ver más
OPINIÓN

Ser madre de forma consciente: cuando cuidar también implica aceptar los límites

La maternidad consciente, en el fondo, no es una meta a la que se llega, sino una forma de volver. Volver a mirar. Volver a escuchar. Volver a reparar. Volver a una misma. No se trata de criar sin errores, sino de criar con más presencia, más honestidad y menos culpa

Por Dra VIOLETA GARCÍA

Durante mucho tiempo, la maternidad se ha contado desde dos extremos: la entrega absoluta o el fracaso silencioso. O eres una madre presente, paciente, amorosa, disponible y organizada, o aparece la culpa como una sombra constante recordándote todo lo que no hiciste, lo que dijiste mal, la vez que perdiste la paciencia o el momento en que miraste el móvil mientras tu hijo te pedía atención. En medio de esas exigencias aparece una idea que suena sencilla, pero que en realidad es profundamente compleja: ser madre de forma consciente.

Pero conviene aclararlo desde el principio: una maternidad consciente no es una maternidad perfecta. No significa estar siempre calmada, leer todos los libros de crianza, responder con dulzura a cada rabieta, preparar meriendas saludables, estimular el desarrollo infantil y, además, tener la casa en orden, trabajar, descansar y conservar una vida propia. Ser madre de forma consciente no es llegar a todo. De hecho, probablemente empieza justo cuando dejamos de exigirnos llegar a todo.

La maternidad consciente tiene más que ver con darse cuenta. Darse cuenta de cómo estamos, de qué nos activa, de qué historia personal se nos mueve cuando nuestro hijo llora, desafía, se enfada o nos necesita más de lo que podemos sostener en ese momento. Tiene que ver con mirar la relación, no desde la culpa, sino desde la curiosidad. ¿Por qué esto me cuesta tanto? ¿Qué me pasa cuando mi hijo no me obedece? ¿Qué parte de mí se siente mala madre cuando necesita espacio? ¿Estoy reaccionando a lo que ocurre ahora o a algo antiguo que se ha despertado dentro de mí?

Desde la teoría del apego de John Bowlby, sabemos que los niños necesitan figuras disponibles, sensibles y suficientemente estables. Pero “suficientemente” es una palabra importante. Winnicott hablaba de la “madre suficientemente buena”, una idea que hoy sigue siendo casi revolucionaria. No hablaba de una madre impecable, sino de una madre real, capaz de atender, fallar, reparar y volver a conectar. Porque los hijos no necesitan madres perfectas. Necesitan madres que, cuando se equivocan, puedan reconocerlo, acercarse y reparar.

En ese sentido, criar de forma consciente también implica aceptar que habrá días en los que no estaremos a la altura de nuestra propia expectativa. Días en los que responderemos peor. Días en los que estaremos agotadas, saturadas, tristes o irritables. Días en los que la paciencia durará menos de lo que nos gustaría. La diferencia no está en no fallar, sino en qué hacemos después con ese fallo.

Podemos quedarnos atrapadas en la culpa, o podemos transformarlo en una oportunidad para enseñar algo muy valioso: que las relaciones se cuidan también después del conflicto.

Por ejemplo, una madre puede gritar en un momento de saturación y luego acercarse a su hijo y decir: “Antes he hablado muy fuerte. Estaba muy nerviosa, pero no era la forma. Lo siento”. Ese gesto, aparentemente pequeño, tiene un impacto enorme. Enseña responsabilidad emocional, reparación y humanidad. Enseña que querer a alguien no significa hacerlo todo bien, sino poder volver al vínculo con honestidad.

También es importante diferenciar la maternidad consciente de la hipervigilancia. A veces confundimos estar presentes con controlarlo todo: observar cada gesto, anticipar cada frustración, evitar cada malestar, intentar que nuestros hijos no sufran nunca. Pero una crianza consciente no busca eliminar toda incomodidad. Los niños también necesitan frustrarse, aburrirse, esperar, equivocarse y descubrir que pueden tolerar emociones difíciles. Acompañar no es resolverlo todo. Estar disponible no es impedir todo dolor.

Aquí aparece otra idea fundamental: para criar de forma consciente, una madre necesita poder mirarse a sí misma con algo de compasión. La autocrítica constante no mejora la crianza; la endurece. Cuando una madre vive atrapada en el “debería”: debería jugar más, debería cocinar mejor, debería tener más paciencia, debería trabajar menos, debería disfrutar más…, acaba criando desde la deuda. Y una maternidad vivida como deuda permanente se vuelve agotadora.

Trabajar una maternidad más consciente implica bajar el ruido de la exigencia y empezar a hacerse preguntas más amables y más útiles. No “¿lo estoy haciendo fatal?”, sino “¿qué está necesitando mi hijo y qué estoy pudiendo ofrecer yo hoy?”. No “¿por qué no puedo con todo?”, sino “¿qué parte de todo esto realmente me corresponde?”. No “tengo que estar siempre disponible”, sino “¿cómo puedo estar presente sin desaparecer yo?”.

Porque una madre también tiene cuerpo, historia, cansancio, deseo, límites y necesidad de silencio. Y esto, aunque parezca obvio, todavía cuesta decirlo. Hay una fantasía social muy instalada que espera que la madre pueda con todo y que, además, lo haga con ternura. Pero maternar de forma consciente también es reconocer que una mujer no se convierte en recurso ilimitado por tener un hijo. Cuidar no debería implicar borrarse.

Por eso, una parte esencial del trabajo está en construir pequeñas pausas internas. Antes de responder automáticamente, respirar. Antes de interpretar una conducta como un ataque, preguntarse qué puede haber detrás. Antes de castigarse por no haber hecho más, revisar si realmente había energía, tiempo o apoyo para hacerlo. Y cuando no lo haya, aceptar que no se puede llegar a todo sin convertir esa aceptación en derrota.

La maternidad consciente, en el fondo, no es una meta a la que se llega, sino una forma de volver. Volver a mirar. Volver a escuchar. Volver a reparar. Volver a una misma. No se trata de criar sin errores, sino de criar con más presencia, más honestidad y menos culpa.

Tal vez la pregunta no sea si estamos siendo madres perfectas. Tal vez la pregunta más interesante sea: ¿estamos pudiendo criar sin perdernos del todo en el intento?

Violeta Garcia

Psicóloga

Puedes consultar el artículo en:

www.violetagarcia.es

 NULL

    

¡Recibe las últimas noticias en tus propias manos!

Descarga LA APP

Temas

Deja tu comentario

Te puede interesar