Laritza Diversent, abogada, directora del Centro de Información Legal Cubalex

No creo que la cúpula del régimen esté buscando relevo ni dar paso a nuevas generaciones. A Raúl Castro simplemente le molesta asumir las responsabilidades internacionales que implica ser jefe de Estado. Su lenguaje corporal, por ejemplo, en la Cumbre de Panamá, o durante la visita de Obama a La Habana, revela que no le gustan las cámaras ni los periodistas. No es orador y en sus discursos en la Asamblea Nacional resulta aburridísimo leyendo. Necesita un muñecón, una imagen más fresca que se encargue de las incómodas preguntas de la prensa internacional. Seguramente se siente demasiado viejo para estar haciendo el ridículo, tal y como lo hacía su hermano. De la vieja guardia en el poder, es a Raúl Castro al único que le ha tocado hacer el ridículo en público. Esta es la diferencia, lo que explica por qué el resto de octogenarios que integra la cúpula del PCC no se ha tomado un descanso y, a diferencia suya, opta por morirse en sus cargos.

Omar López Montenegro, director de Derechos Humanos de la Fundación Nacional Cubano Americana

En realidad, no existe un relevo de poder en Cuba. Raúl Castro conserva el puesto de primer secretario del Partido Comunista, así que de facto y de jure, de acuerdo al artículo 5 de la Constitución Socialista, sigue rigiendo la sociedad cubana, es su rector. Raúl conserva además su asiento como diputado en la Asamblea Nacional del Poder Popular, lo que representa una espada de Dámocles permanente sobre la cabeza de los demás diputados durante las sesiones.

Recordemos también que la Asamblea Nacional sesiona únicamente dos veces al año, así que sus decisiones siempre son enmarcadas por otras del Partido.

Por consiguiente, Raúl Castro sigue manteniendo el poder en Cuba. La maniobra de relevo en el Consejo de Estado es más bien dirigida a la opinión pública internacional, en un intento de lavar la cara del régimen.

Juan Antonio Blanco, director de la Fundación para los Derechos Humanos en Cuba

Raúl Castro no abandona el poder. En cualquier circunstancia —incluso si no fuese el primer secretario del PCC—, mientras viva y no este inhabilitado, será el líder de la élite depositaria del poder real. Apelando a los métodos que sean necesarios, siempre procurará que no se quiebre la unidad de esa élite.

Pedro Campos, exdiplomático y analista

Primero que todo por cobardía. Él tenía poder y consenso para hacer un cambio real y lo evadió.

Estimo que hay tres causas fundamentales para esta renuncia disimulada que se relacionan entre ellas, mediadas por esa cobardía:

a) Él sabía que la economía cubana era un desastre, conocía lo que heredó del hermano y no quiso quedar como responsable de lo que vendría después. Ni Gorbachov, ni Yeltsyn.

b) Trató de arreglar el fenómeno intentando hacer funcionar una estructura centralizada, hecha para el caudillo, con tentativas reformistas que se venían ensayando incluso con Fidel Castro, pero siempre con muchas limitaciones y una gran oposición dentro de las estructuras burocráticas. Más de una vez se quejó de que "no lo dejaban hacer", aludiendo presumiblemente al hermano que siguió vivo, sin cargos pero con el poder real de su autoridad forjada en medio siglo.

Modificó absurdas regulaciones establecidas por Fidel, le quitó el poder, le jugó sucio con las Causas No.1 y No.2, destituyó a todos los fidelistas; pero nunca lo enfrentó abiertamente. No tuvo la valentía de Nikita Jruschov de criticar el culto a la personalidad de Stalin, ni después de muerto.

Él puede asumir que hizo el intento de arreglar el fenómeno, pero por ser fiel a su hermano, no quiso avanzar ni arriesgar más. Se convenció de que él no puede arreglar el entuerto. Nunca presentó batalla de verdad. Dicen que ese fue su comportamiento cuando el Moncada y en la Sierra, donde abrió el Segundo Frente con unas pocas escaramuzas con el Ejercito.

c) Dejó el trabajo a otros y estructuró ideas centrales en los Congresos VI y VII que, de aplicarse consecuentemente, pueden llevar al desarrollo económico del país, pero a costa de abandonar la hipercentralización del modelo castrista, democratizar la economía (amplia apertura del trabajo privado y cooperativo y de las inversiones extranjeras y de cubanos de afuera, con mercado, libre contratación). También pueden llevar, eventualmente, a algunos cambios en el sistema político, todo lo cual se sabe abriría expectativas de cambios impredecibles.

En fin, no quiere quedar como responsable del desastre ni del cambio. Lo creó su hermano, diría. "Que se encargue otro de la solución. Yo transité sin que se cayera el 'socialismo' y sin traicionar a mi hermano. El que venga atrás que enfrente el problema". Creo que es una actitud cobarde.

Rafael Rojas, historiador y ensayista

Creo que Raúl Castro inició su segunda presidencia, en 2013, convencido de que la mejor manera de asegurar la continuidad del régimen cubano era por medio del relevo generacional.

La decisión de colocar a Díaz-Canel en la Primera Vicepresidencia de los Consejos de Estado y Ministros fue una señal clara de esa apuesta. A diferencia de Fidel, quien estaba decidido a morir mandando, Raúl optó por una vía más institucional, aunque igualmente subordinada a la perpetuación del poder.

El problema es que, en Cuba, dada la profundísima crisis económica, social y política que vive el país, el relevo generacional no basta para preservar el sistema. También son necesarias las reformas, empezando por la constitucional, sin que la dinámica del cambio amenace la permanencia del régimen.

Creo que, después de la sucesión de abril, la demanda de reformas, dentro de la propia clase política, crecerá.

Carlos Alberto Montaner, periodista y escritor

Porque es menos irresponsable que Fidel y quiere legarle a su familia y amigos un sistema capaz de prorrogar la autoridad. No lo conseguirá, pero lo busca.

FUENTE: DIARIO DE CUBA

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