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Análisis

La transición dictatorial de Cuba no debería engañar a nadie

Cómo el régimen cubano ha mutado hacia una cleptocracia controlada y por qué la presión estratégica externa puede acelerar su colapso

Por Julio M. Shiling

Punto clave al inicio: Cuba no está transitando hacia la apertura, sino hacia una cleptocracia autoritaria consolidada. Las recientes medidas de presión energética de Estados Unidos atacan una vulnerabilidad crítica del régimen y podrían acelerar un punto de inflexión. Sin embargo, cualquier estrategia efectiva debe rechazar la ilusión de reformas graduales y exigir un cambio político real.

Por qué esto importa

La evolución del régimen cubano tiene implicaciones directas para la seguridad hemisférica, la credibilidad de la política exterior estadounidense y el futuro de los regímenes autoritarios en América Latina. Si el modelo cubano logra consolidarse como una cleptocracia funcional al estilo ruso, podría servir como precedente para otros sistemas híbridos en la región, combinando control político absoluto con aperturas económicas selectivas.

Además, la respuesta de Estados Unidos a esta transición definirá el estándar de cómo enfrentar regímenes que simulan reformas mientras perpetúan estructuras de poder autoritarias. El caso cubano no es solo un asunto doméstico o bilateral: es una prueba estratégica sobre si la presión sostenida puede revertir sistemas autoritarios adaptativos o si, por el contrario, estos logran reconfigurarse para sobrevivir indefinidamente.

Resumen ejecutivo

La orden ejecutiva del presidente Donald J. Trump del 29 de enero de 2026, que declara una emergencia nacional sobre Cuba y autoriza aranceles a cualquier país que suministre petróleo al régimen, representa una escalada decisiva y largamente esperada en la política estadounidense hacia la isla. La medida apunta a una vulnerabilidad estructural central del sistema cubano: su dependencia energética externa. Durante décadas, el régimen ha sobrevivido gracias a subsidios extranjeros y a una estrategia calculada de reformas económicas superficiales destinadas a preservar el control político del Partido Comunista. La evolución del sistema cubano bajo Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel no constituye una liberalización, sino una transición hacia un modelo cleptocrático similar al desarrollado en la Rusia postsoviética. Ante esta realidad, cualquier política estadounidense debe evitar la ilusión de reformas graduales y exigir transformaciones políticas genuinas que conduzcan a la democracia, al Estado de derecho y a elecciones libres.

Presión estratégica y el punto de inflexión en la política hacia Cuba

La orden ejecutiva del presidente Donald J. Trump del 29 de enero de 2026, en la que se declara una emergencia nacional sobre Cuba y se autorizan aranceles a cualquier país que suministre petróleo al régimen, representa una escalada decisiva y largamente esperada. Por fin, la retórica dura se corresponde con acciones reales, y se está llevando a cabo una política destinada a desmantelar el dominio comunista de los Castro.

Al cortar el suministro de petróleo subvencionado, que era el sustento de la isla, interrumpido por Venezuela tras la destitución de Maduro y posteriormente prolongado mediante amenazas contra México y otros países, la Administración está empujando al comunismo cubano al borde del colapso. Esto no es crueldad. Es una presión estratégica diseñada para forzar un cambio genuino en lugar de un “diálogo” interminable que sostiene la tiranía.

Los orígenes de la transición dictatorial del castrismo

La versión cubana de la Nueva Política Económica de Lenin, el plan calibrado de combinar inversión extranjera bajo auspicios dictatoriales, comenzó con Fidel Castro tras el colapso del comunismo soviético. Sin embargo, las raíces de la transición actual se consolidaron bajo el mandato del tirano más joven.

Desde que Raúl Castro asumió el poder en 2006, Cuba ha experimentado una transición dictatorial calculada que refleja el cambio de la Rusia postsoviética, pasando de una dictadura socialista totalmente centralizada a un totalitarismo cleptocrático. Lo que a algunos les pudo parecer una reforma ha sido en realidad una fachada cuidadosamente diseñada.

Su formulación se concibió para preservar el poder de la élite, el dominio militar y el régimen de partido único bajo la apariencia de aperturas limitadas. Mientras Estados Unidos se embarca en negociaciones o conversaciones, reales o inventadas, con la dictadura comunista de Castro, debe permanecer alerta ante la evolución engañosa del régimen.

El putinismo en el Caribe debe ser rechazado de plano. Solo la libertad auténtica, la democracia multipartidista, las elecciones libres y justas y el Estado de derecho serán suficientes.

El “raulismo”: un manual de supervivencia autoritaria

La era de Raúl Castro introdujo el “raulismo”, un calculado manual de supervivencia que preservaba el control leninista de partido único mientras revestía el despotismo con elementos “privados” selectivos.

Lejos de representar una liberalización, estos cambios fueron diseñados para enriquecer a la élite, afianzar el dominio militar y ganar tiempo en medio de la ruina económica.

El conglomerado militar GAESA constituye la prueba más evidente. Este gigante opaco controla amplios sectores del turismo, el comercio minorista, las remesas, las importaciones y numerosos segmentos de la economía cubana. Se estima que controla el 70% o más de la economía nacional y genera miles de millones de dólares, mientras los ciudadanos cubanos enfrentan apagones, escasez crónica y desesperación económica.

