Cuba es un polvorín a punto de estallar. En cualquier barrio del país suenan los calderos, se prenden fogatas o cortan las calles para protestar por los extensos apagones, la miseria cotidiana y reclamar libertad.
Régimen castrista en pie de guerra para reprimir el creciente descontento popular
La tensión en las calles se puede cortar con un cuchillo. Desde el lunes 9 al domingo 15 de marzo, DLA contabilizó más de treinta protestas callejeras
nJueves 12 de marzo, 11:25 de la noche. Dos jóvenes cadetes de una escuela del MININT patrullan la Calzada de Diez de Octubre por la conocida Esquina de Toyo, epicentro de las protestas más violentas del 11 de julio de 2021. Por una medida de seguridad, revela a DLA un funcionario de la empresa eléctrica, “tenemos orientación de no apagar las principales vías habaneras, especialmente las de zonas consideradas conflictivas. Por eso a las calles Monte, Diez de Octubre y la Avenida 51 en Marianao, solo se les corta la electricidad por déficit de generación”.
Cuando se apagaron las luminarias de la Calzada de Diez de Octubre, en medio de una oscuridad absoluta, los dos muchachos que hacían sus rondas de vigilancia entre la calle Tamarindo y la Esquina de Toyo caminaron hasta el portal de una panadería estatal. La hostilidad del vecindario era visible. Personas en short y camiseta sentados en la puerta de sus casas comenzaron a silbarles.
Dos horas antes, uno de los cadetes le pidió agua a una señora que se abanicaba con un trozo de cartón a la entrada de una ruinosa cuartería. La mujer con brusquedad le dijo: “No tengo agua, no entra desde hace cuatro días”. Un hombre les propuso venderle un pomo de medio litro de agua mineral en 400 pesos. “En cualquier lado el agua cuesta dinero”, les dijo. Unos niños coreaban: “Policía, policía, ya no eres mi amigo”, y luego corrían por el estrecho pasillo del solar ubicado en la misma Esquina de Toyo.
Los cadetes estaban nerviosos, cruzaron de acera, conscientes del descontento de los vecinos. Se recostaron a las columnas de una antigua cervecera abandonada y de pronto sintieron un bullicio. Alumbraron con sus linternas: eran dos mendigos que hurgaban en la basura.
Hace poco más de una semana, desde Diez de Octubre y Vía Blanca hasta la Avenida de Acosta, cada tres cuadras, una pareja de uniformados vigila la calzada. No iban armados. Portaban su equipo de comunicación y tonfas. En los próximos días, comenta un cadete que hace sus rondas por la Plaza Roja,en la barriada de La Víbora, “nos dijeron que usaremos pistolas de reglamento y un tubo de spray en caso que nos agredan”.
Casi ninguno es de La Habana. Llegan de regiones de la Cuba profunda y se enrolan en la vida militar para escapar de la pobreza extrema y falta de futuro. “Vivo en un antiguo batey azucarero que está despoblado. La gente sobrevive vendiendo queso artesanal y raspadura en la Autopista Nacional. Los apagones son infinitos, de dos a tres días. Y cuando llega la luz es solo una o dos horas. Viven como si fueran murciélagos. Escapan de esa locura tomando alcohol. Los más jóvenes se marchan del país o vienen pa' La Habana", cuenta un recluta y añade:
"Meterse a guardia es una forma de huir de esa pesadilla. Ya las cosas están al pairo. Los oficiales de las unidades se han corrompido. Esto no tiene arreglo. Ojalá la situación se solucione con los americanos y el país pueda salir adelante. La mayoría de nosotros no reprimimos a nadie. Los que dan palo son los boinas negras de Tropas Especiales y los boinas rojas de las FAR. Si se forma un jaleo yo no le voy a disparar al pueblo”.
Un vecino de La Víbora confirma que “esos guardias deben aprovechar que el barco se hunde y pedir la baja. El pueblo los aborrece, abusan del poder y reprimen a ciudadanos indefensos solo por reclamar que pongan la luz y vivir con decoro. No les tengo ninguna lástima. Cuando les den la orden, te van a meter un tiro. Si el gobierno nos ve como enemigos, y esas fuerzas militares los representan, el pueblo tiene que estar consciente de que cuando se arme una protestas masiva tenemos que irle pa’ arriba a ellos. Se acabó el abuso, brother”.
La tensión en las calles se puede cortar con un cuchillo. Desde el lunes 9 al domingo 15 de marzo, DLA contabilizó más de treinta protestas callejeras, de mayor o menor intensidad, en todo el país. El foco principal es La Habana. En catorce de los quince municipios de la capital se han confirmado manifestaciones. También pintadas contra la dictadura en paredes y muros.
El viernes 13 de marzo ocurrió en la ciudad de Morón, Ciego de Ávila, la más masiva manifestación antigubernamental de los últimos tiempos. Un vecino del Consejo Popular El Vaquerito, explica que “pasada las doce de la noche, cientos de personas de la zona salimos por diferentes calles reclamando libertad, comida y que pusieran la luz. Llevábamos más de treinta horas sin electricidad. No teníamos reserva de agua ni dinero para comprar alimentos o un saco de carbón para cocinar, que cuesta 1,500 o dos mil pesos".
"A la bodega no viene nada hace meses. Y las farmacias están peladas. Sin embargo, tú ves en las tiendas en dólares paquetes de café y solomillos de cerdo importado de Estados Unidos. Y en los cayos no paran de construir hoteles mientras a muchos moronenses el techo de sus casas se les cae encima El bloqueo es pal’ el pueblo. No hay arena, cemento ni cabillas para construirles viviendas a familias que llevan ocho y diez años en un albergue porque perdieron sus viviendas durante el paso de un ciclón".
