Sumario ejecutivo: La posible transición posautoritaria de Cuba presenta tres vías de gobernanza, pero las restricciones estructurales, especialmente el dominio de GAESA y la debilidad institucional, hacen que un modelo híbrido secuenciado, con una transición supervisada externamente seguida de consolidación democrática, sea el más viable para avanzar los intereses estratégicos de Estados Unidos.
Gobernanza sucesora en una Cuba posautoritaria: ¿Qué modelo responde mejor a las prioridades estratégicas de EEUU?
Si el sistema autoritario cubano colapsa, la selección de un modelo de gobernanza sucesor alineado con las prioridades estratégicas de Estados Unidos en el hemisferio occidental se vuelve fundamental
Cuba enfrenta su momento más crítico desde 1959. El régimen de Díaz-Canel enfrenta una crisis multifacética que abarca contracción económica, emigración masiva y fallas de gobernanza (CRS, 2025a; Bertelsmann Stiftung, 2024). El PIB de Cuba cayó un 10,9% en 2020 y aproximadamente un 1,9% tanto en 2023 como en 2024 (CRS, 2025a). Entre 2021 y 2023, más de un millón de cubanos, aproximadamente el 10% de la población, emigraron (Funaiole et al., 2024a; Bertelsmann Stiftung, 2024). Esta confluencia de declive económico, emigración y problemas de gobernanza eleva significativamente el riesgo de colapso a corto plazo del sistema autoritario.
Si el sistema autoritario cubano colapsa, ya sea por implosión interna, presión de Estados Unidos o una combinación de factores, la selección de un modelo de gobernanza sucesor alineado con las prioridades estratégicas de Estados Unidos en el hemisferio occidental se vuelve fundamental. Este artículo evalúa tres modelos potenciales: (1) Consolidación democrática liberal, estableciendo una democracia multipartidista constitucionalmente limitada con instituciones independientes; (2) Administración transicional supervisada externamente, creando un gobierno interino supervisado internacionalmente para una democratización gradual; y (3) Autonomía federal descentralizada, formando una estructura confederal que otorgue una significativa autogobernanza a las provincias (Freedom House, 2024; WOLA, 2025). Las ventajas y desventajas de cada modelo se analizan dentro del marco de los intereses de Estados Unidos en seguridad hemisférica, contrainteligencia e integración económica.
Los intereses estratégicos de Estados Unidos en el hemisferio occidental se definen por tres prioridades fundamentales (White House, 2025a; U.S. Department of State, 2022). Primero, Estados Unidos busca evitar que potencias adversarias, específicamente China y Rusia, establezcan una presencia estratégica a 90 millas de Florida (Funaiole et al., 2024a; U.S. House Committee on Homeland Security, 2025). Segundo, Washington busca prevenir una crisis humanitaria o migratoria que pueda desestabilizar la cuenca del Caribe (CRS, 2025a; Freedom House, 2025). Tercero, Estados Unidos desea la integración de Cuba en instituciones económicas regionales basadas en reglas, eliminando a la isla como fuente de inestabilidad regional (Atlantic Council, 2025; Cuban Studies Institute, 2023). Estos tres objetivos (negación al adversario, prevención migratoria e integración económica) constituyen el estándar evaluativo. Las secciones siguientes evaluarán cada modelo de gobernanza dentro de este marco, reconociendo que la herencia estructural de Cuba, la disfunción económica, el colapso institucional y el arraigo de actores adversarios condicionan inherentemente la viabilidad de cualquier opción política.
