MIAMI.– A mes y medio de la toma de posesión del presidente de EEUU, Donald J. Trump, el tema de los nexos con Cuba parece estarse moviéndo en varios escenarios contradictorios a la vez.
Los intereses económicos que favorecen a Raúl Castro
Republicanos visitan Cuba mientras Castro critica a Trump
Castro asegura que en Venezuela se libra la batalla "decisiva" de América Latina
Por un lado, el gobernante cubano Raúl Castro pronuncia un discurso profundamente crítico del curso político impulsado por el presidente Trump, por otro, un grupo de legisladores republicanos estadounidenses viaja a La Habana a promover las relaciones entre los dos países y dentro del mundo empresarial; un esfuerzo por promover en Estados Unidos las inversiones en la isla caribeña.
A fines de la semana pasada, en una reunión en Caracas, Castro arremetió contra lo que llamó “política proteccionista de la administración Trump que perjudica innecesariamente a los países latinoamericanos”.
“La nueva agenda del Gobierno estadounidense amenaza con desencadenar una política comercial egoísta que tendrá su impacto en la competitividad de nuestro comercio exterior, viola acuerdos medioambientales y (se dedica) a cazar y deportar a los inmigrantes”, afirmó el mandatario cubano en una encuentro del ALBA, la alianza económica regional.
Castro fue particularmente incisivo en la cuestión del muro que el mandatario estadounidense pretende construir en la frontera con México, pese a las protestas de la región y la comunidad migrante estadounidense. Al parecer, para Cuba, el muro es fútil porque “no se puede contener la pobreza, las catástrofes y los inmigrantes con muros sino con cooperación, entendimiento y paz”, puntualizó Castro.
Desde que Trump llegó a la Casa Blanca, La Habana se mantuvo muy discreta sobre lo que piensa del nuevo presidente estadounidense, aunque en privado varios analistas y funcionarios de la isla nunca se hicieron ilusiones. Después de todo, adujeron en los últimos meses a DIARIO LAS AMÉRICAS, que si as relaciones empeoraban “resistirían”, la postura habitual asumida por el régimen, que sobre la base de empeorar las condiciones de vida de la población, se ha resistido al cambio de sistema, aún en los más nefastos escenarios económicos.
Sobre cuál será la política de Trump hacia Cuba aún se sabe muy poco. Durante la campaña estuvo en Florida y dijo a la comunidad cubana exiliada e inmigrante que no pretende acabar con el acuerdo alcanzado por el expresidente Barack Obama, que llevó a la reanudación de relaciones diplomáticas a nivel de embajadores, sino que aspira a un “acuerdo mejor”. El Presidente nunca habló de cortar esas relaciones.
Cuando Trump ganó las elecciones dijo que todos los embajadores de Estados Unidos deberían renunciar a sus cargos. Pero en La Habana, el diplomático de mayor nivel, Jeffrey De Laurentis, como era encargado de negocios se quedó en su despacho. Y no hay, hasta ahora, una fecha para que el Senado estudie su nombramiento como embajador que fuera firmado por Obama.
Una fuente del departamento de Estado dijo el martes a DIARIO LAS AMÉRICAS, que hasta el momento nadie en la Casa Blanca ha mandado a “congelar” las relaciones con la isla. “Todo sigue normal, ni siquiera el ‘equipo Cuba’ ha cambiado”, dijo la fuente. Lo posible, advierten otras fuentes, es que Trump se deje aconsejar por el mundo empresarial que, en medio de la burocracia y las escasas garantías legales de inversión existentes en Cuba, sigue apostando por extenderse al otro lado del Estrecho de Florida.
El mes pasado, Trump dijo tras una cena con el senador cubanoamericano Marco Rubio, que ambos tienen una visión similar sobre cómo lidiar con la isla. Pero eso no significa que la naturaleza de las relaciones actuales vaya a cambiar de forma drástica.
“Trump no gana nada con romper con Cuba. Lo que Raúl dijo en Caracas debe ser visto como un acomodamiento de opiniones en una relación bilateral. Nunca nadie dijo que esto iba a ser un nido de rosas”, comentó a DIARIO LAS AMÉRICAS un académico cubano de visita en Miami.
Es en este escenario que se inserta la visita actual de un grupo de congresistas republicanos de Estados Unidos a La Habana, dos semanas después de que el senador demócrata Patrick Leahy y el republicano Thad Cochran se reunieron con Castro. Los congresistas republicanos han recibido un tratamiento de alfombra roja, se reunieron con el ministro de Exteriores, Bruno Rodríguez, con la directora de Estados Unidos de la cancillería, Josefina Vidal, que estuvo a cargo de las negociaciones durante los primeros meses del acercamiento EEUU-Cuba y, aunque sin decirlo, terminaron reflejando el hecho de que dentro de la Cámara de Representantes, de mayoría republicana, la animosidad de otros tiempos hacia Cuba ha cambiado.
“Lo que dijo Raúl en Caracas y lo que nuestra gente ha conversado con los congresistas no es una contradicción, es lo que normalmente se llama intercambio de opiniones. A dos niveles, en dos escenarios pero nosotros llevamos más de dos años conversando seriamente con los americanos, de todos los temas, incluyendo derechos humanos, y nos hemos entendido”, explica el académico cubano, que pidió no ser identificado porque no está autorizado por el Gobierno cubano a hablar públicamente de estos temas.
Y, “hay más, vamos a seguir conversando porque en esta administración no hay ninguna señal de lo contrario. Ahora, tendremos un resultado rápido, como la llegada de las inversiones. Eso es algo que pasa muy subrepticiamente por la administración. Es algo que depende de los empresarios. La administración puede aplicar las políticas proteccionistas de las que Raúl se quejó en Caracas, pero eso todavía no nos afecta a nosotros”.
NULL
