El reguetón se baila y causa discordia incluso donde no hay cantantes
31 de agosto de 2018 - 12:08
Según la plataforma de música streaming Spotify, los colombianos J Balvin, Shakira (visitante del género, aunque no "purista") y Maluma y los puertorriqueños Ozuna y Daddy Yankee formaron el "Top 5" de más escuchados en 2017

LIMA.-El reguetón y los géneros que se le parecen pisan fuerte en toda América Latina y más allá. En discotecas con culturas tan lejanas como la polaca, la checa o la montenegrina forman parte del menú, con letras en español.

En Latinoamérica prácticamente ningún país ha quedado ajeno al ritmo. Ni tampoco a las polémicas que lo rodean y que dividen las redes y las discusiones juveniles en bandos casi irreconciliables.

La estética musical del reguetón genera desacuerdos: lo que para muchos es una alegre, sólida y sensual fusión de dos estilos de extendida aceptación, el reggae y el rap, para otros no pasa ser de "un ruido" comercializado con éxito por expertos en marketing.

Pero el mayor desacuerdo se sitúa en las letras, que para amplios sectores son tan sexistas y misóginas que no han faltado voces conservadoras que clamen por su prohibición.

Las principales estrellas del reguetón provienen de Puerto Rico y más recientemente de Colombia, aunque casi todo país tiene exponentes que no han logrado esa internacionalización y que, peor aún, ni siquiera parecen encontrar sitio en los mercados locales y quedan relegados a interpretar "covers" (versiones) en pequeños locales.

México es un ejemplo. Un país que por décadas exportó música y músicos, que transmitió géneros, que le dio ídolos de diverso estilo al subcontinente y marcó un trazo cultural desde la ranchera hasta la balada, desde Pedro Infante hasta Juan Gabriel, ahora escucha intérpretes ajenos.

Según la plataforma de música streaming Spotify, los colombianos J Balvin, Shakira (visitante del género, aunque no "purista") y Maluma y los puertorriqueños Ozuna y Daddy Yankee formaron el "Top 5" de más escuchados en 2017. Las discotecas fueron el mayor lugar de encuentro con la música de esos divos.

Por temas, "Despacito", de Luis Fonsi y Daddy Yankee; "Felices los cuatro", de Maluma; "Shape of you", de Ed Sheeran; y "Escápate conmigo", de Wisin, dominaron el mercado. Solo un cantante que tampoco es mexicano -el venezolano Danny Ocean-, se filtró en el "Top 5" con "Me rehúso", fusión tropical-caribeña a la que por cierto no le falta su golpe de reguetón.

En 2018 la tendencia es similar, aunque sumando la incursión de Becky G, una estadounidense de abuelos mexicanos que busca competirles a los puertorriqueños y los colombianos en el país de los "charros" que se ufanaban de su nacionalismo.

El cantante pop mexicano Aleks Syntek es uno de los que no oculta su animadversión al ritmo del que llegó a decir que "viene de simios". Como muchos compatriotas suyos, Syntek condena la supuesta misoginia del reguetón y afirma que se entristece de ver a niños bailando como "en una orgía de animalitos".

La referencia del intérprete es al "perreo", baile en que parejas simulan el acto sexual. Para el periodista peruano Anddy Lancaday, experto en el tema, es un error confundir "perreo" y reguetón.

"Algunos despistados comunicadores siguen hablando de 'música perreo', lo que es tan absurdo como decir 'música pogueo'", se queja Landacay, para quien el reguetón "ha sido estereotipado, encasillado y atacado muchas veces desde una visión fragmentada".

El Perú es otro de los países en que un gran sector de la juventud se ha entregado de lleno al reguetón, aunque es imposible saber si son más los que lo quieren que los que lo odian. Porque así como hay quienes veneran a Maluma u Ozuna, también hay muchos que han convertido eso dos nombres en poco menos que insultos.

El Perú no ha logrado internacionalizar a sus reguetoneros. Mario Hart, piloto de autos que se hizo conocido en "reality shows" y que terminó convertido en exponente del ritmo, dice que afuera hay expectación por voces "incas". Pero lo cierto es que no se nota.

Por paradoja, en ese mundo acusado de misoginia, en el Perú son mujeres las que han logrado aparentemente más impacto: Leslie Shaw, que adoptó el ritmo después de que su pasado de modelo causara que nadie la tomara en serio como rockera, no triunfó con discos, pero sí en YouTube, con letras que se pretenden reivindicativas.

Mia Mont, ex baladista que también buscó en el reguetón la huida del anonimato, combate por un lugar, así como Malu Vuitton, ex bailarina de "nightclubs" de Estados Unidos que responde cuando sus congéneres la critican por la poca ropa: "Feminismo es vestirse como uno quiere".

El fenómeno se repite en países como Chile, Costa Rica, Uruguay y Paraguay, donde hay cultores del ritmo pero sin mayor proyección hacia el exterior y en donde se repiten quejas sobre la presunta misoginia de un género del que se dice que sitúa a la mujer en el rol de objeto de placer y sumisión.

Aún así, la uruguaya Agustina Padilla puede llegar a reunir hasta a 20.000 personas en un concierto, mientras que el grupo paraguayo Humbertiko & Urbanos ya logró llevar sus presentaciones a Europa.

En Costa Rica se ha detectado que el gusto por el reguetón desciende a medida que aumenta el nivel cultural del oyente. No es fácil, sin embargo, hallar cifras confiables que confirmen esa lectura.

En un mundo con la mujer cada vez más empoderada y dispuesta a hacer valer derechos -lo que la enfrenta a la reacción conservadora-, el reguetón produce fisuras y enriquece a sus productores. Tal vez sea la vieja sabiduría popular la que tiene la respuesta con aquello de que "de gustos y colores no han escrito los doctores".