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Camilo Colmenares revela cómo profesionalizó el mundo del tatuaje en su estudio Ferrigno Ink

La especialidad de Colmenares son los proyectos de gran formato multi-sesión, mangas y espaldas completas que combinan realismo de alta definición con composición surrealista

Por Alexandra Sucre

MIAMI.- La industria del tatuaje contemporánea funciona, en términos generales, con dos modelos. Está el artista vinculado a un estudio, que aporta su técnica a una estructura ajena y accede a la clientela que esa estructura genera. Y está el artista invitado, el guest, que rota por estudios de otras ciudades durante temporadas cortas apoyándose en la red y la agenda del anfitrión. Camilo Colmenares Ferrigno, reconocido tatuador colombiano, operó durante seis años en un tercer modelo, mucho menos frecuente, y este año lo convirtió en empresa.

Ferrigno Ink, el estudio y la marca que el artista colombo-italiano fundó en Montreal en 2024, no es la apertura de un local más. Es la formalización de una operación que ya existía y que Colmenares venía sosteniendo sin infraestructura desde 2016: una práctica internacional autogestionada en la que él controlaba la totalidad de la cadena, desde la captación del cliente hasta la ejecución de la pieza, pasando por la agenda, la logística de viaje y la producción del diseño.

El dato relevante para entender el modelo no es el volumen, aunque el volumen sea considerable. Colmenares ha atendido a más de cinco mil clientes en más de quince ciudades y ocho países, con práctica profesional documentada en Colombia, Panamá, República Dominicana, México, España, Bélgica, Italia y Canadá. El dato relevante es la anticipación: durante años agendó su calendario ciudad por ciudad con meses de antelación, sin agencia, sin representante y sin depender de un estudio anfitrión para llenar sus fechas. En una industria donde la ocupación de agenda suele ser el principal factor de riesgo del artista independiente, ese nivel de demanda anticipada constituye por sí mismo una ventaja competitiva.

Esa capacidad tiene una explicación técnica y una comercial. La técnica es el tipo de trabajo que Colmenares produce. Su especialidad no son las piezas pequeñas de sesión única sino los proyectos de gran formato multi-sesión, mangas y espaldas completas que combinan realismo de alta definición con composición surrealista, cada vez más orientada a temática mitológica y medieval, con criaturas mágicas y fantásticas. Un proyecto de esa naturaleza no se resuelve en una tarde: se planea, se diseña a medida del cuerpo del cliente y se ejecuta a lo largo de varias sesiones distribuidas en el tiempo. El resultado, desde el punto de vista del negocio, es un cliente que no se agota en una transacción, sino que queda vinculado al artista durante meses y, con frecuencia, regresa.

La explicación comercial es anterior y se remonta a 2016, el año en que su trabajo se viralizó. Un tatuaje de un tigre que superó las mil interacciones, cifra poco común entonces, disparó la demanda de realismo y le abrió una clientela geográficamente dispersa que nunca dejó de crecer. Instagram se convirtió desde entonces en su canal de captación, su portafolio y su sistema de agendamiento, un rol que hoy sigue cumpliendo con cerca de ciento cincuenta piezas publicadas en una cuenta profesional verificada.

Su formación explica parte del resto. Colmenares estudió diseño gráfico en Bucaramanga alrededor de 2011 y 2012, en paralelo con el arranque de su carrera profesional como tatuador a finales de ese último año, cuando ingresó a Black Cat 77 con apenas ocho meses de oficio por invitación de uno de los artistas más reconocidos de la ciudad. Ese bagaje en composición y construcción de imagen es el que sostiene hoy su diferenciación frente a artistas puramente técnicos: donde otros trasladan una referencia a la piel, él arma una narrativa. Su trabajo ha sido reconocido, además, en la convención de tatuajes de Neomundo, en Bucaramanga, con el primer lugar en Estilo Libre y el segundo en Color.

La llegada a Canadá en 2022, primero a Toronto, marcó el inicio de una transición deliberada. Durante dos años el artista mantuvo su práctica independiente mientras evaluaba el mercado norteamericano, un entorno regulatorio y competitivo sustancialmente distinto al latinoamericano y al europeo, donde había operado hasta entonces. El traslado a Montreal y la fundación de Ferrigno Ink este año cierran esa transición y abren otra fase.

Lo que cambia con la marca es, sobre todo, el tipo de activo. Hasta ahora, el valor de la operación estaba concentrado en la persona: el nombre del artista, su cuenta, su agenda. Una marca propia permite separar el activo del individuo, construir reputación transferible, ordenar la relación con clientes internacionales bajo una identidad estable y, eventualmente, escalar hacia formatos que no dependan de las horas que Colmenares pase con la máquina en la mano. La dirección artística, la gestión completa del estudio, el agendamiento internacional y el posicionamiento de marca pasan a ser funciones explícitas del negocio, no tareas informales que el artista resuelve entre sesión y sesión.

Ese último punto es el que probablemente defina la siguiente etapa. Entre las áreas de trabajo que Colmenares ha ido incorporando figura la mentoría y la formación técnica de tatuadores emergentes, un terreno que en la industria del tatuaje ha demostrado ser tanto una fuente de ingresos como un mecanismo de consolidación reputacional. Un artista que forma a otros deja de ser solamente un proveedor de servicios y pasa a ocupar una posición de referencia dentro de su campo, que es el punto alto en el que se encuentra la carrera de Camilo en este momento.

La operación, entretanto, sigue siendo profundamente personal. Colmenares se define a sí mismo como un "experto aprendiz", alguien que no termina nunca de estudiar su propio oficio, y la trayectoria respalda la etiqueta: doce años de carrera profesional continua, un estilo que ha mutado del realismo puro al surrealismo narrativo, y una expansión geográfica sostenida que nunca se interrumpió, ni siquiera durante los cambios de país. Ferrigno Ink nace, entonces, no como un punto de partida sino como el nombre que por fin le ponen a algo que llevaba ocho años funcionando. La diferencia es que ahora tiene domicilio y el respaldo de miles de clientes.

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