La medida, que según la mandataria izquierdista responde a una “decisión soberana” tanto del Estado mexicano como de Petróleos Mexicanos (PEMEX) y no a “presiones externas”, parece ser —de momento— temporal, aunque con altas posibilidades de mantenerse en el tiempo, en el marco de la estrategia de Washington para poner fin al régimen cubano, lo cual estaría en el radar tras la captura del dictador venezolano, Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero.
“El bloqueo naval a Cuba sería una carta que Estados Unidos se reserva a usar en un momento determinado, pero que no lo necesita usar mientras haya otras cartas que pueda emplear para lograr el mismo propósito, que es cortarle esos envíos a Cuba”, explica Juan Antonio Blanco, analista político y experto en negociaciones y resolución de conflictos, en conversación con DIARIO LAS AMÉRICAS.
Asfixia al régimen
En ese sentido, la estrategia prioritaria ha sido otra: “La principal y primera opción es lo que han estado haciendo, presionar a México bilateralmente por los mecanismos que hay políticos, económicos y de seguridad entre los dos países para que reconsideren el problema de los envíos”.
Esta vía, a su juicio, ha mostrado ya efectos tangibles: “Evidentemente está dando resultado, por lo que pasó hace un día o dos días atrás, de que suspendieron el envío”. Esto, dejaría al bloqueo naval en stand by, no porque haya sido descartado, sino porque resulta innecesario recurrir a él mientras la presión a México cumple con el mismo objetivo: asfixiar al régimen cubano.
Aunque Sheinbaum lo presenta como una “decisión soberana”, el analista resalta que, en efecto, la tomó México, pero no de manera unilateral sino porque “EEUU le dijo que eran intolerables” los envíos de crudo a la isla, que entre octubre de 2024 (cuando asumió la presidenta el poder) hasta noviembre de 2025 superaron los 1,106 millones de dólares —el monto más alto registrado en más de tres décadas—, según cifras del Banco de México (BANXICO).
“¿Se mantendrá la suspensión de los envíos de forma permanente? Yo apostaría que sí —opina Blanco—, pero la presidenta no ha querido asumir de forma definitiva esa responsabilidad porque me imagino que la quiere discutir primero con los cubanos”.
México, la espada y la pared
Para el analista, el argumento de que los envíos de crudo a Cuba obedecen a “donaciones humanitarias” sería “bastante extravagante”. Detalla que la presidenta mexicana ha utilizado dos explicaciones incompatibles: “En ocasiones dice que son donaciones humanitarias, en otras ocasiones dice que es pago por el trabajo que hacen los médicos cubanos en México. Y en ambas cosas está equivocada”.
En cuanto al carácter humanitario del suministro, Blanco menciona informaciones recientes que cuestionan el destino final del petróleo enviado: “Es sabido que una buena parte de ese petróleo que han enviado a Cuba, más del 60% era reempaquetado y enviado a mercados en Asia”. Los ingresos de esa reventa, continúa, no benefician a la población cubana: “Todo ese dinero se lo reembolsa GAESA (el conglomerado empresarial controlado por el régimen cubano), no llega a Cuba para ser reinvertido en Cuba”
En consecuencia, “lo que quedaba en Cuba era el 40% de su ‘donación humanitaria’”, que tiene un destino prioritario lejos de atender las necesidades del pueblo cubano: “Por lo menos la mitad va para el aparato represivo, la patrulla de la policía, todo el aparato militar, y para los hoteles de GAESA. Y lo que queda es para producir electricidad a la población. Así que la donación humanitaria es bastante cuestionable”.
En cuanto a la segunda justificación —el pago por los servicios de las brigadas médicas cubanas—, para Blanco es un problema aún mayor, en vista de que esas misiones han sido objeto de severas críticas internacionales: “Está considerado por los Estados Unidos, por varios países e incluso por relatores especiales de Naciones Unidas, que esas brigadas médicas trabajan en condiciones de esclavitud moderna, de trabajo forzado”.
En ese contexto, el Tratado entre México, EEUU y Canadá (T-MEC) adquiere un peso determinante. “El tratado de libre comercio tiene una cláusula —Artículo 23.6 del Capítulo 23 (Laboral)— que explícitamente prohíbe que cualquiera de los países se involucre en explotar mano de obra esclava en la producción de las mercancías”, explica. Por ello, insistir en ese argumento “está poniendo aún más en peligro lo que ella quiere proteger, ante todo, que es el tratado de libre comercio con EEUU”.
Blanco considera que la presidenta mexicana enfrenta un escenario políticamente complejo, debido a que los costos potenciales de retomar la exportación de crudo a Cuba no recaerían únicamente sobre el gobierno, sino sobre sectores clave de la economía: “Veo bastante complicado el camino de la presidenta para dar marcha atrás ahora a la suspensión de los envíos”.