"Pero importan mármoles, jacuzzis y herrajes de alta calidad destinados a la construcción de hoteles. A eso añádele la corrupción y ver cómo los barrigones del gobierno y altos mandos militares amueblan sus casas, con aire acondicionado central y plantas eléctricas de última generación. Ya nos cansamos. La tapa al pomo son los apagones y el hambre. En los últimos siete días solo tuvimos 13 horas de electricidad. Vivimos en un campo de concentración. Por esa y otras razones, medio pueblo de Morón se tiró pa' la calle”, asegura el vecino de Morón.
Otro residente señala que “fuimos a reclamar a la unidad policial y de forma amenazante se pararon en la puerta del cuartel sin responder a nuestras peticiones. Otro grupo fue a la sede el partido comunista. Igual, ni caso. Las personas que estaban allí, cuando se calentó la timba, se fueron huyendo y dejaron aquello vacío. Solo quedó un custodio. Díaz-Canel quiere que el pueblo proteste de manera civilizada. El muy descarado no cuenta que ninguna autoridad te contesta al teléfono ni responden tus quejas. Por eso varias personas saquearon las oficinas del partido y le dieron candela en la calle a algunos muebles. El gobierno, en su ultimátum, amenazó con fuertes sanciones penales por destruir propiedades del pueblo. ¿Dé que pueblo es propiedad la sede del partido comunista? A nosotros ni el gobierno ni el partido municipal nos representan”.
A pesar del agudo déficit de combustible que afecta al país, en camiones, jeeps y ómnibus, fuerzas antimotines y brigadas de tropas especiales de inmediato se desplazaron hacia Morón.“La represión fue a lo bestia. Golpearon incluso a niños. A un muchacho de quince años le rajaron la cabeza con un culatazo. Se escucharon tiros. Y no eran salvas ni balas plásticas. Eran balas reales. En la calle había casi dos mil personas. La gente se fajó con los boinas negras. Esos criminales se dieron gusto dando palos. La única defensa del pueblo era tirar piedras y cocteles molotov, y rompieron una tienda en divisas y una farmacia. Aquello parecía el lejano Oeste”, describe una vecina.
Hasta el cierre de esta información, la autoridades reconocían la detención de cinco personas y el comienzo de una investigación para ‘esclarecer los hechos’. Sin embargo, residentes en Morón han denunciado que los detenidos superan la docena. A partir del sábado 7 de marzo se han producido nueve jornadas de protestas desde Mayarí en Santiago de Cuba hasta San Miguel del Padrón en La Habana.
La dictadura verde olivo ha decretado estado de emergencia y acuartelado a fuerzas policiales, tropas élites y oficiales de la Seguridad del Estado, revela un oficial de patrullas. “Han sacado gasolina de la reserva militar y alistado a todos los carros patrulleros disponibles en la capital. Además, están reforzando la vigilancia con agentes de la policía política, boinas rojas, boinas negras, miembros de la asociación de combatientes y civiles de empresas que pertenecen a las brigadas de respuesta rápida”.
En el mausoleo a Ernesto Guevara en la ciudad de Santa Clara, dirigentes provinciales como Susely Morfa (aquella falsa psicóloga que dijo pagarse su viaje a una cumbre en Panamá para reprimir a opositores cubanos) participó en la conformación de un dispositivo de vigilancia constituido por fuerzas militares, policiales y civiles. “Oficiales de la Seguridad están pasando por los Comités (CDR) para alertar a sus informantes en las cuadras que estén al tanto de cualquier protesta, de quien la organice o participe. La chivatería está sata”, dice un santaclareño.
A funcionarios de empresas estatales, como ETECSA, el régimen les pidió, de acuerdo a sus posibilidades, facilitar recursos, transporte y personal para vigilar determinadas zonas de La Habana. Un especialista aclara que “no hay combustible para trabajar, pero cuando se trata de una tarea del gobierno aparece enseguida. La mayoría de los trabajadores se hacen los guillados o buscan cualquier pretexto y no asistir. La gente le dice a los jefes que esa es una función de la policía, que no cojan a civiles para enfrentar a civiles. Otros van a guardar las apariencias, pero los que son militantes del partido no tienen más opciones, pues lucran con los recursos de la empresa y viajan al extranjero. No les queda de otra”.
Tatiana, empleada de comercio interior, apunta que en su institución han “diseñado un esquema de guardia con los propios trabajadores. En una reunión nos dijeron que se pueden esperar sabotajes y actos de vandalismo. Y que los trabajadores teníamos que proteger la empresa. La mayoría de nosotros tenemos un montón de problemas en la casa y no vamos a participar”. Un taxista privado vio por la autopista del mediodía camionetas de tropas especiales "con soldados fuertemente armados, incluso un grupo de ellos estaban entrenando con drones. El país se viene abajo, pero para reprimir se gastan los dólares en comprar gases lacrimógenos y esos juguetes”.
Cuando cae la noche en La Habana, en medio de un apagón que se extiende entre doce y quince horas, muchos vecinos comienzan a sonar los calderos y a gritar libertad. “Estas protestas no son solo por los apagones. Queremos que los gobernantes se vayan. No voy a parar hasta que seamos libres. Cada vez estamos más cerca”, dice una joven. Y sigue sonando un sartén con un pedazo de cabilla.
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