Las condiciones estructurales del colapso: Lo que heredará cualquier gobierno sucesor
Antes de evaluar los modelos de gobernanza sucesora, los analistas deben primero evaluar las condiciones estructurales que heredará cualquier gobierno posautoritario. El conglomerado militar cubano GAESA (Grupo de Administración Empresarial S.A.) controla aproximadamente el 70 por ciento de la economía dolarizada (Columbia Law School / Horizonte Cubano, 2025; Cuba Center, 2025). GAESA reportó USD 14,5 mil millones en reservas líquidas en 2024. Mientras tanto, la población civil sufrió apagones, escasez de alimentos y colapso de servicios (Columbia Law School / Horizonte Cubano, 2025; Translating Cuba, 2024). El conglomerado opera fuera de la supervisión civil. La Oficina del Contralor General de Cuba no audita a GAESA (Columbia Law School / Horizonte Cubano, 2025; Vidal, 2025). La opacidad de GAESA sigue siendo el principal obstáculo estructural para las transiciones postautoritarias, independientemente del modelo político.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Cuba sirven tanto de instrumento coercitivo del régimen como de su principal actor económico. Las FAR operan GAESA y dominan el turismo, el comercio minorista, los puertos, las remesas, las telecomunicaciones y las finanzas (Translating Cuba, 2024; Cuba Headlines, 2025a). El economista Pavel Vidal estimó que los ingresos brutos de GAESA representaban el 37 por ciento del PIB de Cuba. También representa el 41 por ciento de todas las exportaciones de servicios y genera ingresos equivalentes a tres veces el presupuesto estatal (Vidal, 2025). Cualquier arreglo sucesor que no logre reestructurar GAESA corre el riesgo de producir lo que los académicos denominan una mutación de régimen. En este escenario, el liderazgo político cambia mientras las estructuras de poder económico y coercitivo permanecen intactas (Cuba Headlines, 2025a; CiberCuba, 2026). Si las FAR cooperan o resisten la reestructuración de la gobernanza, determinará qué modelo se vuelve operativamente viable.
La herencia institucional de Cuba intensifica los desafíos estructurales. Desde mediados de la década de 1960, el Partido Comunista de Cuba (PCC) ha monopolizado la gobernanza. Eliminó la independencia judicial, los sindicatos independientes y las elecciones competitivas (Freedom House, 2024; Freedom House, 2025). La ONG Prisoners Defenders, con sede en Madrid, documentó 1.161 presos políticos a finales de 2024. Esta cifra supera los totales combinados de Nicaragua y Venezuela (Freedom House, 2025). Cuba carece de una oposición política estructurada comparable a los movimientos que facilitaron transiciones en otras partes de la región (CiberCuba, 2026; WOLA, 2025). Las organizaciones de la sociedad civil siguen siendo débiles tras décadas de represión sistemática (Freedom House, 2024; International Institute for Democracy and Electoral Assistance [IDEA], 2024). El vaciamiento institucional, la debilidad de la sociedad civil y la ausencia de oposición configuran la viabilidad del modelo de gobernanza. Este problema está subestimado en la literatura académica sobre transiciones.
La opacidad de GAESA, el dominio económico de las FAR y el vaciamiento institucional crean un perfil de transición único. Es distinto al de los casos poscomunistas de Europa del Este. En cambio, se asemeja más a procesos de reconstrucción estatal posconflicto. El informe BTI 2024 calificó la calidad de la gobernanza de Cuba como deficiente en seis indicadores internacionales: estado de derecho, seguridad socioeconómica, eficiencia estatal, corrupción, relaciones internacionales y estabilidad política (Bertelsmann Stiftung, 2024). La literatura académica señala que las transiciones desde sistemas de partido único altamente institucionalizados plantean desafíos particulares. Entre ellos se incluyen la fragmentación de las élites y la movilización de actores desestabilizadores (Kincaid, 2021). Al ubicar a Cuba en un continuo que va del totalitarismo al post-totalitarismo y al nuevo autoritarismo, Chaguaceda (2026) sostiene que la fase actual del régimen ofrece vías de transición particularmente restringidas. La posición tipológica de Cuba es relevante porque cada modelo de gobernanza requiere condiciones institucionales previas que actualmente no existen en la isla (Chaguaceda, 2025; Kincaid, 2021).
Modelo Uno: Consolidación democrática liberal
Las condiciones estructurales de base de Cuba enmarcan el análisis del primer modelo. La consolidación democrática liberal implica elecciones multipartidistas competitivas, controles y equilibrios constitucionales, un poder judicial independiente y libertades civiles protegidas. Este es el resultado de la gobernanza más alineado con las preferencias estratégicas declaradas de Estados Unidos (White House, 2025a; Atlantic Council, 2025).
La Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos de 2025 define explícitamente la promoción de la democracia hemisférica como un interés nacional central. También posiciona la revitalización de la Doctrina Monroe como una herramienta para negar la influencia de actores adversarios (White House, 2025a; Cuba Headlines, 2025b).
Una democracia liberal consolidada en Cuba eliminaría la amenaza de seguridad representada por la infraestructura de inteligencia china y rusa en la isla (Funaiole et al., 2024a; U.S. House Committee on Homeland Security, 2025). El CSIS identificó cuatro instalaciones activas de inteligencia de señales (SIGINT) chinas en Cuba: Bejucal, El Salao, Wajay y Calabazar. Un gobierno democrático alineado con Washington podría negociar su desmantelamiento (Funaiole et al., 2024a; Funaiole et al., 2025). Por tanto, la democracia liberal produce el resultado estratégico más favorable a largo plazo si Cuba desarrolla primero la capacidad institucional para sostenerla.