Revelaciones recientes indican que GAESA acumula cerca de 18.000 millones de dólares en reservas, incluso cuando el régimen afirma públicamente que el país carece de recursos básicos y priva a su población de medicamentos esenciales.

Se trata de una cleptocracia clásica: un sistema de capitalismo de Estado en el que las fuerzas armadas y los altos dirigentes del Partido desvían la riqueza mediante acuerdos concesionales protegidos por una estructura de impunidad.

Reformas económicas controladas y estancamiento estructural

Los “Lineamientos” de política económica y social aprobados en 2011 prometían eficiencia, expansión del autoempleo e inversión extranjera destinada a generar crecimiento económico.

En la práctica, estas reformas operaban estrictamente dentro del marco rígido del Partido Comunista. Los resultados fueron anémicos y quedaron muy por debajo de los objetivos declarados, mientras el dogmatismo burocrático sofocaba cualquier espíritu emprendedor auténtico.

La Constitución de 2019 institucionalizó este modelo híbrido. La nueva carta magna declaró el socialismo “irrevocable”, reafirmó el liderazgo indiscutible del Partido Comunista y ofreció concesiones simbólicas como el reconocimiento limitado de la propiedad privada y ciertos límites de mandato.

Sin embargo, no desmontó ninguno de los pilares fundamentales del sistema. Este diseño reproduce el patrón observado en la transformación postsoviética de Rusia: continuidad autoritaria presentada como modernización.

Díaz-Canel y la institucionalización del capitalismo concesionario

La llegada de Miguel Díaz-Canel en 2018 no modificó sustancialmente el sistema. El nuevo “presidente”, seleccionado cuidadosamente dentro de la estructura del Partido, mantuvo intacta la arquitectura de poder establecida por la familia Castro.

Durante su mandato se introdujo el sistema de MIPYME (micro, pequeñas y medianas empresas) en 2021. Estas entidades superan actualmente las 11.000 y emplean a cientos de miles de personas.

Sin embargo, las regulaciones introducidas entre 2024 y 2025 endurecieron los controles estatales. Entre ellas se incluyen requisitos más estrictos para los socios, ampliación de las actividades prohibidas, aprobaciones locales obligatorias y mantenimiento de monopolios estatales sobre insumos clave.

Las empresas privadas deben importar a través de intermediarios controlados por el Estado, alinearse con los “principios socialistas” y enfrentarse a cambios regulatorios repentinos.

No se trata de mercados libres. Es un capitalismo concesionario donde las aperturas aparentes benefician a los aliados políticos del régimen, mientras el Partido Comunista conserva el poder decisivo.

Incluso las reformas de inversión extranjera anunciadas en 2025, que incluyen mayor flexibilidad monetaria y procesos de aprobación más rápidos, permanecen completamente subordinadas a las líneas rojas establecidas por la Constitución de 2019.

El paralelismo ruso y el peligro estratégico para Occidente

Esta evolución hacia una cleptocracia oligárquica representa un peligro significativo.

Al igual que la Rusia de Vladimir Putin, el liderazgo cubano busca garantizar su permanencia mediante una combinación de control político absoluto y concesiones económicas limitadas. Paralelamente, el régimen refuerza sus vínculos con China, Rusia e Irán mientras reprime cualquier forma de oposición interna.

La estrategia estadounidense basada en presión energética y sanciones, incluyendo la designación como patrocinador del terrorismo, restricciones de visado y la aplicación de la Ley Helms-Burton, apunta directamente a las vulnerabilidades estructurales del sistema cubano.

Esta estrategia refleja el tipo de presión sostenida que contribuyó a la caída del régimen de Maduro y demuestra que las sanciones pueden resultar efectivas cuando se aplican de manera constante y estratégica.

Conclusión: No caer en la ilusión de reformas cosméticas

El régimen castrista intentará responder mediante falsas promesas, reformas cosméticas y apelaciones humanitarias diseñadas para obtener concesiones internacionales.

Estados Unidos debe evitar caer en esa trampa.

Ningún acuerdo debe aceptar la permanencia de una autocracia reformulada en la que las elecciones continúan siendo una farsa, los presos políticos permanecen encarcelados y las élites económicas del aparato militar siguen controlando la riqueza nacional.

El pueblo cubano enfrenta una crisis profunda caracterizada por deterioro urbano, acumulación de basura, colapso humanitario y violaciones sistemáticas de derechos humanos.

El pueblo estadounidense, por su parte, necesita garantías de que un régimen hostil que ha promovido el terrorismo, ha apoyado redes subversivas y ha amenazado la seguridad hemisférica no continuará operando con impunidad.

La era del castrismo comunista debe terminar, no simplemente evolucionar.

La libertad de Cuba está al alcance de la mano. Estados Unidos no debe vacilar ahora.

Tres puntos clave

Julio Shiling, analista sénior invitado

Publicado originalmente en el Instituto de Inteligencia Estratégica de Miami, un grupo de expertos conservador y no partidista que se especializa en investigación de políticas, inteligencia estratégica y consultoría. Las opiniones son del autor y no reflejan necesariamente la posición del Instituto. Más información del Miami Strategic Intelligence Institute en www.miastrategicintel.com

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