LA HABANA. – Abrir un restaurante en la Cuba actual desafía toda lógica. En medio de apagones, escasez de insumos, inflación y una fuerte caída del turismo, algunos cubanos mantienen abiertos sus negocios, mientras otros incluso se arriesgan a inaugurar nuevos locales.
Tener un restaurante en Cuba es un negocio para "valientes"
La inflación y la escasez obligan a restaurantes y clientes en La Isla a adaptarse a una nueva realidad marcada por el deterioro del poder adquisitivo
Dainel Castillo cerró meses atrás el restaurante que había orientado al turismo. Para sostener a su hija recién nacida, comenzó a preparar almuerzos para trabajadores desde su cocina.
La buena respuesta de los clientes lo llevó a dar el siguiente paso: volver a abrir un restaurante.
"Es el cubano el que está consumiendo ahora, el que está comiendo, el que está saliendo a comer a la calle", explica.
Aunque ofrece precios más accesibles, el negocio enfrenta numerosos desafíos. El endurecimiento de las sanciones estadounidenses en enero, según el relato de Castillo, agravó las dificultades para acceder a combustible y electricidad, mientras varios ingredientes escasean y la inflación continúa elevando los costos.
"Hay que lidiar con la luz, hay que lidiar con los precios y con el suministro", lamenta Castillo.
Conseguir insumos, otro desafío
Dainel dedica varias horas al día a buscar los productos necesarios para mantener abierto el local. Uno de los insumos más difíciles de conseguir es el aceite.
"Una botella está entre los 4.000 y 5.000 pesos (entre 6 y 7 dólares). Pero bueno, el cubano siempre se la ingenia", comenta.
Hace apenas tres semanas, el aceite costaba unos dos dólares. El salario medio mensual en Cuba ronda los 10 dólares. Ante el aumento de los precios, Dainel optó por utilizar manteca de cerdo para cocinar.
Los cortes de electricidad representan otro problema. Cuando se interrumpe el suministro en un pequeño restaurante como el suyo, los ventiladores dejan de funcionar y, de golpe, también se apagan las conversaciones. Los comensales suspiran de alivio o sonríen cuando el servicio se restablece.
Los apagones también afectan directamente al negocio. A Dainel se le ha echado a perder comida almacenada en la nevera y ha tenido que desecharla.
"Preferiría haberla regalado", lamentó.
Pese a las dificultades, mantiene la esperanza de que la situación del país mejore.
"Tengo fe en que cambie y tengo fe en que las cosas van a mejorar", afirma.
Números rojos en La Guarida
La crisis no afecta únicamente a los pequeños negocios. A unos 20 minutos a pie se encuentra La Guarida, un restaurante que alcanzó fama internacional al servir como escenario de Fresa y Chocolate (1993), una de las películas cubanas más reconocidas.
En sus mejores años, personalidades como Steven Spielberg y Mick Jagger visitaron el establecimiento. Fotografías colgadas en sus paredes recuerdan aquellas épocas de mesas abarrotadas y muestran también a figuras como Madonna.
Junto a una sala vacía y mesas sin clientes, el restaurante todavía exhibe el reconocimiento que recibió como mejor restaurante de Cuba en 2023.
Allí, un comensal puede disfrutar de alta gastronomía mientras observa una imagen cotidiana de La Habana. De un lado, en un edificio parcialmente derruido, una mujer habla por teléfono después de tender la ropa; del otro, unos vecinos realizan una ceremonia de santería.
Su propietario, Enrique Núñez, de 57 años, reconoce que La Guarida ha vivido tiempos mejores.
"Aunque estamos trabajando en pérdidas, igual tratamos de mantenerla abierta, más que nada por conservar el personal", afirma.
El restaurante se encuentra en una zona poco turística y conserva su estética característica. Como otros establecimientos del sector, también enfrenta dificultades por los cortes de electricidad y el riesgo de que los alimentos se deterioren.
Sin embargo, Núñez asegura que mantiene el optimismo.
"La Guarida es mi vida. Aunque tenga que ser yo el único que venga a trabajar, vendré y lo mantendré abierto", aseguró.
Comer fuera, un lujo para pocos
Entonces, ¿quién puede permitirse comer en un restaurante en Cuba?
Yosbel León, de 44 años, tiene la difícil tarea de captar clientes para el establecimiento de Dainel. Mientras espera sentado a que lleguen los comensales, estima que el 90% de la población cubana no puede permitirse comer en un restaurante.
"Son las personas que pueden ahorrar un poco de dinero las que realmente tienen dinero. El cubano de a pie, muy pocos", afirma.
Rafael Gómez representa a ese "cubano de a pie". Quisiera llevar a su pareja, María Julia Morales, a uno de estos establecimientos para celebrar su cumpleaños a finales de agosto.
La última vez que ambos fueron a un restaurante fue en diciembre. Ahora, Rafael está desempleado.
"Quisiera llevarla para que vuelva al mismo restaurante: sentirnos felices, sentirnos a gusto, comernos una comidita a gusto", dice el hombre, de 39 años.
María Julia no espera algo lujoso. Le basta con que el lugar sea limpio y la comida esté rica.
"Un poco de música cubana, tú sabes que nos gusta mucho la música del son", dice la mujer, de 48 años.
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FUENTE: Con información de AFP
