ver más
Autoritarismo

Nicaragua, un régimen dinástico en pleno siglo XXI

El proyecto político que ha venido implementado Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo convierten al Estado en un patrimonio dinástico de su familia

Por María Graterol

MANAGUA - El pasado 19 de julio, Daniel Ortega anunció públicamente que en Nicaragua no habrá más elecciones, confirmando la instauración de un régimen dinástico junto a su esposa Rosario Murillo. La decisión, acompañada de reformas constitucionales, marca el fin del derecho ciudadano al voto y la consolidación de una dictadura familiar en Latinoamérica.

Según un boletín publicado por Perspectivas del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM), se trata del “último clavo al féretro de las elecciones” en el país.

La ruta hacia la dinastía

El camino hacia este régimen familiar no es improvisado. Desde el pacto con Arnoldo Alemán en el año 1999, Ortega comenzó a controlar el sistema electoral. Fraudes municipales en 2008, reformas constitucionales en 2014 y la imposición de Murillo como vicepresidenta en 2016 evidenciaron el proyecto de sucesión dinástica. En 2021.

Así como también el encarcelamiento de siete candidatos opositores y la cancelación de partidos políticos dejaron a los nicaragüenses sin opciones en la boleta electoral, bajo un estado de terror.

Reformas para perpetuar el poder

Entre los años 2024 y 2025, Ortega y Murillo impulsaron cambios constitucionales que crearon la figura de copresidencias, extendieron los períodos presidenciales y limitaron la participación ciudadana bajo el argumento de “traición a la patria”. Con ello, todos los poderes del Estado quedaron subordinados a la pareja gobernante, institucionalizando un régimen "dinástico", así lo reseña el CETCAM.

Rechazo internacional

El anuncio de Ortega sobre la cancelación definitiva de las elecciones genera un amplio rechazo internacional. Los gobiernos de Costa Rica, Panamá, Guatemala, República Dominicana y Uruguay, además de la Unión Europea y la OEA, condenan la medida.

Estados Unidos solicitó una sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA para declarar al régimen Ortega-Murillo como una amenaza, aunque la resolución no obtuvo los votos necesarios. México, bajo la presidencia de la izquierdista Claudia Sheinbaum, se negó a condenar la medida alegando “autodeterminación de los pueblos”.

Graves consecuencias para la democracia

La eliminación de las elecciones representa la culminación de un proceso de desdemocratización que destruye el cimiento básico de la democracia: el derecho a elegir. Rosario Murillo, sucesora de Ortega, busca legitimidad mediante consultas con el ejército, la policía y empresarios, pero carece de respaldo popular.

Para los nicaragüenses, dentro y fuera del país, el anuncio confirma que Nicaragua vive bajo un "régimen dinástico", donde el poder se hereda y se concentra en una familia.

Para las organizaciones y actores prodemocracia que se encuentran en el exilio, las intenciones de Ortega y Murillo representan un desafío más importante y urgente, "pero despeja el camino porque queda bastante más claro hacia dónde es necesario dirigir la incidencia", anota el informe.

"La comunidad internacional, especialmente el hemisferio americano, tiene una responsabilidad ineludible: respaldar decididamente los esfuerzos de toda la sociedad nicaragüense para restablecer la democracia o asumir lo que le corresponde por haber permitido que una nueva dictadura familiar se instalara en América", indicó el CETCAM.

 NULL

    

FUENTE: Con información de Suplemento de Análisis Político, Edición 195, CETCAM (agosto 2026)/EFE

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Temas

Deja tu comentario

Te puede interesar