CARTAGENA.- Fuera del circuito turístico de Cartagena, en Colombia, donde la naturaleza guarda aún sus manglares y los más pequeños corren por calles a medio hacer, está la comarca de Ararca, en la isla de Barú, con un proyecto comunitario de desarrollo que estremece sentimientos.
Proyecto comunitario de desarrollo digno de admirar
En las afueras de Cartagena, en Colombia, la comarca de Ararca lucha por salir adelante tras siglos de olvido
“Creamos un tejido socioeconómico de desarrollo para cuidar el medio ambiente, proveer empleos y mejores condiciones de vida”, declaró a DARIO LAS AMÉRICAS Juan Carlos Cuadra, activista y representante de Agencia Tuarisba, con @agenciatuarisba en Instagram.
Prácticamente olvidados en medio de una isla que fue península y un canal los separó de tierra firme, donde luego se construyó un puente; Barú muestra aún signos de los antiguos palenques que fundaron cimarrones o africanos esclavizados que se fugaron del régimen esclavista durante el período colonial español.
De ahí que el nombre palenque se convirtió en sinónimo de libertad, ya que toda persona que llegaba a formar parte de uno de ellos era libre.
De hecho, Barú fue testigo de la gran batalla naval entre ingleses y españoles en 1708, donde el galeón español San José fue hundido, cargado de 200 toneladas de oro y de plata, joyas, crucifijos, cuadros, relojes, espadas y cañones.
Tres siglos después, en 2015, los restos del galeón fueron descubiertos por investigadores colombianos.
Proyecto
Tras la pandemia de coronavirus en 2020, “comenzamos con el proyecto de recuperar manglares y aquí contamos con un vivero donde cultivamos manglares negros y rojos, para luego sembrarlos a lo largo de los canales”, explicó el activista comunitario.
En efecto, los manglares desempeñan una función primordial en la protección de las costas contra la erosión.
“Ya hemos sembrado 42.000 plantas”, afirmó.
Y, al mismo tiempo, “educamos a la población para que no tiren desechos a los canales ni bahía”, confirmó.
Paulatinamente, el proyecto fue ampliado para incluir el sector económico y promover las blancas playas que destacan en la isla.
De esta manera, surgieron los programas de entretenimiento y deportes para mantener ocupados a los jóvenes y más pequeños, “al mismo tiempo que les enseñamos habilidades de trabajo que pueden aplicar para obtener empleos”, subrayó.
Con esta disposición, se crean facultades económicas que les ayuda a mejorar calles, viviendas y empleos”, resumió.
Ayudas
Con fondos muy limitados, dados por donaciones que reciben de empresas privadas, la faena pudiera parecer insostenible.
Es el esfuerzo, la ayuda personal que cada activista comunitario provee, el motor principal de estos proyectos.
Entre los colaboradores destaca Fundación Santo Domingo, una organización que fue creada en 1960, en Barranquilla, y tiene como propósito que “más personas puedan proveer bienestar a sus familias y hacer de Colombia un país más equitativo y sostenible”.
“Digamos que uno de los brazos de este proyecto es el desarrollo del turismo ecológico”, expuso Jorge Moisés, empresario turístico independiente, que acompañó a un grupo de periodistas por los canales de Ararca.
“Por ello, hemos articulado siete operadores de turismo para hacer una gran ruta comunitaria en esta zona”, expresó, “para ofrecer naturaleza, folclor, gastronomía, paseos y avistamiento de aves”.
Hay hoteles como Decameron Barú, Las Islas, Sofitel Barú Calablanca y Urantia, cuyas reservas puede obtener a través de Agencia Tuarisma en Instagram o directamente con las firmas hoteleras en Internet.
“Nuestro trabajo como fundación es articular y robustecer esta oferta turística sostenible”, sostuvo Moisés.
Paseo
La ruta comienza en Ararca, donde las niñas suelen jugar con viejas muñecas en el portal de sus casas y los niños acuden a un polvoriento campo de deportes para practicar fútbol o béisbol.
En un pequeño embarcadero aguarda la diminuta embarcación, en la que transitan lugareños y visitantes los canales entre manglares, adonde suelen ir adolescentes en busca de algo con qué entretenerse.
Un largo canal, salpicado de restos de árboles y habitado por aves endémicas y migratorias, sirve de camino hacia Ciénaga de los Coquitos, que anticipa la llegada a la costa, donde la bahía de Cartagena luce esbelta.
Uno pasos y conoce algo más de historia. Es el horno de cal, construido por los españoles hace más de 300 años, donde cocinaban la piedra caliza y los ladrillos que sirvieron para edificar la gran muralla de Cartagena.
Para terminar el paseo, una buena comida casera frente a la bahía: arroz con coco, pescado entero frito, patacones y ensalada fresca.
Aquí la inocencia tiene rostro de niños, que descalzos juegan en las ramas de los árboles y hacen de una pequeña bolsa plástica un muñeco para entretenerse.
El agua fresca de la bahía, el sol en la costa e incluso la lluvia son sus mejores juguetes.
NULL
