BUENOS AIRES.-Dpa/EFE
Macri será el nuevo presidente de Argentina y cerrará la era kirchnerista
Macri deberá gobernar sin mayorías propias en las cámaras del Congreso y anticipó que una de sus primeras medidas será convocar a un pacto de gobernabilidad a las distintas fuerzas políticas y a los gobernadores provinciales peronistas. En la Cámara de Diputados, ninguna fuerza tendrá quórum propio, pero el FpV será la primera minoría con 107 de los 257 legisladores, frente a los 89 que tendrá Cambiemos.
El opositor Mauricio Macri se proclamó como el próximo presidente de Argentina al ganar el domingo la segunda vuelta electoral y pondrá fin a un ciclo de doce años de gobiernos kirchneristas, en un giro político hacia la centroderecha en el país sudamericano.
El candidato del frente opositor Cambiemos se impuso con el 51,43 por ciento de los votos, frente al 48,57 por ciento que recibió Daniel Scioli, del Frente para la Victoria (FpV) kirchnerista, tras el escrutinio provisorio del 98,91 por ciento de las mesas de votación.
Macri asumirá el próximo 10 de diciembre y cerrará el ciclo de doce años de gobiernos kirchneristas que inició Néstor Kirchner (2003-2007), fallecido en 2010, y continuó su esposa Cristina Fernández (2007-2011 y 2011-2015).
La jefa de Estado, inhabilitada por la Constitución a aspirar a un tercer período consecutivo, decidió dejar los cargos electivos y es una incógnita su futuro una vez que deje la Casa Rosada, aunque ella aseguró que continuará "militando" en la política.
"Es un día histórico, un cambio de época. Es un cambio que nos tiene que llevar hacia el futuro, hacia las oportunidades que necesitamos para crecer, para progresar. Este cambio no puede detenerse en revanchas o ajustes de cuentas", declaró Macri luego de que Scioli reconoció la derrota.
El alcalde de la ciudad de Buenos Aires y líder del partido de centroderecha PRO, de 56 años, instó a "construir una Argentina con pobreza cero, enfrentar y derrotar el narcotráfico, y unir a todos los argentinos".
Macri hizo además un llamado a las naciones latinoamericanas y del resto del mundo: "Queremos tener buenas relaciones con todos los países, queremos trabajar con todos".
"Sabemos que el pueblo argentino tiene mucho para aportarle al mundo, esperamos encontrar una agenda de cooperación", señaló el político conservador, quien aboga por un cambio en la política exterior que impulsó el kirchnerismo, que estuvo más vinculada a Venezuela, China y Rusia.
El 80,9 por ciento de los poco más de 32 millones de argentinos convocados a las urnas participó en la inédita segunda vuelta presidencial, tres puntos por debajo del nivel de octubre, informó el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Julio Alak. En tanto, sólo el 1,19 por ciento de los votantes votó en blanco.
Sin mayoría
Macri deberá gobernar sin mayorías propias en las cámaras del Congreso y anticipó que una de sus primeras medidas será convocar a un pacto de gobernabilidad a las distintas fuerzas políticas y a los gobernadores provinciales peronistas.
En la Cámara de Diputados, ninguna fuerza tendrá quórum propio, pero el FpV será la primera minoría con 107 de los 257 legisladores, frente a los 89 que tendrá Cambiemos.
En el Senado, el FpV tendrá quórum propio con 43 de los 72 escaños. Cambiemos contará con 16 senadores.
El próximo presidente contará no obstante con el apoyo de sus principales socios en la alianza Cambiemos, la Unión Cívica Radical (UCR) -el centenario partido que le dio respaldo federal al PRO, que surgió como un fenómeno capitalino-, y la Coalición Cívica.
El peronista disidente Sergio Massa, líder del Frente Renovador y la alianza UNA, le prometió asimismo su "colaboración". "Contás conmigo como conductor de este espacio político y (con el apoyo) de todos los intendentes, diputados y legisladores que integran nuestra fuerza para trabajar en la construcción de un país mejor", expresó Massa, que encabezará el bloque de 33 diputados de UNA.
Macri ya partía como favorito en los sondeos previos a la segunda vuelta, que se celebró por primera vez en la historia de Argentina después de que ningún candidato consiguiera los niveles necesarios para ganar en las elecciones generales del 25 de octubre.
En la primera vuelta, Scioli se impuso con el 37,08 por ciento de los votos frente al 34,15 por ciento que recibió Macri, que sorprendió al reducir a sólo casi tres puntos la amplia ventaja que le auguraban los sondeos al candidato peronista y gobernador de la provincia de Buenos Aires. Este resultado le dio un impulso ganador que Scioli no pudo revertir en el mes de campaña hasta la segunda vuelta.
El candidato kirchnerista reconoció la derrota y felicitó a Macri por su triunfo electoral. "La gente votó la alternancia", señaló Scioli en un breve discurso en el hotel cercano a la Plaza de Mayo donde el FpV montó su búnker.
Lejos de la estrategia de dura confrontación que adoptó en la campaña, Scioli reiteró su "espíritu de colaboración y de construcción" y su decisión de defender "a los trabajadores y la clase media". "Esa será nuestra responsabilidad a partir del 10 de diciembre: cuidar, influir para que las cosas vayan cada vez mejor", anticipó.
