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ENTREVISTA

Alberto Pujol: "Siempre he sido ingenuo"

El destacado actor cubano conversa sobre sus proyectos, su paso por Colombia y la sombra que arrastra de su icónico personaje "El Tavo"
Por WILMA HERNÁNDEZ

Para el actor cubano Alberto “Albertico” Pujol, quien durante años conquistara la televisión y el cine de la isla, su estancia en Miami ha significado una nueva etapa.

Aunque el intérprete se ha mantenido alejado de las cámaras miamenses, aun conserva ese brillo en su mirada que revela su pasión por la actuación y el deseo de emprender nuevos proyectos.

Es ese mismo entusiasmo que hace recordar sus años mozos cuando interpretaba a “El Tavo” de la serie policíaca Día y Noche. Y ha sido precisamente ese anhelo de seguir adelante y no darse por vencido lo que lo ha llevado a otras tierras en busca de oportunidades.

Fue en suelo colombiano que conoció otra manera de entregarse a la interpretación, pues Colombia le abrió sus puertas una década después de haberle entregado la estatuilla de la India Catalina por su desempeño en el filme Los pájaros tirándole a la escopeta (1984).

Diez años más tarde de haberse alzado con el premio en el Festival Internacional de Cine de Cartagena, el destacado intérprete declaró su amor por el país que en ese entonces le mostraba otra perspectiva actoral.

“Me enamoré de todo lo que no había vivido, de todo lo que me imaginaba, pero no lo había visto porque no había salido de Cuba, salvo en una ocasión que fui a España a doblar una película con Paco Rabal, y había quedado fascinado con el mundo del doblaje”, recordó en entrevista con DIARIO LAS AMÉRICAS sobre la primera vez que viajó fuera de la isla en tiempos en los que aún no existían los programas para digitalizar el doblaje de las cintas.

Dramatizar ante las cámaras colombianas le permitió redescubrirse como actor, elementó que lo cautivó y condujo su decisión de radicarse en Colombia, donde vivó varios años antes de regresar a Cuba en el 2000, aunque 10 años más tarde volvió a Bogotá hasta que quiso continuar rumbo a Miami.

“Cuando llegué a Colombia y pude ver que quizás como actor tenía otra proyección estética, que podía probar si realmente lo que había estudiado se adecuaba a otras maneras, decidí quedarme y tuve mucha suerte”, dijo.

Fue en esos rumbos sudamericanos que participó en la tercera temporada de El Capo, serie dirigida por el cubano Lilo Vilaplana, bajo cuya batuta protagonizó el corto La muerte del gato (2014). Pujol también dio vida al director de la Sonora Matancera en Celia (2015), producida por TeleColombia y Telemundo.

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Luchando "Su propia guerra"

Pero su personaje más emblemático sigue siendo “El Tavo”, aun cuando haberlo interpretado le ha impuesto trabas y le ha ganado que algunos lo traten con cierto aire de reserva, según comentó.

Es que ha sido difícil desprenderse de esa imagen que proyecta este personaje, un delincuente que es forzado a convertirse en un policía infiltrado, informante de las autoridades a quien la sociedad cubana apoda de chivato. Y aunque el Tavo simplemente luchaba contra el crimen, el público lo ha asociado con una ideología política que no representa la del actor.

“Hay compañeros míos que me tratan con reserva, y es duro porque son grandes amigos, personas que están en mi vida entre mis afectos. Sin embargo, siempre hay una broma, algo como si yo representara eso, bueno lamentablemente en un momento de la vida lo actué, disfruté actuarlo. El personaje creo que es bueno porque pasa por muchas situaciones, pero yo no soy ese hombre, nunca lo fui”, afirmó.

Tanto peso tuvo este personaje en la televisión cubana que luego de debutar en la serie policiaca Día y Noche, logró protagonismo con Su propia guerra.

Pero de este lado de la orilla el Tavo le ha dejado secuelas.

“A mí me ha traído consecuencias muy serias, aquí en Miami todas, porque representé ese estamento con el que yo no estoy de acuerdo”, enfatizó.

Sobre si su icónico papel le ha cerrado las puertas, contestó: “Todas. No se me han cerrado, sino que nunca se abrieron. Es muy difícil que como actor puedas proyectar otra cosa, porque eso es lo que ven”.

Hoy, con una pizca de nostalgia y mirando hacia el futuro, Pujol se empeña en preservar su ingenuidad, esa con la que ha abrazado cada proyecto que ha iniciado.

“Creo que he sido siempre ingenuo. Me he enfrentado a las cosas con un gran nivel de creencia, me entrego a los proyectos de corazón, como si fuera la primera vez”, revelo.

Otra gran pasión

Asimismo, asegura que retomará su programa de YouTube, La cocina de Pujol, una serie de videos en los que muestras sus dotes culinarias y que, a ocurrencia de su esposa, surgieron espontáneamente cuando se reunían los fines de semana con sus amigos en Bogotá.

“Cuando uno está fuera de Cuba y lleva tanto tiempo sin ver a la familia, los amigos la sustituyen. Teníamos un grupo de conspiración allí en Bogotá, desde luego que siempre éramos los mismos, y por eso le pusimos ‘el Comité Central [órgano de poder en la isla]”, comentó entre risas.

“Y siempre yo cocinaba o cocinaba Lilo Vilaplana o Irasema o mi esposa, aquello era como una tertulia. Y mi esposa que es muy observadora me dijo: ‘Por qué no lo grabas, por qué no tratas de hablar un poco de la comida’. Y yo no tenía idea, y ella me dijo: ‘Claro que podemos, tenemos un celular y lo vamos a filmar. Y así sacamos un grupo de programas que ella produjo’”, agregó.

Luego en Miami intentó continuar bajo la tutela de Vilaplana, pero la súper producción desvirtuaba la imagen que Pujol buscaba proyectar.

La cocina de Pujol es de alguna manera íntimo, un poco sencillo, y se iba la idea. Entonces decidí regresar a mi idea, y tuve la suerte que vino acá la actriz Luisa María Jiménez, la invite e hicimos un programa casi sin ningún recurso, con algunos problemas de audio”, expresó.

También contó que se trataría de un reality show de cocina en el que se pueda hablar sobre cualquier tema alrededor de la mesa.

“Creo que de alguna manera ese programa sería mi tribuna en estos momentos y tengo que hacerlo, tengo varios amigos empeñados en que esto se lleve a cabo, y que les gusta la idea de hablar desprendidamente de cualquier cosa y asociar la comida con la situación, y de eso se trata”, recalcó.

Sobre su faceta culinaria, destacó que la cocina le ha apasionado desde que era pequeño y se sentaba a contemplar a su abuela desempeñándose en la estufa.

“Me llamaba la atención la tranquilidad con la que ella manipulaba aquello. Y yo lo disfrutaba muchísimo, me enseñó a hacer melcocha. Mi abuela se sentaba a las 3 de la tarde y nosotros ahí esperando a ver a quién le daba el primer pedazo. Yo era su preferido”, recordó.

Además de trabajar en sus proyectos, el actor, a quien también le gusta pintar, hoy trabaja en el área de promoción y eventos de la clínica Cano Health, un empeño que realiza –dice- con el mismo entusiasmo de siempre.

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