Agudización de la crisis
La medida tendría un impacto inmediato en la ya frágil situación energética de la isla, especialmente tras el declive del suministro venezolano, haciendo que la crisis estructural que atraviesa Cuba desde hace varios años entre en su fase terminal, situación que —advierte el analista— el régimen castrista intentaría usar para imponer su relato.
“El gobierno cubano, cualquier presión que le hagan en este momento, la va a tratar de usar como justificación de que el momento terrible que está viviendo la población cubana se le debe a esta política de Trump y de los Estados Unidos. Y eso es totalmente falso”, precisa.
Blanco resalta que el colapso actual no es consecuencia de decisiones recientes: “La crisis que hay en Cuba venía de muchos años atrás incubándose y se ha empeorado en los últimos cinco o seis años. Esa crisis no empezó después de que trajeron a Maduro de Venezuela el 3 de enero, no empezó con la administración (Donald) Trump actual. Esa situación viene de atrás y viene de malas decisiones del gobierno cubano”.
Entre ellas, destaca, el uso de recursos públicos en proyectos improductivos. “El gobierno cubano tomó la decisión de gastar miles de millones de dólares en construir hoteles de lujo que hoy están vacíos”, mientras se descuidaron áreas clave como la salud, la sanidad y la seguridad, apostando por un turismo que no prospera en un país en crisis.
Además, apunta a las restricciones al sector agrícola: “Es el gobierno cubano el que ha decidido impedir que los campesinos puedan producir libremente y vender lo que producen”. “Ellos van a tratar ahora de culpar a Trump como si hubiera sido un huracán que pasó por arriba de Cuba y destruyó todo. No, señores, eso venía de antes”, subraya.
“Pulso pueblo y poder”
El analista estima que en un plazo de “dos o tres meses” máximo, el colapso energético —que ya empieza a mostrar señales, con apagones en más del 50% del territorio cubano— desencadene una nueva ola de protestas en la isla. “En la medida en que se acabe el petróleo y no haya electricidad ni agua, la población va a estar viviendo en condiciones angustiosas (...) Es muy probable que la gente no aguante más y salga otra vez a la calle”, advierte, especialmente al acercarse el verano, una etapa históricamente asociada a mayor efervescencia social.
Ante una nueva ola de protestas producto de la inminente agudización de la crisis, el analista destaca que el régimen en lugar de adoptar medidas paliativas, como la liberación de producción agrícola, otorgar libertad real a la empresa privada o levantar las restricciones a la inversión extranjera, ha buscado apoyo externo para su aparato represivo, a través de los rusos. “La colaboración que Rusia les va a brindar no es para modernizar la economía, sino para reprimir las manifestaciones que ellos, al igual que yo, están previendo que van a suceder casi inevitablemente”.
En un escenario de “pulso entre el pueblo cubano y el poder” — “injustamente desequilibrado” porque “el poder está armado para reprimir a la población, y la población está desarmada”—, Blanco considera que la intervención de un tercero (como EEUU) puede modificar radicalmente la ecuación.
“Cuando Estados Unidos interviene del lado del pueblo y le dice al bravucón del barrio ‘ni se te ocurra sacar a la calle tus escuadrones de la muerte’, se rompe la cadena de mando. Una vez que se rompa la cadena de mando, se acabó, se desmorona el régimen, porque lo único que tiene ese régimen que funciona es la represión contra el pueblo. Más nada funciona”, subraya.
Este, considera, sería el desenlace más probable para Cuba que, a diferencia del régimen venezolano que contaba con “un aparato de defensa poderoso, pero obsoleto”, el poder de la dictadura cubana no descansa en su capacidad militar frente a Washington, sino en su estructura represiva doméstica.
Por ello, descarta acciones similares a las que se llevaron a cabo en Caracas el 3 de enero para extraer con vida a Maduro y su esposa, Cilia Flores: “Tirarle bombas a los tanques no tiene sentido; yo creo que los tanques ni caminan ya. Tirarle a los aviones, creo que quedan cinco y no sé ni siquiera si están en condiciones de volar”.
Agrega, además, que sería improbable una “operación de extracción de un viejo de 94 años”, en referencia a Raúl Castro, a quien identifica como el verdadero centro del poder en La Habana; mientras que para sacar a Miguel Díaz-Canel, que “es un monigote”, sería “una pérdida de tiempo y de recursos”.
“Creo que lo que va a suceder en Cuba —y creo que va a suceder— es una operación totalmente diferente a la que se usó en el caso de la modalidad venezolana”, enfatiza.
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