MIAMI.- La propuesta de España al Festival Internacional de Teatro Hispano de Miami, que está celebrando sus cuatro décadas de trayectoria, es A fuego, dramaturgia e interpretación de Pablo Macho Otero, dirigida por el propio autor y Emma Arquillué. Esta producción de La Bella Otero, compañía con sede en Cataluña, destaca por el desafío que siempre conlleva expresarse en versos. Un trabajo interesante, divertido y magníficamente interpretado, en un concepto escénico interactivo con el público.
"A fuego" en el Festival de Teatro
Un trabajo interesante, divertido y magníficamente interpretado, en un concepto escénico interactivo con el público
El texto remite a la figura de Eróstrato, un personaje del siglo IV a. n. e., que con tal de alcanzar la inmortalidad quema el Templo de Artemisa, una de las siete maravillas del mundo antiguo. Fue apresado, torturado y obviamente confesó: su intención era pasar a la historia. Entre los castigos que recibió, además del principal, la muerte, fue que prohibieron de que su nombre se volviera a mencionar. Pero logró su propósito, el nombre de Eróstrato ha trascendido los tiempos y hoy se integra a esta obra de teatro A fuego.
En realidad la esencia de la pieza es el ego, que bien maneja y disfraza el suyo el propio Pablo Macho Otero, al desafiar al espectador con un texto en versos (que no siempre logra su sonoridad rítmica) y presentar situaciones que tienen como propósito demostrar sus destrezas en la escena. Después de todo qué son los unipersonales sino una manera de proyectar las posibilidades de un actor, el desdoblamiento del intérprete ante todo y todos. Un ejercicio supremo del dominio del oficio.
No hay dudas de que Pablo Macho Otero es un excelente actor, tiene porte, elegancia, domina el escenario y la platea. Así lo demostró con su A fuego en el Koubek Center de Miami, donde se hizo sentir, y como bien señala su texto, dejar una huella… satisfacer su ego.
Vistiendo de una forma muy casual y hasta irreverente, pantalón corto, un pulóver, descalzo, pelo recogido, barba de tres o cuatro días y un arete en la oreja izquierda, sale
a escena y comienza a dialogar con la audiencia, contextualizando lo que se propone hacer. De la manera que habla parece un ejecutivo o un profesor que dará una interesante charla ante un público atónito y cautivo.
Su espectáculo de casi una hora de duración, lo realiza alrededor de una amplia mesa negra por donde se mueve con soltura, adentrándose ocasionalmente en la platea. A los pies de esa suerte de tarima, un bidón rojo, de esos que se usan para cargar gasolina, y que el espectador atento sabe que utilizará para el cierre.
Su discurso es variado. Habla de la paradoja del actor y la memoria (hasta hace un ejercicio de olvido en medio de su presentación), imita el habla local, al estilo cubano, con “asere qué bolá” y un texto en Spanglish, que no pude identificar si también lo elaboró en versos. Se expresa en catalán y eso sí lo hace rimado. También dice versos en tono de rap que le quedan muy bien.
Pablo Macho Otero ofrece una sólida clase de actuación, lo matiza con Eróstrato y su afán de pasar a la eternidad, comparando a los usuarios de las redes sociales con el personaje del siglo IV, al decir que “hoy día todos quieren ser Eróstrato”.
A fuego es un divertimento escénico de calidad, ejecutado por un actor muy bien entrenado, que brinda un discurso inteligente sobre la ambición del protagonismo y hasta alertando del peligro que puede suponer, los Eróstrato de nuestro tiempo. Una pieza que bien merece un festival
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