El argumento económico a favor de la consolidación democrática liberal se basa en la teoría institucional y en la evidencia de transiciones. Analistas del Cuban Studies Institute (2023) sostienen que una transición exitosa requiere liberalización de precios, unificación del tipo de cambio, privatización de empresas, restitución de derechos de propiedad y reestructuración de la deuda externa de Cuba, estimada en 40.000 millones de dólares.
La gobernanza democrática proporciona la credibilidad institucional necesaria para atraer inversión extranjera directa y acceder a instituciones financieras internacionales. También es esencial para negociar la reestructuración de la deuda en términos favorables (Cuban Studies Institute, 2023; Vidal, 2025).
Vidal (2025) demuestra que los reiterados incumplimientos de deuda de Cuba, a pesar de haber recibido 35.000 millones de dólares en condonación de deuda por parte de Rusia en 2014 y 8.500 millones en reestructuración con el Club de París en 2015, se deben a disfunciones institucionales y no únicamente a las sanciones. Un gobierno democrático creíble podría romper el ciclo de incumplimientos de Cuba y reabrir el acceso a los mercados de capital actualmente cerrados a La Habana (Vidal, 2025; Cuban Studies Institute, 2023).
Sin embargo, la consolidación democrática liberal enfrenta severas restricciones de viabilidad en el contexto cubano. La literatura sobre justicia transicional advierte que la consolidación requiere instituciones electorales y judiciales sólidas capaces de resistir retrocesos autoritarios (Cilliers & Sommer, 2025).
Cilliers y Sommer (2025) analizaron 118 periodos democráticos en 89 países y determinaron que, aunque los procesos de justicia transicional están correlacionados con instituciones más fuertes, no pueden prevenir el retroceso democrático impulsado por restricciones gubernamentales a la sociedad civil.
Cuba presenta precisamente el déficit de sociedad civil que esta literatura identifica como vulnerabilidad crítica (Freedom House, 2025; CiberCuba, 2026). Sin redes de oposición preexistentes, organizaciones cívicas e instituciones legales independientes, el camino de la consolidación democrática corre el riesgo de producir autoritarismo competitivo en lugar de pluralismo genuino (WOLA, 2025; Freedom House, 2024).
La variable de la diáspora introduce complejidad adicional. La comunidad cubanoamericana concentrada en Florida ha acumulado una influencia política significativa sobre la política de Estados Unidos hacia Cuba (WOLA, 2025; DePetris, 2026a).
Según el Cuban Research Institute de la FIU (2024), las remesas de la diáspora constituyen un salvavidas económico crítico. Antes de la reciente etapa de restricciones, los flujos de remesas superaban los 2.000 millones de dólares anuales.
El capital y la experiencia de la diáspora representan un recurso potencialmente decisivo para la consolidación democrática, proporcionando tanto capital financiero como conocimiento cívico democrático (FIU Havel Program, 2022; FIU Cuban Research Institute, 2024).
Sin embargo, las facciones políticas dentro de la diáspora mantienen visiones divergentes sobre el futuro de Cuba, y las demandas de restitución de propiedades podrían generar conflictos desestabilizadores con las poblaciones residentes (Columbia Law School / Horizonte Cubano, 2022). La resolución de reclamaciones de expropiación que datan de 1959 podría por sí sola consumir la capacidad de gobernanza democrática durante años.
Modelo Dos: Administración transicional supervisada externamente
Las restricciones de viabilidad de una consolidación liberal rápida orientan el análisis hacia el segundo modelo. La administración transicional supervisada externamente, una estructura de gobierno interino legitimada internacionalmente que supervise una democratización gradual, aborda el déficit institucional que hace riesgosa una consolidación democrática directa (WOLA, 2025; Atlantic Council, 2025).
Cuba Siglo 21 (2025) sostiene que la transición en la isla debe desarrollarse como un proceso gestionado, dado el déficit documentado de oposición estructurada y la fragilidad de la sociedad civil, como se expone en la Sección I.
Un periodo interino supervisado externamente podría proporcionar la infraestructura institucional, los procesos de redacción constitucional, el desarrollo de comisiones electorales y la construcción de capacidad judicial que actualmente faltan en Cuba (CiberCuba, 2026; Freedom House, 2024).
