Esperar a que se diera a conocer la sentencia contra Leopoldo López para escribir esta columna ha sido una ingenuidad por mi parte. Mientras el chavismo siga gobernando, la historia en Venezuela ya está escrita y era evidente que el líder opositor sería condenado porque así estaba previsto desde el mismo instante en que se decidió su detención.
Cartas marcadas contra López
Ni presunción de inocencia, ni derecho a la defensa, ni independencia judicial… Maduro y Diosdado decidieron eliminar del juego a su rival político y antes de tener que enfrentarse en una votación, decidieron pasarle el trabajo sucio a los jueces y fiscales de confianza
Ni presunción de inocencia, ni derecho a la defensa, ni independencia judicial… Maduro y Diosdado decidieron eliminar del juego a su rival político y antes de tener que enfrentarse en una votación, decidieron pasarle el trabajo sucio a los jueces y fiscales de confianza.
Ahora escuchamos a algunos, todavía más ingenuos que yo, hablando de recurrir la sentencia. Visto lo visto, es mejor ahorrar trabajo, tiempo y esfuerzos porque la contestación a ese recurso también está escrita. La siguiente farsa que nos tiene preparada el chavismo es la votación del próximo 6 de diciembre. Pero esta vez no voy a ser tan tonto y voy a escribir mi artículo antes de que se conozcan los resultados porque al igual que la sentencia contra López, ya están grabados en nuestro disco duro.
En Venezuela, el Gobierno no permite juicios, ni elecciones que pueda perder, tampoco medios de comunicación que le critiquen. El chavismo nos ha robado la capacidad de sorpresa, conocemos lo que va a pasar mañana y pasado, y el otro… Pero todos con la oposición a la cabeza seguimos funcionando como si el destino pudiera dar un giro dentro de las reglas de juego que Chávez creó y que tan bien han conseguido mantener sus herederos.
Ayer nos entregaron el papel, en el que negro sobre blanco, se afirma que Lepoldo López tendrá que pasar los próximos 13 años de su vida en prisión por unos delitos que no existen y a los que se le vincula de una manera chapucera e infantil. Si se pretende que no se cumpla esa injusta profecía, emanada de la mente demoníaca de una dictadura, hay que aparcar los recursos, las apelaciones a una justicia que no existe, las sonrisas, las pantomimas de votaciones en las que ya se sabe el ganador, las elecciones a medida. Manejar por el carril que les marca Diosdado y Maduro ha llevado a la oposición a legitimar un régimen que con la boca pequeña llaman dictadura, pero que cuando salen en los medios otorgan credibilidad acudiendo a sus juicios, a sus votaciones, a sus debates.
¿Quién apostaría a diario en una partida de póker cuyo rival sabemos que tiene las cartas marcadas? Está pasando. Todos pecamos de ingenuos –en parte porque no nos podemos creer lo que está pasando- pero la MUD y Henrique Capriles tienen que dejar de engañarse y de engañar a los venezolanos. Dentro del chavismo no hay esperanza y Nicolás Maduro ya es homologable a lo que fueron Pinochet, Noriega, Trujillo o Fidel Castro. La solución no está dentro del régimen. La historia democrática en Venezuela hay que reescribirla desde cero.
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