos los dos pulmones: el de la Isla y el de la diáspora tratando de realizar un proyecto de Nación que se funde en los principios básicos de nuestros Padres Fundadores, que nos han legado una herencia digna de poder apreciar a la hora de refundar la Nación con todos y para el bien de todos.
El Papa Francisco le hablaba a la sociedad civil del Paraguay y me pareció que de alguna forma puede iluminar a los miembros de la sociedad civil cubana y a los diferentes partidos políticos, que aunque no sean reconocidos por los decisores del Gobierno en funciones en Cuba son legítimos por naturaleza intrínseca y cito: “Un pueblo que no mantiene viva sus preocupaciones, un pueblo que vive en la inercia de la aceptación pasiva es un pueblo muerto”.
Martí nos impele en cada una de sus cartas, manifiestos o discursos a crecer en la Voluntad de obrar en el bien de la Patria. Para que haya dignidad plena en cada uno de sus hijos más queridos. La Casa Cuba aspira, desea y espera con ansia ese día glorioso del vivir con dignidad, libertad y paz. Libres de tantas penurias, llantos y afanes.
En la Isla se anhela un proyecto de nación que incluya a todos los gestores de la verdadera sociedad civil independiente y a los representantes de los diferentes Partidos políticos. Se necesita con urgencia una mesa de diálogo Nacional para que no siga agonizando y sangrando el corazón de los hijos de la nación.
Ante la enorme fragilidad política, económica, educacional, social e institucional, se hace apremiante un diálogo nacional con todos los gestores que responsablemente ansían una cuba renovada y llena de oportunidades para todos.
El Sumo Pontífice Francisco con relación al diálogo dice y cito: “No puede existir un diálogo teatro: representemos al diálogo, juguemos al diálogo, después hablamos entre nosotros y aquello importante queda borrado. No es posible así. Si no se dice lo que se piensa y no te comprometes a escuchar al otro con respeto el diálogo no sirve es una caricatura.”
A buen entendedor con pocas palabras basta reza el refrán. A veces nos empecinamos en hacer las cosas más difíciles y complejizarlas por el simple hecho de que el poder ya no es un servicio humilde al otro, sino una manera de reprimir y asesinar al otro porque representa una amenaza a mi concepción errónea de servir en el poder.
En la Casa Cuba se necesita con premura la identidad profunda de crecer en los Derechos a tener Derechos Humanos reales y sólidos para que la nación alcance lo soñado por el Apóstol José Martí, que en distintas ocasiones expresaba que la identidad de una nación era el amor a su Patria.
Implorando a los pies de la Virgen de la Caridad del Cobre Nuestra Madre y Señora nos guarde de todo mal y suscite la verdadera voluntad de un renacer político en Cuba para el bien de todos sus hijos.
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