El modelo se apoya en casos comparativos, incluyendo Liberia postconflicto y Timor Oriental postautoritarismo, donde administraciones internacionales precedieron a elecciones democráticas (Kincaid, 2021; Atlantic Council, 2025).
Desde la perspectiva estratégica de Estados Unidos, la administración supervisada externamente ofrece beneficios inmediatos en materia de seguridad que la consolidación liberal no puede garantizar en un plazo corto.
Un organismo de supervisión internacional con participación de Estados Unidos podría negociar el desmantelamiento de la infraestructura SIGINT china como condición para la normalización económica (Funaiole et al., 2024a; White House, 2025a).
La orden ejecutiva de la Casa Blanca de enero de 2026, que designó las políticas de Cuba como una amenaza inusual y extraordinaria, identificó instalaciones de inteligencia chinas, operaciones SIGINT rusas y vínculos con Hamás y Hezbollah como vectores de amenaza específicos (White House, 2026).
Una administración supervisada externamente, operando bajo un mandato legitimado internacionalmente, podría abordar estas amenazas mediante acuerdos de seguridad negociados, en lugar de la coerción unilateral de Estados Unidos (White House, 2026; Cancian & Hicks, 2026).
La Estrategia de Defensa Nacional de 2026, que identifica la seguridad hemisférica como la principal prioridad del Departamento de Defensa, refuerza la importancia de una rápida normalización de la seguridad en la isla (Cancian & Hicks, 2026).
No obstante, el modelo presenta desventajas significativas, particularmente en relación con el sentimiento nacionalista cubano y la legitimidad regional.
La cultura política cubana alberga una profunda aversión a la intervención extranjera, arraigada en los periodos de ocupación estadounidense de 1898–1902 y 1906–1909 (Kincaid, 2021).
El régimen cubano ha utilizado históricamente el nacionalismo antiintervencionista como su principal fuente de legitimidad, y un gobierno sucesor que invitara o aceptara supervisión externa enfrentaría acusaciones de capitulación neocolonial (Chaguaceda, 2025; DePetris, 2026a).
Los socios regionales cuya cooperación sería necesaria, particularmente los Estados miembros de la OEA con antecedentes de escepticismo hacia intervenciones lideradas por Estados Unidos, podrían negarse a participar (WOLA, 2025; Atlantic Council, 2025).
Sin un amplio respaldo regional, la supervisión externa corre el riesgo de generar precisamente la inestabilidad que pretende gestionar (Atlantic Council, 2025; CiberCuba, 2026).
La variable GAESA representa el desafío más crítico para este modelo.
Cualquier organismo internacional que asumiera funciones de gobernanza heredaría la obligación de enfrentar la soberanía económica paralela de GAESA (Columbia Law School / Horizonte Cubano, 2025; Cuba Center, 2025).
Horizonte Cubano (2025) informa que GAESA controla el 34% de las exportaciones totales de Cuba y genera ingresos superiores a tres veces el presupuesto estatal anual, corroborando la estimación de Vidal (2025) desde una base metodológica distinta.
Una administración externa sin autoridad militar sobre las FAR no podría imponer la reestructuración de GAESA.
Una administración que sí posea dicha autoridad requeriría respaldo militar de Estados Unidos o una fuerza multilateral con capacidades equivalentes (Cuba Headlines, 2025a; Cancian & Hicks, 2026).
Ninguna de estas opciones se alinea cómodamente con la preferencia declarada de la actual administración estadounidense de reducir compromisos militares en el exterior mientras prioriza la primacía hemisférica (White House, 2025a; Cancian & Hicks, 2026).
Modelo Tres: Autonomía federal descentralizada
El dilema de GAESA y las sensibilidades en torno a la intervención del segundo modelo abren espacio analítico para la tercera opción. La autonomía federal descentralizada, una estructura confederal o casi federal que otorga a las provincias cubanas una amplia autogobernanza mientras mantiene una soberanía nacional nominal, representa el modelo menos estudiado de los tres (Kincaid, 2021; CiberCuba, 2026).
Los precedentes históricos sugieren que la descentralización puede generar impulso democrático desde abajo mientras evita la resistencia de las élites a nivel nacional (Atlantic Council, 2025; Chaguaceda, 2026).
La reforma constitucional cubana de 2019, que eliminó las asambleas provinciales en favor de la gobernanza a nivel municipal, creó inadvertidamente una plantilla institucional para la distribución descendente del poder que un arreglo sucesor podría aprovechar (Bertelsmann Stiftung, 2024; Freedom House, 2024).
