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AMÉRICA LATINA

Cuba naufraga a ninguna parte

La dictadura cubana pretende hacer creer que hay cambios, pero en la realidad solo modifica superficialmente las estructuras del poder existente
Por IVÁN GARCÍA

ESPECIAL
@DesdeLaHabana

LA HABANA.- El viejo refugio antiaéreo, que fue construido en las entrañas de una colina ubicada en el barrio de Jesús del Monte, municipio Diez de Octubre, en La Habana, Cuba, se ha convertido en un lugar de citas nocturnas para parejas adolescentes.

En algún momento, el refugio fue un almacén de una empresa estatal donde guardaban cemento, arena y vigas de acero. Pero los rateros de la zona rompieron el candado herrumbroso con una pata de cabra y cargaron con todo.

Fue inaugurado a mediados de la década de 1980 por un séquito de generales que cumplían la orden de Fidel Castro de horadar a la Isla como un queso gruyere para, supuestamente, ‘proteger a la población de una inminente agresión yanqui’ que anunciaron casi a diario y nunca sucedió.

Era la etapa de Ronald Reagan, la perestroika de Gorbachov y la caída del muro de Berlín. Internet sonaba a ciencia ficción y el Estado verde olivo controlaba lo que los cubanos podíamos leer, ver y escuchar.

En cualquiera de sus largos discursos, a Castro le gustaba comparar las estadísticas económicas y otros pretendidos logros de ‘la revolución’ en un intento de demostrar la supuesta superioridad del sistema socialista marxista sobre el satánico capitalismo occidental. Y ridiculizaba al embargo estadounidense por ineficaz.

Los gurús de los partidos comunistas estaban convencidos de que la ciudad de Moscú era más opulenta que Nueva York. Y que era cuestión de tiempo de que en el mundo prevaleciera el comunismo. En Cuba, Fidel Castro alardeaba de que la isla produciría tanta leche y queso como Holanda y tanta carne de res como Argentina y Uruguay.

Realidad

Nivaldo, un ganadero jubilado de 83 años, residente en el Valle de Picadura, un pueblo fantasma a mitad de camino entre La Habana y Matanzas, que antaño fuera una próspera comunidad ganadera, junto a su esposa recuerda el aluvión de promesas incumplidas por los dirigentes locales.

“Quién me iba a decir en 1980 que el Valle de Picadura iba a ser un lugar desolado. Esto era lo más parecido al paraíso”, comentó, y señaló con su mano al monte inhóspito: “La zona estaba llena de vaquerías climatizadas con música sinfónica para que los animales no se estresaran. Teníamos las mejores razas y cruces de ganado de vacuno. En el cerro Peña de León se construyó una comunidad de viviendas destinada a los trabajadores. Los ganaderos estábamos satisfechos de nuestra vida”, rememora con nostalgia.

Luego añadió: “Aunque nunca tuvimos grandes beneficios, cada dos semanas, podíamos comer un bistec de res y tomar un vaso de jugo de naranja no era un lujo. Ahora el Valle de Picadura es un infierno. Quedan dos o tres vaquerías y los animales se mueren de hambre o los matarifes los matan. Antes de jubilarme le entregué al Estado las once vacas que estaban bajo mi cuidado. En realidad, no eran mías, el gobierno me las arrendó. Si me robaban una yo era el primer sospechoso. Y si sacrificaba alguna para que mi familia comiera, podía ir preso”, afirmó.

El ganadero jubilado concluyó: “La revolución cubana ha sido una estafa. Cada año que pasa estamos peor. Díaz-Canel no tiene vergüenza. Está ahí para ver qué se le pega. Los que gobiernan saben que el país se hunde sin remedio. Por mucho que intenten vender el cuento ruso, chino, turco o iraní, la gente ya no se cree sus mentiras. Y los que no se largan del país, tienen que vivir del 'invento'. Casi nadie quiere trabajar la tierra”.

Cuando a Laritza, profesora de bachillerato, se le preguntó qué opina del rumbo que está tomando Cuba, sonrió sorprendida y respondió: “Eso no lo saben ni ellos mismos porque viven en otra galaxia. Su estrategia es ganar tiempo. Probablemente ya se han repartido las pocas cosas de valor existentes en el país. La actual clase política se caracteriza por su baja calaña, por su escaso nivel cultural y profesional. Son cumplidores de órdenes. No tienen capacidad de liderazgo ni creatividad. Gobiernan a golpe de decretos e intentan aparentar que Cuba es una sociedad moderna regida por las leyes. Pero en realidad es un clan mafioso. El futuro pinta feo con unos mandamases que creo solucionen los múltiples problemas que afectan a los cubanos. Andan sin rumbo, improvisando sobre la marcha”.

Maikel, graduado de filosofía, manifestó que después de estar dos años dando clases en una secundaria básica se puso a trabajar en un complejo lácteo. La solución que le permite mantener a su esposa y dos hijos: “La filosofía no daba para comer. En lo personal me aterra la degradación social y el aumento de la violencia dentro de la sociedad. Maltratos físico y verbal hacia niños, mujeres, ancianos y animales. Hay un repunte del racismo y la desigualdad mayor que nunca. Los 'cuadros' son espantosamente ineficientes. Burócratas de bajo perfil. Oportunistas que ven en la política un trofeo de caza. Es alarmante la corrupción, afecta a todas las instituciones y a la ciudadanía".

Añadió: “Cuba es como un automóvil en marcha atrás. Cada año retrocedemos en todos los parámetros económicos, productivos y sociales. En muchas personas se han desatado las peores pasiones. La calle es una jungla. La solución de nuestros problemas pasa porque esa casta dirigente renuncie o se largue del país. De lo contrario, seguiremos pareciéndonos cada vez más a Haití. Con hombres orinando en la vía pública, el reguetón a todo volumen en cualquier esquina y la gente hablando a gritos y diciendo malas palabras”.

Leila, exestudiante de 20 años, contó: “Mis abuelos y mis padres dieron los mejores años de su vida por esta mierda y ahora no tienen ni un vaso de leche para desayunar. Gracias a que salgo pal’ fuego y me busco unos pesos jineteando, puedo alimentarlos y comprarles medicinas. En Cuba impera la ley del más fuerte, del más pícaro, del que tiene buenos contactos. Los que gobiernan son unos desaguacatados. Nadie cree en ellos. La culpa de muchas de las cosas que pasan es nuestra. No hemos tenido papaya ni cojones para frenar a esos hp”.

Frustración

La frustración en Cuba es espantosa. La mayoría de los ciudadanos reconoce que el actual modelo no funciona. El divorcio entre los cubanos de a pie y la clase dirigente es abismal. La ridícula narrativa oficial, repleta de consignas y frases huecas, no llega a casi nadie.

El régimen no tiene una hoja de ruta. Hacen malabares ideológicos, ya sea para ser patrocinados por una nación imperialista como Rusia o para negociar con la Casa Blanca un trato favorable a sus intereses. En su desespero, intentan seducir al exilio con migajas, autorizando a invertir en la isla a los ‘gusañeros’ más dóciles y pancistas.

La dictadura pretende cambiar algunos muebles, pero mantener el decorado. Gatopardismo puro (la estrategia política de abogar por cambios, pero en la práctica solo modifica superficialmente las estructuras del poder existente).

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