LA HABANA.- La historia de los pueblos es indetenible. Los que piensan que Cuba es una excepción se equivocan. Las señales de inconformidad creciente lo confirman. Las señales emitidas en los "comicios" celebrados a partir del año 2003 —ignoradas por el Gobierno cubano— han sido ratificadas en el referendo constitucional del domingo 24 de febrero, como puede verse en la siguiente tabla.

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Relación de votos.
Relación de votos.

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Como informó DIARIO DE CUBA, el modelo totalitario cubano desde su implantación demostró ser ineficaz. Las señales indicativas de su inviabilidad, como el fracaso de la Zafra de los Diez Millones en 1970 y la crisis surgida al día siguiente de la caída de la Unión Soviética, fueron ignoradas. Las medidas coyunturales introducidas en 1993 fueron paralizadas y las reformas de 2008 fracasaron por su carácter limitado. La razón de tales resultados radica en la imposibilidad de cambiar y al mismo tiempo conservar el poder con un modelo antinatural.

En la época presente resulta imposible gobernar sin legitimidad. Si en 1959 los revolucionarios se legitimaron con la toma del poder por las armas y con la redistribución populista de lo que antes se había producido; en 2018 los sustitutos carecen de la legitimidad de las urnas y la economía estancada les impide redistribuir.

Sin comprender que la Cuba y el mundo de hoy no son la Cuba y el mundo de 1959 ni de 1976, cuando la democratización constituye una exigencia de la gobernabilidad, el PCC nuevamente intenta cambiar la forma para conservar el contenido. Con ese fin redactó el "nuevo" texto constitucional sin participación de representantes del pueblo ni de otros partidos, con el control monopólico de los medios de comunicación y de todas las instituciones del país y desató una agobiante campaña publicitaria por el Sí.

Según la Comisión Electoral Nacional el padrón electoral de 2017 era de 8.855.213 personas y ahora, el de 2019, sin haberse producido un aumento de la población cubana, aumentó hasta 9.298.277, es decir, 443.064 personas más. También el domingo 24 de febrero se habló de 8,6 millones de votantes, y el lunes 25 de 9,2 millones y a última hora se incluyeron 628.563 votantes. A pesar de esas variaciones y de que el autor del texto constitucional es el mismo que convoca, cambia los datos del padrón electoral y cuenta los votos, los datos oficiales no les son favorables.

En las elecciones parlamentarias y municipales celebradas entre 2003 y 2017 —a pesar de las acciones emprendidas contra la oposición— la suma de los que no asistieron, entregaron en blanco o anularon sus boletas aumentó de 509.872 (6,13%); a 1.869.937 (21,12%).

Ahora, el 24 de febrero, precedido por la movilización permanente de todas las asociaciones e instituciones gubernamentales y no gubernamentales, con todos los dirigentes y funcionarios llamando a votar por el Sí, y en ausencia de observadores independientes, de un padrón de 9.298.277 asistieron a las urnas 7.848.343 (84,4%). No asistieron 1.449.934 (15,60%). De los que asistieron 6.816.169 votaron SÍ (86,84%); mientras 706.400 votaron No (9,00%). 198.674 depositaron la boleta en blanco (2,53%) y 127.100 la anularon (1,62%).

La suma de los que no asistieron, votaron por el No, depositaron las boletas en blanco o las anularon, alcanzó la cifra récord de 2.482.108 cubanos (26,69%), superior al 1.869.937 (21,12%) que demostró su inconformidad en las municipales de 2017.

En Cuba, donde no hay analfabetos, donde la propaganda detalló durante meses como votar por el Sí; con actos celebrados en todos los centros de trabajo y de estudios, con llamamientos en todas las actividades políticas, económicas, culturales, deportivas y de cualquier otra índole; donde a los enfermos e impedidos de asistir a las urnas se les llevó la boleta a la casa sin privacidad para ejercer el voto; con carteles llamando a votar por el Sí en los colegios electorales, en las calles, en los ómnibus; prohibiendo cualquier campaña por el No, más de la cuarta parte de los cubanos manifestaron el rechazo a una Constitución que intenta anclar al país en el pasado.

¿Con esos resultados cómo se puede justificar la existencia de un solo partido político?

El "nuevo" texto constitucional, al conservar los males que impidieron el despegue del país:el partido único, la estatización, la planificación centralizada y la ausencia de libertades, ahondará la crisis. Las disímiles manifestaciones de inconformidad que se vienen repitiendo en diferentes lugares y sectores aumentarán en un 2019 de mayor complejidad nacional e internacional. En fin, que la historia resulta indetenible.

FUENTE: DIARIO DE CUBA/DIMAS CASTELLANOS

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