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INFORME

La delincuencia se eleva en Cuba, delitos crecieron 115.11 % en 2025

El l Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana (OCAC) destaca que el régimen no logra frenar los altos índices de inseguridad social

Por REDACCIÓN/Diario Las Américas

El año 2025 marcó un punto de no retorno en la descomposición social de Cuba, donde la inseguridad dejó de ser un rumor en las calles para convertirse en el síntoma más feroz de un sistema en colapso.

Según el más reciente informe del Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana (OCAC), la delincuencia en la isla no solo se ha disparado, sino que se consolidó como un problema estructural que el régimen de La Habana ya no puede contener.

Los datos son devastadores: se documentaron 2.833 reportes de delitos, lo que representa un incremento estratosférico del 115,11 % respecto al año anterior y un salto escalofriante del 336,58 % en comparación con 2023.

La realidad en Cuba es peor

Estas cifras, sin embargo, apenas arañan la superficie de una realidad mucho más oscura, ya que el férreo control de la información y la opacidad estadística de la dictadura actúan como un velo para ocultar la verdadera magnitud de la tragedia ciudadana.

La expansión del mapa delictivo revela que la miseria y la desesperación ya no conocen fronteras geográficas dentro de la isla. Mientras el régimen mantiene su discurso de orden, las provincias de Matanzas, Granma, La Habana y Santiago de Cuba se han convertido en los epicentros de una violencia que se ha desplazado con fuerza hacia el centro y oriente del país.

El informe destaca que solo en el segundo semestre del año se promediaron más de ocho delitos diarios, una frecuencia que desmiente cualquier intento oficial de catalogar estos hechos como incidentes aislados. Esta criminalidad transversal es el resultado directo de una economía en ruinas y de una institucionalidad que ha priorizado la represión política sobre la protección del ciudadano común, abandonando a las provincias más precarias a su suerte.

En el corazón de esta crisis se encuentran los delitos contra la propiedad, un indicador inequívoco del hambre y la carestía que azotan a la población.

Los 1.536 robos registrados en 2025 suponen un aumento superior al 479 % respecto a los niveles de hace apenas dos años. Es particularmente revelador que una parte significativa de estos incidentes esté vinculada al hurto y sacrificio de ganado, una práctica que expone la desesperación de una sociedad que recurre a economías ilegales de subsistencia ante el colapso de la soberanía alimentaria prometida por el Estado. La afectación es total: desde el ciudadano que pierde lo poco que tiene en su vivienda hasta las propias instituciones estatales, evidenciando que la "autoridad" del régimen es hoy una cáscara vacía ante el empuje del hampa.

La descomposición social ha alcanzado una nueva y peligrosa frontera con la explosión del tráfico de drogas, una categoría que ha alcanzado cifras sin precedentes. La Habana sigue siendo el nodo principal, pero la expansión de sustancias de bajo costo y alta peligrosidad, como los cannabinoides sintéticos conocidos como “químico”, hacia las provincias orientales, refleja la vulnerabilidad de una juventud sin futuro. Resulta indignante que, según el análisis del OCAC, las capturas realizadas por el aparato de seguridad sean mayoritariamente individuales y mediáticas, lo que sugiere que el régimen no tiene interés real en desarticular las redes de fondo, sino en realizar arrestos de fachada para alimentar su maquinaria de propaganda mientras las estructuras criminales permanecen intactas.

Finalmente, el informe describe un escenario de violencia interpersonal donde los asaltos y agresiones se han multiplicado, reflejando un tejido social desgarrado. Aunque los homicidios mostraron un descenso relativo en comparación con años previos, la cifra de 152 asesinatos y 173 muertes violentas (incluyendo 48 feminicidios confirmados por observatorios independientes) sigue siendo una mancha de sangre sobre un sistema que se jacta de ser un "paraíso" de seguridad. Con más de 3.500 victimarios identificados y cientos de víctimas vulnerables, entre ellos niños y ancianos, la conclusión es ineludible: la inseguridad crónica en Cuba es el subproducto inevitable de una crisis sistémica.

Sin un cambio radical en las estructuras políticas y económicas que asfixian a la nación, el país parece condenado a una espiral de caos donde el delito es la única respuesta a un Estado que ha renunciado a su función más básica.

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FUENTE: Con información Observatorio Cubano de Auditoría Ciudadana (OCAC)

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