Un día antes de que la selección de Ecuador lograra una de las victorias más comentadas de la Copa Mundial de la FIFA 2026 frente a Alemania, otro escenario comenzó a atraer la atención internacional en el corazón de Manhattan. No se trataba de un estadio ni de una cancha de fútbol, sino del histórico edificio Engine 31, en Tribeca, donde abrió sus puertas Casa Ecuador Nueva York 2026, una plataforma concebida para proyectar al país desde una perspectiva distinta: la de su riqueza natural, su patrimonio cultural y su identidad.
Casa Ecuador Nueva York: la apuesta de Ecuador para convertir su identidad en influencia global durante el Mundial
La plataforma abrió sus puertas en Manhattan para presentar la cultura, la biodiversidad y el patrimonio del país como herramientas de diplomacia, inversión y proyección internacional
Mientras el Mundial concentraba las miradas del planeta en los partidos, Ecuador aprovechó la presencia de su selección en Nueva York para impulsar una conversación que iba más allá del deporte. La iniciativa, organizada por The Embassy of Nature (TEON), buscó convertir el evento deportivo más importante del mundo en una oportunidad para mostrar al país como un destino de inversión, cooperación, innovación y turismo.
Durante varios días, el histórico edificio neoyorquino se transformó en una experiencia inmersiva inspirada en los cuatro mundos del Ecuador: Costa, Sierra, Amazonía y Galápagos. Gastronomía, arte, música, biodiversidad, encuentros empresariales y conversaciones estratégicas convivieron en un mismo espacio con un objetivo claro: construir una narrativa contemporánea sobre Ecuador frente a una audiencia global.
La iniciativa fue impulsada por Luis Felipe Fernández-Salvador y Campodónico, VI Marqués de Lises, fundador y presidente de The Embassy of Nature, organización internacional que promueve un modelo de diplomacia basado en la naturaleza, la cultura y la identidad como activos estratégicos para el desarrollo económico y la cooperación internacional.
Lejos de ser una feria turística o una exhibición folclórica, Casa Ecuador Nueva York fue concebida como una plataforma para fortalecer el posicionamiento internacional del país. La propuesta partió de una premisa que gana cada vez más espacio en la diplomacia contemporánea: en el siglo XXI, la influencia de una nación ya no depende únicamente del tamaño de su economía o de sus recursos naturales, sino también de su capacidad para construir reputación, generar confianza y proyectar una identidad propia.
La agenda reunió a destacadas figuras del deporte, el cine, los negocios y la diplomacia. Entre los asistentes estuvieron el actor de Hollywood Woody Harrelson; el director de cine y ganador del Premio Óscar Guillermo Navarro; el exfutbolista argentino Javier Mascherano; el empresario y exactor estadounidense Brock Pierce; la empresaria ecuatoriana Isabel Noboa; el exseleccionado ecuatoriano Felipe Caicedo; la cónsul general de Ecuador en Nueva York, Gisela Andrade; el director ejecutivo de TEON, Daniel del Valle; además del propio Fernández-Salvador.
La diversidad de invitados reflejó el propósito del encuentro: crear puentes entre distintos sectores para posicionar a Ecuador en conversaciones relacionadas con inversión, sostenibilidad, cultura, innovación y cooperación internacional.
Durante buena parte del siglo pasado, la fortaleza de los países se evaluó principalmente por indicadores económicos, industriales o militares. Sin embargo, en las últimas décadas ha cobrado fuerza un concepto diferente: el llamado soft power, según el cual la cultura, la creatividad, el patrimonio y la reputación también constituyen formas de influencia internacional.
Casa Ecuador se desarrolló precisamente bajo esa lógica.
En lugar de centrar el discurso en cifras económicas, la plataforma puso el foco en aquello que distingue al país. Ecuador alberga una de las mayores concentraciones de biodiversidad por kilómetro cuadrado del planeta y reúne, en un territorio relativamente pequeño, ecosistemas que van desde la Amazonía hasta las Islas Galápagos, pasando por la cordillera de los Andes y la costa del Pacífico. Esa diversidad fue presentada no solo como un patrimonio ambiental, sino como un activo estratégico con capacidad para generar nuevas oportunidades económicas y fortalecer la imagen internacional del país.
La elección de Nueva York tampoco fue casual.
Además de ser una de las ciudades más influyentes del mundo en los ámbitos financiero, cultural y diplomático, durante el Mundial se convirtió en uno de los principales puntos de encuentro para aficionados, empresarios, representantes gubernamentales y medios internacionales.
En ese contexto, Casa Ecuador buscó aprovechar la atención global para ampliar la conversación sobre el país más allá del desempeño de su selección nacional.
La victoria frente a Alemania terminó otorgando una visibilidad adicional a Ecuador, pero el mensaje que Casa Ecuador había comenzado a construir un día antes apuntaba hacia un objetivo de largo plazo: mostrar que la competitividad de un país también depende de la manera en que comunica su historia, protege su patrimonio y proyecta su identidad.
Detrás de esa visión se encuentra The Embassy of Nature, institución fundada por Fernández-Salvador con el propósito de desarrollar plataformas internacionales que integren diplomacia, naturaleza, cultura y desarrollo económico. La organización plantea que la biodiversidad y el patrimonio cultural pueden convertirse en motores de nuevas formas de cooperación entre países, empresas e instituciones.
Casa Ecuador forma parte de una estrategia más amplia que contempla iniciativas similares en ciudades como París, Madrid, Abu Dabi, Miami, Palm Beach, Quito, Guayaquil y Nueva York. La intención es crear espacios permanentes de encuentro donde converjan líderes empresariales, representantes gubernamentales, organizaciones internacionales, artistas e inversionistas.
La propuesta también dialoga con una tendencia que gana fuerza en distintos países: la construcción de marcas nacionales capaces de generar confianza y atraer oportunidades económicas a partir de la identidad cultural y la sostenibilidad.
En América Latina, donde con frecuencia la narrativa internacional ha estado marcada por crisis políticas, conflictos o desafíos económicos, proyectos de este tipo buscan ofrecer una visión distinta. Más que centrarse en las dificultades, procuran destacar los elementos que diferencian a cada nación y pueden convertirse en ventajas competitivas en un escenario global.
Naturalmente, el desafío será traducir ese posicionamiento simbólico en resultados concretos. La diplomacia cultural puede abrir puertas, pero requiere continuidad, alianzas estratégicas y mecanismos que permitan convertir la visibilidad en inversión, cooperación, turismo y desarrollo.
Sin embargo, lo ocurrido en Manhattan dejó una señal clara.
Mientras millones de personas seguían el Mundial desde las tribunas y las pantallas, Ecuador encontró otra manera de insertarse en la conversación internacional. No solo a través del fútbol, sino también mediante una propuesta que utilizó la cultura, la naturaleza y la identidad como herramientas para fortalecer la presencia del país en el escenario global.
Un día antes de celebrar una victoria histórica sobre el terreno de juego, Ecuador comenzó a disputar otro partido en Nueva York: el de la reputación, la diplomacia y la proyección internacional.
Casa Ecuador Nueva York representó, en ese sentido, una apuesta por demostrar que la mayor riqueza de un país no siempre se encuentra en aquello que extrae de la tierra, sino en aquello que es capaz de preservar, comunicar y compartir con el mundo. En una época donde la influencia también se construye a partir de las ideas, las historias y la identidad, esa puede convertirse en una de las ventajas más valiosas para el futuro del Ecuador.
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