Los gobiernos municipales, si se les dota de autoridad fiscal real y autonomía administrativa, podrían desarrollar capacidades democráticas antes de la celebración de elecciones competitivas a nivel nacional (Bertelsmann Stiftung, 2024; Kincaid, 2021).
El modelo de descentralización ofrece una ventaja estratégica distintiva: minimiza las condiciones para que los sectores duros de las FAR se movilicen como actores desestabilizadores.
Un arreglo confederal podría permitir que las élites militares vinculadas a GAESA mantengan intereses económicos en provincias específicas mientras renuncian al monopolio político nacional (Cuba Headlines, 2025a; Translating Cuba, 2024).
La lógica de compensación, documentada en la literatura comparada sobre transiciones como mecanismo para inducir la aquiescencia militar, funciona de manera más eficaz cuando las élites incumbentes pueden preservar rentas económicas localizadas en lugar de enfrentar una desposesión total (Cilliers & Sommer, 2025).
La geografía de Cuba refuerza este cálculo: las provincias de la isla ya presentan perfiles económicos diferenciados, con una economía turística concentrada en La Habana que difiere significativamente del oriente agrícola (Bertelsmann Stiftung, 2024).
Un marco confederal que aproveche estas diferencias podría generar acuerdos de élites que sostengan la transición, algo que los otros dos modelos no logran con la misma facilidad (Cuba Headlines, 2025a; CiberCuba, 2026).
Sin embargo, el modelo descentralizado presenta importantes desventajas para los intereses estratégicos de Estados Unidos.
Una Cuba confederal con soberanía fragmentada podría emerger como un Estado débil incapaz de controlar su territorio, negar el acceso a servicios de inteligencia adversarios o negociar acuerdos de seguridad vinculantes con Washington (White House, 2025a; U.S. House Committee on Homeland Security, 2025).
Los informes SIGINT del CSIS muestran que China concentra su presencia de inteligencia cerca de La Habana, en Bejucal (22 millas al sur de la capital) y en Wajay, en la periferia occidental de la ciudad (Funaiole et al., 2024b).
Una estructura de gobernanza descentralizada podría otorgar a las autoridades provinciales una capacidad insuficiente para expulsar al personal de inteligencia chino que opere bajo acuerdos con el Estado nacional residual (Funaiole et al., 2024a; White House, 2026).
Por lo tanto, la amenaza de inteligencia estratégica que impulsa la política de Estados Unidos hacia Cuba podría persistir bajo un arreglo confederal (White House, 2025a; Funaiole et al., 2025).
El modelo descentralizado también implica riesgos migratorios significativos.
Un Estado central débil que enfrente dificultades de coordinación confederal podría fracasar en la gestión de desplazamientos poblacionales derivados de la transición económica (CRS, 2025a; Freedom House, 2025).
La tasa de emigración de Cuba antes del colapso ya alcanzó un millón de residentes entre 2021 y 2023 bajo un régimen autoritario plenamente coercitivo; un sucesor confederal sin esa capacidad coercitiva enfrentaría una presión de desplazamiento mucho mayor (Funaiole et al., 2024a; Bertelsmann Stiftung, 2024).
Una transición confederal que libere incertidumbre económica sin proporcionar gobernanza estable podría acelerar la emigración más allá de ese nivel (IDEA, 2024).
Cancian y Hicks (2026) señalan que la principal preocupación hemisférica del ejército estadounidense se centra en la inestabilidad impulsada por la migración, junto con la proyección de poder adversario.
La autonomía federal descentralizada corre el riesgo de amplificar precisamente la inestabilidad que Estados Unidos busca evitar con mayor urgencia (Cancian & Hicks, 2026; CRS, 2025a).
Las distintas desventajas que cada modelo genera frente a las prioridades estratégicas de Estados Unidos exigen un análisis comparativo directo para determinar qué vía de gobernanza debería desarrollar y perseguir Washington.
Evaluación comparativa: ¿Qué modelo sirve mejor a las prioridades estratégicas de Estados Unidos?
La evidencia comparativa derivada del análisis de los tres modelos conduce a una conclusión diferenciada, no a una única opción óptima. Ningún modelo satisface plenamente las tres prioridades estratégicas de Estados Unidos, negación del adversario, prevención migratoria e integración económica, sin generar nuevas vulnerabilidades (White House, 2025a; Atlantic Council, 2025).
