MIAMI— Hay varios libros que forman parte del estante de los clásicos y que siguen enseñando mucho, generación tras generación. Sin duda, uno de ellos es El profeta, de Khalil Gibrán (Basarri, Líbano, 6 de enero de 1883 — Nueva York, EEUU, 10 de abril de 1931), también conocido por su nombre árabe Yibrán Jalil Yibrán.
"El profeta", un clásico del que siempre se aprende
Próximo a cumplir 100 años, El profeta, del filósofo, pintor y poeta libanés Khalil Gibrán, contiene una hermosa síntesis del saber humano. Escrito en inglés y publicado en 1923, tuvo su primera traducción al castellano por José Guraieb en 1933. Lo podemos encontrar en una edición de Penguin Random House Grupo Editorial.
La historia del libro es bien conocida por muchos. Antes de embarcarse de regreso a su isla natal, tras 12 años en Orfalís, el sabio Almustafá se detiene un rato para dedicar unas palabras a los ciudadanos sobre distintos temas de la vida.
En sus comentarios ante las preguntas de los habitantes de Orfalís, el profeta Almustafá hace un derroche de sabiduría, siempre desde un lenguaje sencillo y con tono poético. El libro cuenta con capítulos breves pero donde se condensan poderosos mensajes sobre temas universales y espirituales como el amor, la belleza, la religión, los hijos y el tiempo.
Como explica Penguin Random House en la nota editorial, “la obra maestra de Kahlil Gibrán es uno de los más queridos clásicos de nuestra época, un repositorio rico en sabiduría y alegría que ha inspirado a generaciones de lectores”.
“Con poesía frugal y bellamente resonante, El profeta ofrece inolvidables palabras de esperanza y consolación sobre los temas del nacimiento, del amor, del matrimonio, de la muerte y de los otros hitos de la vida”, añade.
El profeta, agrega la editorial, “ha sido traducido a más de veinte idiomas y ha dado inspiración a millones de lectores, quienes encuentran en sus palabras la expresión de los más profundos impulsos, la más profunda poesía, del corazón humano”.
Asimismo, en el interior del libro el lector encontrará 12 ilustraciones realizadas por Gibrán, en reproducciones de los dibujos místicos originales del autor, los que han sido comparados en muchas ocasiones con los de William Blake.
El autor de otros títulos como Las alas rotas (1912), Arena y onda (1926) y Jesús, el Hijo del Hombre (1928), nos dejó un libro inmortal, una obra que siempre está aquí y ahora. Basta con leer frases como las siguientes para buscar este tesoro literario, si aún usted no lo tiene en su biblioteca.
“Os han dicho también que la vida es oscuridad, y en medio de vuestro cansancio no hacéis sino repetir, como eco, lo que dijo el hastiado. Mas yo os digo que en verdad la vida es oscuridad cuando no hay actividad ninguna. Que toda actividad es ciega cuando no hay conocimiento. Que todo conocimiento es vano cuando no hay trabajo. Que todo trabajo es vacío cuando no hay amor. Porque cuando trabajáis con amor estás en armonía con vosotros mismos, y con los demás, y con Dios”.
“Y si es a un tirano a quien queréis destronar, cuidad para que el trono que le habéis erigido en vuestro interior sea también destruido. Porque, ¿cómo puede el tirano someter al libre y al altivo, si en su propia libertad no hay tiranía, ni vergüenza en su propio orgullo?”
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