MIAMI.- Una de las obras de ingeniería más singulares de la Cuba del siglo XX permanece bajo las aguas de la bahía de La Habana. Se trata del túnel que conecta el casco urbano de la capital con La Habana del Este, una infraestructura cuya construcción requirió una operación de ingeniería poco convencional para atravesar el canal de entrada del puerto.
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La impresionante ingeniería detrás del túnel de la bahía de La Habana
Cinco enormes módulos de concreto permitieron completar una conexión vial que se convirtió en una de las obras más singulares de la capital cubana
Los trabajos comenzaron el 19 de septiembre de 1955, durante el gobierno de Fulgencio Batista, y culminaron con la inauguración de la infraestructura el 31 de mayo de 1958, meses antes del triunfo de la revolución encabezada por Fidel Castro, que tomó el poder en enero de 1959.
Batista asistió a la ceremonia inaugural de la obra, ejecutada por la compañía francesa Société des Grands Travaux de Marseille a partir del proyecto del ingeniero cubano José Menéndez Menéndez.
La construcción del túnel formó parte de los proyectos de infraestructura impulsados durante el gobierno de Batista para ampliar la conexión vial de la capital hacia su zona oriental. Su desarrollo recurrió a un procedimiento distinto al de las excavaciones submarinas convencionales: en lugar de perforar una galería bajo el lecho marino, los ingenieros fabricaron grandes módulos de concreto en tierra firme y posteriormente los trasladaron por flotación hasta la bahía, donde fueron sumergidos y ensamblados en una zanja previamente acondicionada.
Una construcción por etapas en medio de la bahía
El procedimiento comenzó con la fabricación de cinco enormes estructuras de concreto pretensado dentro de un dique seco. Los módulos fueron diseñados para soportar las exigencias de su traslado y posterior instalación bajo el agua.
Las dimensiones de los segmentos principales alcanzaban aproximadamente 107,5 metros de longitud, 22 metros de ancho y 7,1 metros de altura. El elemento central tenía una longitud inferior, de 90 metros.
Una vez finalizada su fabricación, las estructuras fueron sacadas del dique y remolcadas por la bahía. La operación exigía controlar su flotabilidad y desplazamiento para llevarlas hasta el lugar de emplazamiento sin comprometer su estabilidad.
En paralelo, los trabajos de preparación incluyeron el dragado del fondo marino para abrir una zanja en la que se alojarían los módulos. Después, cada estructura fue descendida hasta el lecho de la bahía y alineada con las anteriores, hasta completar el conducto submarino.
La utilización de elementos prefabricados permitió resolver uno de los principales desafíos del proyecto: construir un paso vehicular bajo una vía marítima de intensa importancia para las operaciones portuarias.
Una obra que marcó la infraestructura de la capital
El túnel tiene una extensión aproximada de 733 metros y modificó las condiciones de comunicación entre el centro de La Habana y los territorios ubicados al este de la bahía. Su apertura permitió establecer un recorrido directo entre ambas zonas sin necesidad de bordear el puerto.
La participación de la compañía francesa Société des Grands Travaux de Marseille y el trabajo de los profesionales vinculados al proyecto convirtieron la construcción en un referente de la ingeniería civil de su tiempo.
A casi 70 años de su apertura, el túnel continúa formando parte de la infraestructura vial de la capital cubana y constituye un testimonio de las soluciones técnicas empleadas durante la década de 1950 para superar obstáculos geográficos mediante grandes obras de ingeniería.
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FUENTE: Con información de Redes Sociales