La consolidación democrática liberal ofrece la mejor alineación a largo plazo con los intereses de Estados Unidos, pero enfrenta las mayores restricciones de viabilidad en el corto plazo (Cuban Studies Institute, 2023; Cilliers & Sommer, 2025).
La administración supervisada externamente proporciona la vía de transición más estructurada, pero depende de la legitimidad multilateral y de la cooperación de las FAR, factores que no están garantizados en las condiciones actuales (Cuba Siglo 21, 2025; CiberCuba, 2026).
La autonomía federal descentralizada minimiza el riesgo de movilización de actores desestabilizadores, pero como modelo independiente genera vulnerabilidades propias de Estados débiles que contradicen los intereses de seguridad e inteligencia de Estados Unidos, aunque sus mecanismos provinciales siguen siendo valiosos dentro de un enfoque secuenciado (Funaiole et al., 2024a; IDEA, 2024).
Los analistas que comparan estos modelos deben reconocer a GAESA como una variable central. Cuba Siglo 21 (2025) identifica la eliminación o reestructuración de GAESA como condición previa para un cambio sistémico real.
Sin dicha reestructuración, los tres modelos corren el riesgo de producir un escenario, descrito por Rivas (2025), en el que los actores establecidos resisten una transición política significativa.
El modelo que amenace de manera más creíble la posición económica de GAESA, induciendo así negociaciones con las FAR alineadas con los intereses de Estados Unidos, tendrá la mayor probabilidad de lograr una alineación estratégica duradera (Cuba Center, 2025; Vidal, 2025).
El modelo supervisado externamente presenta la mayor credibilidad en este sentido, dado su potencial de autoridad internacional sobre la normalización económica (Columbia Law School / Horizonte Cubano, 2025; Atlantic Council, 2025).
La dimensión del acceso adversario refuerza aún más la ventaja a corto plazo del modelo supervisado externamente.
La infraestructura SIGINT china en Cuba, según el comandante del SOUTHCOM, almirante Alvin Holsey, funciona como una plataforma cercana para la recolección de inteligencia y la proyección de poder contra Estados Unidos (U.S. House Committee on Homeland Security, 2025; Funaiole et al., 2025).
El despliegue naval ruso de junio de 2024, que incluyó una fragata de misiles guiados y un submarino nuclear, demuestra la disposición continua de Moscú a utilizar Cuba para la proyección de poder (Funaiole et al., 2024a).
Una administración supervisada externamente, operando bajo protocolos de seguridad legitimados internacionalmente y respaldada por influencia diplomática estadounidense, podría negociar compromisos vinculantes para negar el acceso a China y Rusia dentro de un plazo definido (White House, 2026; White House, 2025a).
Si bien la consolidación democrática liberal eventualmente lograría este objetivo, su cronograma es más largo y menos predecible (CRS, 2025a; Funaiole et al., 2025).
La prioridad de prevención migratoria presenta un resultado más matizado, favoreciendo parcialmente la consolidación democrática liberal sobre la supervisión externa.
El informe BTI 2024 señala que Cuba perdió más de 300.000 residentes hacia Estados Unidos solo en 2022, una hemorragia que una economía democrática estabilizada podría contener más eficazmente que una transición prolongada administrada internacionalmente (Bertelsmann Stiftung, 2024).
Henderson (2026) identifica un cambio ideológico fundamental en la opinión pública cubana: el 79% considera que el socialismo está en declive y el 21,7% se identifica como liberal o promercado.
Una transición democrática que responda a ese sentimiento podría generar optimismo económico y reducir la presión migratoria más rápidamente que una administración externa prolongada (Henderson, 2026; Independent Institute, 2025).
Por tanto, la variable migratoria reduce parcialmente la ventaja del modelo supervisado externamente frente a la consolidación liberal.
La hipótesis de secuenciación: Una vía híbrida
Las ventajas y desventajas combinadas de los modelos conducen al hallazgo analítico central: ningún modelo de gobernanza individual satisface de manera óptima las tres prioridades estratégicas de Estados Unidos de forma simultánea.
La evidencia comparativa respalda, en cambio, una vía híbrida secuenciada: una administración transicional supervisada externamente en la fase inmediata posterior al colapso, seguida de una consolidación democrática liberal a medida que se desarrolla la capacidad institucional (Atlantic Council, 2025; Rivas, 2025).
