@DesdeLaHabana

LA HABANA.- A mediados de los años noventa del siglo pasado, la camada de reporteros oficiales que daban el salto al periodismo sin mordaza, además de experiencia y dominio de las técnicas informativas, tenían el privilegio de contar con una máquina de escribir. Los que se iniciaban en el mejor oficio del mundo redactaban sus notas en cuadernos escolares.

A los novatos les tocaba reportar un desalojo, coordinar una entrevista o simplemente cumplir la función de recadero. Quienes tenían más horas de vuelo, firmaban los trabajos que posteriormente publicaba algún diario o página digital en la Florida. En 1995, cuando el poeta, escritor y periodista Raúl Rivero fundó la agencia Cuba Press, le abrió la puerta a un puñado de jóvenes sin formación periodística, pero con deseos de aprender y trabajar.

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A los reporteros bisoños, Raúl les encargaba pequeños escritos, que luego de pasar una minuciosa revisión de ortografía y redacción, terminaban repletos de tachaduras realizadas con un bolígrafo de tinta roja que guardaba en el bolsillo de su sempiterna camisa azul de mezclilla. Rivero maquillaba la historia y colocaba un título sugestivo, nunca mayor de cinco o seis palabras. Al final, el texto salía impregnado con el tufillo literario de sus excelentes crónicas.

Luis Cino, Jorge Olivera, Víctor Manuel Domínguez y yo, entre otros que seguimos sus enseñanzas, 24 años después continuamos publicando religiosamente un par de notas a la semana -a veces más- en diferentes sitios.

Esa cultura de trabajo y respeto a la profesión la aprendimos de periodistas de raza como Raúl Rivero, Tania Quintero y Ana Luisa López Baeza, fallecida en 2018 en el exilio. Fue una época donde internet sonaba a ciencia ficción. Los artículos se leían por teléfono a una persona que en Miami grababa los textos y posteriormente los subía a internet.

Entonces, en el incipiente periodismo independiente tenías que cumplir una especie de escalafón militar. Primero debías aprender a redactar a mano. Después, dominar las rudas máquinas de escribir fabricadas en Alemania Oriental. Y cuando ya eras capaz de escribir un texto decente, podías redactar en una laptop que se rotaba entre varios periodistas. En aquellos años duros, el reportero principiante iba aprendiendo sobre la marcha.

La Primavera Negra

En la primavera de 2003, Fidel Castro cometió un error de bulto. Mandó a prisión a 75 opositores pacíficos, de los cuales 27 eran periodistas independientes. Supuso que encarcelando a un tercio de los que se dedicaban a escribir libremente amedrentaría al resto. Pero desde la isla no se dejaron de enviar denuncias sobre la represión y los prisioneros políticos del Grupo de los 75, tampoco sobre la situación de Cuba y los cubanos, aunque los textos salieran sin firmar.

El miedo no congeló las plumas. En noviembre de 2007, un grupo de periodistas liderados por Juan González Febles y Luis Cino lanzaron Primavera Digital, un semanario abiertamente anticastrista. Otros siguieron enviando sus artículos a Cubanet, Cubaencuentro, la Revista de la Fundación Hispano-Cubana y la web de la Sociedad Interamericana de Prensa.

Unos meses antes, en abril de 2007, tras el éxito del blog Generación Y, creado por Yoani Sánchez, empezaron a multiplicarse en Cuba las bitácoras contestatarias. Decenas de blogueros irrumpieron en el periodismo digital. A partir de 2012, el goteo incesante de periodistas que renuncian a sus puestos en medios estatales es imparable. A día de hoy, la prensa independiente, libre o alternativa, como usted le quiera llamar, ha crecido de manera impresionante.

A los más de 200 reporteros que desde Cuba por su cuenta y riesgo escriben sistemáticamente sobre temas políticos, sociales, culturales, ecológicos o deportivos, hay que añadir la creación de periódicos, revistas, canales en Facebook, You Tube y otras plataformas online. También desde la isla son administrados Primavera Digital, 14ymedio, Periodismo de Barrio, Postdata Club, La Joven Cuba, El Estornudo, El Toque y Vistar Magazine, entre otros. Ignacio González, de En Caliente Prensa Libre, con sede en La Habana, y Rolando Rodríguez Lobaina, de Palenque Visión, en la zona oriental, dirigen agencias audiovisuales que se caracterizan por sus denuncias sociales.

El financiamiento

Casi todos los comunicadores libres fustigan al gobierno. Otros piden cambios democráticos, pero reconocen y aceptan el status quo. El mayor problema de los sitios editados en Cuba es monetario. Periodismo de Barrio es el único que de manera transparente informa cómo recibe y en qué gasta el dinero, que no es mucho.

La falta de regularidad a la hora de acceder al pago de colaboraciones y un financiamiento mínimo, necesario en el periodismo, frena los diferentes proyectos. Las investigaciones periodísticas y los reportajes de fondo son costosos: suelen ser realizados por un equipo, pueden demorar meses y en ocasiones requieren desplazarse a otras localidades, provincias o países. Al no poder acceder a créditos bancarios, el nuevo periodismo independiente cubano presenta muchísimas dificultades para autogestionarse, crecer y ser solvente.

La mayoría de los periodistas independientes sobrevive escribiendo para sitios cuyas redacciones se encuentran en el exterior. Gran parte de los materiales publicados en Diario de Cuba, Cubanet y Cubaencuentro proceden de la isla. Pero otros sitios, también en el exterior y dedicados al tema cubano, se nutren de colaboradores que no viven en Cuba, de agencias internacionales de noticias y de refritos de sitios independientes o de la prensa oficial cubana.

Algunos reporteros no oficiales colaboran en medios comerciales de Estados Unidos, México y España. Los que lo hacen en sitios subsidiados por diferentes fundaciones cobran de 25 a 30 dólares por texto publicado. Un poco más si se acompañan de fotos o videos. Quienes escriben en un medio comercial ganan el doble, de 50 a 60 dólares. Pero son muy pocos los que pueden publicar de ocho a 10 trabajos al mes en un periódico privado.

Debido al auge de periodistas y déficit con el financiamiento de las redacciones ancladas en el extranjero, aunque quiera, un editor no puede publicarle más de cinco o seis trabajos al mes a un colaborador. Como promedio, un periodista independiente en Cuba gana de 125 a 150 dólares mensuales. Esa cantidad equivale a cuatro o cinco veces el salario medio, pero dada la escasez e inflación existente en el país, no alcanza para vivir y mantener a una familia.

¿Qué pasa entonces? Al no tener donde publicar, periodistas talentosos que además de tener carencias materiales son acosados por la Seguridad del Estado, están haciendo planes para emigrar definitivamente. Una pena. Se están marchando jóvenes que dominan la profesión e incluso han pasado cursos y becas en universidades foráneas.

Una solución que evitaría esa sangría, podría ser que sitios serios y profesionales como Diario de Cuba, Cubanet y Cubaencuentro, reciban un financiamento mayor para que puedan publicarle a más periodistas residentes en la isla y pagarle mejores honorarios. O que fundaciones u organizaciones no gubernamentales faciliten fondos a reporteros independientes con posibilidades de instaurar una web de periodismo digital con sede en La Habana.

El futuro de Cuba se decide a la vuelta de cinco o seis años. Para entonces, el país se encontrará con una economía aún más arruinada, sin apenas infrasestructuras públicas y empresas descapitalizadas.

A diferencia de los portavoces de la propaganda neocastrista en los medios estatales, los periodistas independientes cubanos seguirán denunciando las injusticias y dando a conocer la realidad de su país y su gente. Como hasta ahora.

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