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MEMORIAS

Las tiendas de mi infancia

En la esquina de Galiano y Neptuno se encontraba La Época, que, en mi opinión, no hacía competencia con El Encanto ni Fin de Siglo

Por TANIA QUINTERO

Antes de que en 1959 llegaran los barbudos y empezaran a destruir La Habana y el resto de Cuba, la calle Neptuno, desde Prado hasta Belascoaín, estaba repleta de tiendas y comercios, igual que Galiano, San Rafael, Monte, Belascoaín y Muralla, entre otras calles de la capital.

En la esquina de Galiano y Neptuno se encontraba La Época, que, en mi opinión, no hacía competencia con El Encanto ni Fin de Siglo, las dos más chic, sino con otras tres que igualmente tenían varios departamentos, como Flogar, en Galiano y San Rafael; Roseland, en Águila y San Rafael, y Ultra, en Reina y Galiano.

Me acuerdo de la Colchonería Lavín, en Lealtad y Neptuno, y sobre todo del Minimax que abrieron enfrente, al que me gustaba entrar y curiosear: entonces era una novedad ese tipo de comercios.

En aquella época, quienes vivíamos en El Cerro, íbamos a pie a las tiendas situadas en las barriadas aledañas y, si acaso, regresábamos en algunas de las rutas que pasaban cerca de nuestras casas: 14, 15, 16, 54 y 58.

Por ser hija única, mi padre quiso que desde pequeña no solo fuera sola a la escuela, también a comprar material escolar, ropa o zapatos. Así que desde Monte y Romay caminaba por todo Monte hasta el Ten Cent, a veces llegaba hasta La Sortija, ya cerca de Egido, y de ahí me iba a Muralla.

Otras veces, en Monte y Águila acortaba y llegaba a Reina, donde en la misma esquina, a la derecha, se encontraban Los Precios Fijos, ya desaparecida, y a media cuadra, a la izquierda, los Almacenes Ultra. Por Galiano bajaba y si quería ver zapatos, entraba a la peletería California. Al lado quedaba la entrada que por Galiano tenía Fin de Siglo, tienda por departamentos que me gustaba más que El Encanto.

Pero mi lugar favorito era el Ten Cent de Galiano: con menos de un peso podía merendar o comprar algo que necesitara para la escuela o unas 'cuquitas' (paper dolls).

A no ser que fuera a comprarme ropa o calzado, cuando mi padre me daba 5 pesos, en mi carterita lo que solía tener eran monedas cubanas o americanas de 5, 10 y 25 centavos (entonces el peso y el dólar tenía el mismo valor..

Por eso la primera vez que entré al Minimax, en la esquina de Neptuno y Lealtad, solo me pude comprar una confitura de piña, hecha en Cuba, que costaba 0,39 centavos.

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