Esta vía híbrida secuenciada se alinea con la recomendación de Rivas (2025) de compromiso condicionado, combinando alivio gradual de sanciones con indicadores medibles de democratización, liberalización económica e institucionalización del Estado de derecho.
La autonomía federal descentralizada funciona como un mecanismo dentro de la secuencia, más que como un modelo independiente, donde las capacidades democráticas desarrolladas a nivel municipal durante la fase supervisada servirían como base institucional para la consolidación nacional (Chaguaceda, 2026; Kincaid, 2021).
El marco híbrido aborda las principales debilidades de cada modelo mientras preserva sus ventajas estratégicas clave (Atlantic Council, 2025; Rivas, 2025).
La postura de política exterior de Estados Unidos necesaria para habilitar esta vía híbrida difiere sustancialmente del enfoque actual centrado en sanciones.
Como argumenta DePetris (2026a), el embargo vigente proporciona cobertura política al régimen cubano frente a sus fallas internas y genera incentivos geopolíticos para profundizar su alineación con China y Rusia.
La designación de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo, restablecida en enero de 2025, limita los incentivos para la cooperación de las élites militares vinculadas a GAESA (CRS, 2025b; White House, 2026).
Una vía secuenciada requiere que Washington desarrolle incentivos de normalización condicional, específicamente, alivio progresivo de sanciones vinculado a hitos verificables en seguridad y gobernanza, en lugar de mantener un aislamiento categórico (Rivas, 2025; Atlantic Council, 2025).
La Cuba Initiative de FIU (FIU Havel Program, 2022) proporciona un marco intelectual multilateral para desarrollar esta arquitectura de condicionalidad basada en hitos (DePetris, 2026b; FIU Havel Program, 2022).
Cuba Siglo 21 (2025) identifica condiciones específicas que Washington debería monitorear como indicadores del inicio de la transición. El informe señala cuatro detonantes convergentes: colapso financiero interno de GAESA, muerte de Raúl Castro que desencadene luchas de poder entre élites, descontento popular que supere la capacidad coercitiva del régimen y claridad estratégica de Estados Unidos que permita la coordinación de la oposición (Cuba Siglo 21, 2025).
Los datos de vigilancia del CSIS, que muestran que las instalaciones SIGINT chinas en Bejucal y Wajay continuaron siendo modernizadas incluso mientras la economía cubana colapsaba, sugieren que Beijing considera cada vez más probable un escenario de colapso (Funaiole et al., 2024b; Funaiole et al., 2025).
China podría aprovechar esa ventana para consolidar aún más su infraestructura de inteligencia antes de que un gobierno sucesor pueda negociar restricciones de acceso (Funaiole et al., 2024a; White House, 2025a).
La aceleración de la inversión china en inteligencia refuerza la urgencia de que Estados Unidos desarrolle planificación estratégica sobre modelos de gobernanza para Cuba (U.S. House Committee on Homeland Security, 2025; Cancian & Hicks, 2026).
Conclusión y juicios analíticos
Cinco juicios analíticos emergen del conjunto de evidencia con confianza moderada. Primero, las condiciones estructurales de Cuba, el monopolio económico de GAESA, el vaciamiento institucional, la debilidad de la sociedad civil y el arraigo de la inteligencia adversaria, hacen que la consolidación democrática liberal rápida sea el resultado de gobernanza preferido, pero el menos viable de manera inmediata (Columbia Law School / Horizonte Cubano, 2025; Cilliers & Sommer, 2025). Segundo, una administración transicional supervisada externamente ofrece el mecanismo más sólido a corto plazo para abordar las preocupaciones de Estados Unidos sobre el acceso de actores adversarios. Sin embargo, el modelo requiere legitimidad multilateral y cooperación negociada de las FAR que la política actual de Estados Unidos bloquea activamente, lo que hace que la reforma de política sea un requisito previo para la viabilidad del modelo recomendado (White House, 2026; DePetris, 2026a). Tercero, la autonomía federal descentralizada minimiza el riesgo de movilización de actores desestabilizadores, pero genera vulnerabilidades propias de Estados débiles que son incompatibles con los intereses de seguridad en inteligencia y migración de Estados Unidos (Cancian & Hicks, 2026; IDEA, 2024).
