Empaquetado y comprado en el supermercado, recién horneado de la panadería o casero: entre un pan y el otro puede haber un mar de diferencia. Hacerlo en casa es una buena idea, pero la mayoría de las personas no conoce todos los secretos para que salga bien.
La delicia de hornear el pan en casa
Y eso que hornear pan no es tan difícil. Preparar un pan lleva apenas 20 minutos. El resto del tiempo se destina al reposo de la masa. Por eso, el panadero debe tener, antes que nada, paciencia. Lo mejor es preparar el pan un día en que uno se va a quedar en casa, de modo de poder hacer otras cosas mientras se espera.
El levado es fundamental, ya que es en ese momento que el pan adopta su sabor. Lo ideal es usar poca levadura y dejar levar la masa varias horas, lo que mejora el sabor del pan y lo vuelve más saludable.
El pan es un alimento noble: con apenas tres ingredientes se pueden preparar distintas variantes. Para los principiantes se recomienda empezar con un pan simple de trigo con 600 gramos de harina de trigo, 390 mililitros de agua, 12 gramos de sal y 0,5 gramos de levadura fresca.
Primero hay que mezclar los ingredientes y dejarlos a temperatura ambiente durante 24 horas. Cada ocho horas hay que estirar y doblar la masa para unir bien los ingredientes.
La masa debe reposar en una cacerola que tenga por lo menos el doble de volumen que el bollo de pan. Encima se coloca un paño enharinado para que nada se pegotee. Luego hay que hornear el pan en el horno caliente por unos 45 minutos.
También es primordial contar con una buena balanza, especialmente los principiantes, ya que para la masa para un kilo de pan cualquier imprecisión en la cantidad de levadura puede arruinar el resultado. Cuando se preparan cantidades más grandes, es menos grave un pequeño error de cálculo.
Un típico error de principiante es usar demasiada levadura pensando que de esa forma el pan subirá bien y rápido. Sin embargo, la levadura nunca debe ser más del dos por ciento de la cantidad de harina. De lo contrario, el pan tendrá un aroma indeseado a levadura y quedará chato.
El horno debe cerrar bien y no perder calor. Básicamente, lo único que se necesita para hacer pan es un horno que llegue a los 250 grados, un recipiente y brazos fuertes para amasar. Sin embargo, dado que toda harina es diferente y las temperaturas ambiente no son siempre las mismas, tener experiencia en panes puede ser de ayuda. Para algunos panaderos, incluso es mejor no atenerse a rajatabla a la receta sino ir probando cómo reacciona la masa.
Lo que no se puede obviar bajo ninguna circustancia es el amasado. La masa debe quedar tan maleable como un chicle y sentirse como un lóbulo de oreja, bien suavecita.
A los principiantes les conviene empezar con un pan de trigo o centeno, que forma una crosta abierta como en los panes de campo, lo cual es más fácil de lograr que un pan chato. El pan estará listo cuando, al golpearlo contra la mesada, suena hueco. Luego hay que dejarlo enfriar.
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FUENTE: dpa