El "ingeniero" abanderado del cambio
Mauricio Macri, el "ingeniero", como se le conoce en círculos políticos, es un empresario mimado por la oposición que cambió los negocios por el fútbol antes de saltar a la política y que, ahora, ante un inédito balotaje en Argentina, toca las puertas de la Casa Rosada.
Favorito en las encuestas para la segunda vuelta presidencial del domingo, Macri ha roto con la tradición política argentina.
Huye de las etiquetas que le encuadran en la derecha y se define como el candidato del "desarrollismo del siglo XXI" con la bandera del "cambio" y de la "revolución de la alegría". Su color, el amarillo. Y su sueño, dice, una Argentina unida.
Nacido en la ciudad bonaerense de Tandil el 8 de febrero de 1959, estudió ingeniería en la Universidad Católica Argentina antes de hacer carrera en el imperio fundado por su padre, el italiano Franco Macri.
En 1991 sufrió una experiencia que cambió su vida. Fue secuestrado durante dos semanas por un grupo de expolicías.
"Si yo no hubiese sido secuestrado, tal vez mi vida pública no hubiese existido", ha reconocido públicamente.
Cuatro años después saltó al mundo del deporte como presidente del popular Boca Juniors. Durante su gestión, hasta 2008, el club vivió una época dorada: 17 títulos internacionales, todo un récord.
Aprovechó su fortuna en los negocios y el deporte para entrar en política y en 2003 fundó Compromiso para el Cambio con un grupo de jóvenes profesionales -algunos ligados al peronismo- que sería el germen de Propuesta Republicana (Pro).
De la mano de Pro logró, en 2005, una banca de diputado nacional y ganó la alcaldía de Buenos Aires en 2007.
Tras su primer mandato en la capital, coqueteó con la idea de competir por la Casa Rosada, en 2011. Pero, apenas hacía un año de la muerte del expresidente Néstor Kirchner y su esposa y sucesora, Cristina Fernández, gozaba de un mayoritario apoyo popular.
Macri se replegó. Fernández revalidó la Presidencia con un 54 % de votos y el "ingeniero" se consolidó en la ciudad, con un 64 %. Y comenzó a preparar concienzudamente su carrera presidencial.
Consciente de que lideraba una fuerza joven, con cuadros desconocidos y carente de una estructura nacional capaz de llevarle a la victoria, Macri tejió una alianza con el radicalismo, el único partido centenario de Argentina, y buscó socios coyunturales para ganar terreno.
Aunque no partía como favorito, escaló posiciones y convenció a un sector de los argentinos de que, por primera vez en la historia del país, era necesaria una segunda vuelta electoral.
Sorprendió a propios y extraños en la primera convocatoria, el 25 de octubre, quedándose con un 34 % de votos, solo tres puntos por debajo de su rival, el oficialista Daniel Scioli.
Pero su mayor logro fue arrebatarle al peronismo su principal bastión, la provincia de Buenos Aires, el mayor distrito electoral, determinante en una elección presidencial.
Para llegar hasta aquí, se ha construido un perfil de ciudadano medio, con un aspecto desenfadado que le aleja de sus inicios de bigote, traje y corbata, y una campaña novedosa para Argentina, basada en el contacto personal y las redes sociales.
Una arriesgada apuesta, diseñada por su asesor de cabecera, el ecuatoriano Jaime Durán Barba, que ha marcado un nuevo estilo de hacer política en el país.
En los últimos meses, los argentinos le han visto cantar y bailar, con la camisa fuera del pantalón, y relatar anécdotas tan personales como que ha consumido viagra.
No tuvo tampoco empacho en revelar que en la fiesta de la boda con su tercera esposa, Juliana Awada, se disfrazó como Freddie Mercury, el líder de Queen, y estuvo a punto de ahogarse porque se tragó el bigote postizo.
Comentarios de este tipo le han ayudado a "humanizar" su imagen de empresario y político frío y distante.
Como también le ha aportado cercanía el beso que le estampó en la boca Awada sobre el escenario al término del debate entre los presidenciables del pasado domingo ante la mirada atónita de Scioli.
Un beso que se viralizó en las redes sociales y que, quizá, sea lo único que recuerden los argentinos del primer debate presidencial.
Una buena estrategia de comunicación ha relegado a un segundo plano las lagunas en su gestión en Buenos Aires, como el déficit de viviendas, que afecta a cerca de 400.000 personas, o los problemas en la educación y la sanidad pública.
También ha quedado en segundo plano uno de los episodios más oscuros de su carrera. Su procesamiento como partícipe de una asociación ilícita en una causa por espionaje ilegal, en 2009, que sigue en tribunales y que sus colaboradores atribuyen a una operación orquestada.
En su agenda, palabras como "cambio", "alegría" y "confianza" para unir Argentina e impulsar el crecimiento. Pero pocas recetas concretas.
Su equipo adelanta que convocará a todos si llega al Gobierno porque no cree en las "dos trincheras" y Macri apunta nuevas formas: "Como ingeniero que soy, no voy a hacer cadena nacional todas las semanas", ha dicho, consciente de que precisamente el abuso de las cadenas ha sido uno de los factores de desgaste de la presidenta.
Antes de la primera vuelta y de acariciar el sueño presidencial tan de cerca, Macri llegó a decir que si perdía se iría del país.
Hoy, sus colaboradores aseguran que será presidente a partir del próximo 10 de diciembre. Pero, advierten, su liderazgo es la expresión de una nueva época y va más allá de un cargo.
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