Cuarto, la variable GAESA funciona como la variable principal que determina qué modelo de gobernanza prevalece: como se establece en la Sección I, cualquier modelo que no logre reestructurar GAESA corre el riesgo de producir una mutación de régimen en lugar de una transición genuina (Vidal, 2025; Cuba Center, 2025). Quinto, una vía secuenciada de transición supervisada seguida de consolidación democrática liberal, con desarrollo institucional descentralizado como mecanismo intermedio, es la que de manera más sostenida sirve a las tres prioridades estratégicas de Estados Unidos cuando se evalúa tanto en el corto como en el largo plazo (Rivas, 2025; Atlantic Council, 2025). Los cinco juicios se sustentan en la evidencia presentada en las secciones anteriores; cada juicio refleja la incertidumbre inherente a la predicción de los resultados de las transiciones posautoritarias en un sistema autoritario altamente institucionalizado (Chaguaceda, 2026; Chaguaceda, 2025).
El supuesto clave de la evaluación que requiere validación se refiere a la disposición institucional de las FAR frente a cualquier escenario de transición. La voluntad de las FAR de permitir una reestructuración de la gobernanza, en lugar de organizar una sucesión controlada por los militares, determinará si alguno de los tres modelos se vuelve operativamente viable (Cuba Headlines, 2025a; CiberCuba, 2026). La entrevista de Padgett (2023) con el viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, revela el compromiso explícito del régimen con la liberalización económica sin liberalización política, una posición que las FAR, como custodias institucionales de GAESA, comparten. La capacidad de Washington para alterar el cálculo costo-beneficio de las FAR, haciendo que la cooperación de las FAR con una transición política sea económicamente más atractiva que la resistencia, determinará en última instancia qué modelo de gobernanza implementará el Estado sucesor postautoritario de Cuba (Rivas, 2025; DePetris, 2026b). Estados Unidos dispone de más capacidad de influencia sobre ese cálculo de las FAR de la que refleja su política actual, y la ventana para ejercer esa influencia se reduce a medida que Beijing acelera la inversión en infraestructura de inteligencia en la isla (Funaiole et al., 2025; White House, 2025a).
Declaración de nivel de confianza
MSI² evalúa con confianza moderada que una vía híbrida secuenciada, una administración transicional supervisada externamente seguida de una consolidación democrática liberal gradual, con el desarrollo institucional descentralizado como mecanismo de transición, es la que de manera más sostenida sirve a las prioridades estratégicas de Estados Unidos en el hemisferio occidental en caso de colapso autoritario en Cuba. Este nivel de confianza refleja evidencia consistente de múltiples fuentes en la evaluación adjunta y en análisis secundarios corroborativos. Persisten incógnitas críticas sobre la disposición de las Fuerzas Armadas cubanas, las finanzas opacas de GAESA y el ritmo de consolidación de la presencia de la República Popular China y Rusia.
Puntos clave
- El conglomerado militar cubano GAESA controla el 70 por ciento de la economía, y cualquier gobierno sucesor que no logre reestructurar GAESA corre el riesgo de producir una mutación de régimen, no una transición genuina.
- Una administración transicional supervisada externamente proporciona a Washington el mecanismo más sólido a corto plazo para desmantelar la infraestructura de inteligencia china y rusa antes de que un gobierno democrático sucesor pueda consolidar el poder.
- Una vía secuenciada, primero una transición supervisada y luego la consolidación democrática liberal, es la que de manera más sostenida sirve a las tres prioridades estratégicas de Estados Unidos: negación al adversario, prevención migratoria e integración económica.
Referencias
Esta bibliografía se basa principalmente en informes del gobierno de Estados Unidos, think tanks euroatlánticos y organizaciones no gubernamentales orientadas a la democracia, que en conjunto generan una perspectiva fuertemente centrada en Estados Unidos, orientada a la seguridad y de carácter liberal-institucionalista. Estas fuentes enfatizan el dominio económico de GAESA, el poder coercitivo de las FAR y la actividad de inteligencia china y rusa, reflejando la línea del documento de que “la opacidad de GAESA sigue siendo el principal obstáculo estructural para las transiciones postautoritarias”. Autores académicos como Vidal, Kincaid, Chaguaceda y Cilliers & Sommer aportan el fundamento teórico, mientras que FIU y Cuba Siglo 21 añaden análisis de política vinculados a la diáspora.
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Descargo de responsabilidad
Las opiniones, interpretaciones y conclusiones expresadas en este artículo son exclusivamente del autor. No representan las posiciones oficiales, políticas u opiniones del Gobierno de los Estados Unidos ni de ninguna de sus agencias.
Publicado originalmente en el Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, un grupo de expertos no partidista especializado en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. Más información del Miami Strategic Intelligence Institute en www.miastrategicintel.com
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