LA HABANA. - Luego de caminar por la zona antigua de La Habana, al acecho de turistas que quisieran pagarles un par de cervezas o cuarenta dólares por una noche de sexo, las tres chicas se sentaron en una mesa al aire libre de la cafetería de Jaquelín Fumero, justo frente a la iglesia del Ángel.
Negocios privados acorralados por la caída del turismo, apagones y alza del dólar
En la medida que se arrecia la crisis energética y desciende el poder adquisitivo, la mayoría de los emprendedores bordean la quiebra y se ven obligados a desistir
Visten ropas ceñidas al cuerpo, tacones altos y excesivo maquillaje. Viajaron desde el sur de la ciudad en un triciclo eléctrico reconvertido en taxi colectivo. Huyen de la violencia de sus barrios, apagones de treinta horas y el consumo de drogas o alcohol casero. Son muchachas de entre 16 y 18 años que se prostituyen para ganar un poco de dinero y mantener a sus familias. Pero no encuentran clientes.
“Siento vergüenza”, dice Alex, guardia de seguridad del negocio. “Soy padre y tengo una hija. De verdad que es lamentable ver a muchachas casi niñas puteando. Como apenas hay turistas, les van pa’ arriba a cualquiera que les pague un trago. Cuba cada vez está peor. Todos los días, un ejército de pillos merodean bares, cafés y hoteles e intentan venderles drogas, tabacos o una chica a extranjeros o cubanos con un billete largo. Los dueños de negocios contratan guardias de seguridad que velen por la tranquilidad”.
Crisis y degradación
Serguey, cantinero, señala que “lo peor no es la lacra, es que apenas vienen usuarios. Y cuando de Pascua a San Juan aparece alguno, solo pide un café y un pomo de agua mineral. Las ventas han caído estrepitosamente. La mayoría de los negocios gastronómicos y de hospedaje están teniendo pérdidas. Los dueños han tenido que hacer recorte de empleados”, asegura y pone un ejemplo:
“Hace diez años, cuando la época de Obama, en un día malo yo ganaba 150 dólares entre propinas y mis ‘inventos’ preparando tragos. Ahora he tenido turnos que me he ido solo con dos o tres dólares. Ya la cuenta no da. A veces gasto más en el viaje de ida y vuelta a la pincha (trabajo) que lo que se gana”.
El dueño del bar Euforia, en L, entre 19 y 21, en la barriada del Vedado, dice que ha pensado cerrar el negocio. "He hablado con varios emprendedores y todos coinciden en que, si no cambia el panorama, tendremos que cerrar. El dinero que entra no cubre los gastos. Y eso que estoy trabajando con un mínimo de personal”.
Isbel, propietario de una paladar en Centro Habana, expresa que “aquellos negocios enfocados en el turismo internacional, o han cerrado o han tenido que reinventarse. Yo tuve que cambiar la carta y ofertar un menú más barato, al alcance de las personas que suelen transitar por la zona, e incluí el servicio a domicilio. Pero no juega la lista con el billete. Hago mil maromas para no subir los precios. Cada vez que lo subes, pierdes una buena parte de la clientela. Como el dólar aumenta por día (ha aumentado más de cien pesos en el último mes), el proveedor que me vende los alimentos también los ha subido".
En alza la divisa
"El alza de las divisas se debe a la caída de remesas, a que casi no vienen turistas ni visitantes foráneos, por los apagones de una pila de horas y al déficit de combustible que desincentiva a la gente a comer en la calle. El litro de gasolina subió de 200 pesos a cuatro o cinco mil pesos en el mercado informal. Eso afecta a emprendedores y consumidores. Si dentro de dos meses el escenario no cambia, muchos negocios privados cerrarán".
A media máquina
Adriana, dueña de una peluquería, aclara que ya numerosos negocios trabajan a media máquina. "En tiempos de crisis, y en Cuba la crisis es permanente, las familias suelen gastar dinero solo en lo básico. Cero salidas a comer en la calle y cero gastos innecesarios. Se nota en negocios que antes estaban llenos y ahora dos o tres clientes. Cuatro o cinco bares nocturnos ubicados en el Vedado a Miramar han escapado de la crisis”.
“El resto de los particulares estamos teniendo pérdidas. De seguir así, tendremos que cerrar. Y duele, porque cuando eres dueña de un negocio eres independiente. No dependes del gobierno para mejorar tu calidad de vida y enfrentar el futuro. La actual etapa es peor que durante la pandemia”, asevera Adriana.
Michel, al frente de un negocio de construcción, cuenta que ha tenido que hacer recortes drásticos de personal. "Llegué a tener 400 trabajadores, en estos momentos, 70. Y estoy bordeando los números rojos. En el sector privado se han ralentizado las nuevas inversiones. Y en el estatal ni se diga. Sobrevivo dando pequeños mantenimientos constructivos. No sé hasta cuándo podré aguantar”.
El matrimonio de Juan Carlos y Yailín, son propietarios de un bodegón al sureste de La Habana. Explican por qué los negocios alejados de los barrios más céntricos, en el actual contexto, sufren mayores pérdidas.
“La clientela nuestra tiene menor poder adquisitivo. Por tanto, cuando subes el precio a los productos, caen las ventas. Luego está el problema de la bancarización. Un disparate del gobierno que no ha funcionado y provoca no poder aceptar grandes cantidades de dinero por transferencia. Es que después cuesta Dios y ayuda cobrar ese dinero en los bancos, al no tener fondos. Los apagones son otro gran problema. Productos como los lácteos y los embutidos se descongelan y se descomponen muy rápido. Y es dinero que perdemos".
"El gobierno quiere que los privados compremos plantas eléctricas o sistemas fotovoltaicos, como si fuéramos ricos. Para mantener funcionando las seis neveras que tengo y los aires acondicionados necesito una inversión de catorce o quince mil dólares, una cantidad que no tenemos. A eso hay que añadir el déficit de combustible. Después del 3 de enero, traer un contenedor de pollo desde el Mariel a La Habana te cuesta más de 120 mil pesos. Lo pagamos entre varios dueños de negocios para aguantar el golpe inflacionario. Otro problema es la revalorización del dólar, que encarece la libra de pollo, el cárnico más consumido. Hace uno meses, un paquete de diez libras de muslos de pollo costaba 4 mil pesos. Ahora no baja de 5.500 pesos”.
Lisván, taxista particular, afirma que “el precio de una carrera de ocho o nueve kilómetros se ha triplicado: de 200 a 600 pesos. Y por el camino que vamos, si Trump no le mete caña a esto (la dictadura), a fin de año costará mil pesos”.
Sector privado en picada
Desde 2024, el sector privado lidera las ventas el mercado minorista de alimentos. Y actualmente también en transporte, gastronomía y otros servicios. De continuar escalando la feroz crisis económica, mantenerse los interminables apagones y continuar la escasez de combustible, situaciones que contribuyen a la subida del dólar, buena parte de los emprendedores se verán obligados a cerrar sus negocios en todo el país.
Juan Carlos y Yailín consideran que, si “el gobierno no encuentra soluciones a la crisis, en Cuba habrá una hambruna parecida a la de Etiopía en 1984, cuando cientos de miles de personas murieron”.
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